viernes, 17 de enero de 2014

Las remesas

Estereotipos sobre emigrantes




Una maleta llena se sueños

La vida al otro lado de la valla



La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA) ha solicitado su adhesión a la campaña "Nº9 --Basta de Violencia en las Fronteras" iniciada por cuatro asociaciones marroquíes (ALECMA [1], GADEM [2], FMAS [3] y AMDH [4]) con el objetivo de denunciar la violación de los derechos humanos en el norte de Marruecos y exigir el fin de la represión sistemática que sufren los migrantes por parte de las autoridades marroquíes y españolas.
La campaña, presentada públicamente a finales del pasado mes de junio, fue emprendida tras una misión llevada a cabo en el monte Gurugú (cerca de Melilla) en marzo de 2013 para documentar las consecuencias de la violencia policial contra los migrantes. Los testimonios recogidos en esta misión están presentados en un impactante documental realizado por Sara Creta, traducido al castellano por APDHA.

PARA APOYAR LA CAMPAÑA, FIRMA AQUÍ:https://secure.avaaz.org/en/petition/...

[1] Asociación Luz de la Inmigración Clandestina en el Magreb
[2] Grupo Antirracista de Acompañamiento y Defensa de los Extranjeros y Migrantes
[3] Foro de Alternativas Marruecos
[4] Asociación Marroquí de Derechos Humanos

La violencia en la frontera


Razias contra inmigrantes en el monte Gurugú

Desde ambos lados de la frontera, numerosas organizaciones y asociaciones denuncian y condenan la ‘caza del inmigrante’ ejercida durante este verano en el norte de Marruecos tras el encuentro de Mohamed VI y Juan Carlos I

Una limpieza étnica que ha dejado 5 muertos (reconocidos), más de 400 heridos y cerca de un millar de deportados, según han denunciado ante la ONU asociaciones como Caminando Fronteras, AMDH, Pateras de la Vida, Gadem, Alecma, Chabaka y ODT, entre otras

Actitud que no ha frenado las entradas a España de inmigrantes subsaharianos, que no ha servido para el mayor desarrollo de los países emisores ni de tránsito, que no ha hecho mejorar la imagen exterior ni el turismo en Marruecos, y que deja en tela de juicio la defensa de los derechos humanos en la Unión Europea y la vulnerabilidad de sus fronteras

Policías marroquíes se disponen a realizar una razia (redada) en el monte Gurugú, al fondo, y la valla de Melilla en primer plano. (Blasco de Avellaneda)
Nada más comenzar a subir el monte Gurugú el olor a madera chamuscada te golpea la pituitaria. Durante el mes de agosto se han producido al menos cuatro incendios considerables en la ladera de este inerte volcán que da a Melilla, además de otros muchos en la cara posterior y los bosques cercanos.
El calor es sofocante desde primera hora de la mañana, el comienzo del ascenso es pedregoso y yermo, y conforme el terreno empieza a ponerse cuesta arriba uno tiene la sensación de que todo el mundo le observa.
Los lugareños que salen al paso parecen en un primer momento estar perfectamente aleccionados por las fuerzas de seguridad y los medios de comunicación marroquíes: tienen claro que el mayor problema en la zona es ‘el negro’. Y si les preguntas por los incendios, aseguran que la culpa no es sino de los negros, que ellos provocan los mismos para huir de la policía y así tener mayores posibilidades de acercarse a la valla de Melilla.
Pero si se conversa largo y tendido con alguno de ellos, al final, todos coinciden en que los inmigrantes pasan muchas penurias, que la policía los machaca a palos y que es raro no ver a diario a alguno malherido deambulando cerca de las carreteras.
A mitad de la subida, poco después del primer mirador, se encuentra la zona que los subsaharianos llaman ‘de paso’ porque era paso obligado para ir de los campamentos de una loma a los de la otra y viceversa. Además, esta gran explanada era utilizada por oenegés y melillenses para hacer reparto de ayuda humanitaria.
Una patrulla marroquí se dirige a los campamentos para comenzar una batida
Una patrulla marroquí se dirige a los campamentos para comenzar una batida
Ahora, y desde el pasado 15 de julio, hay un puesto de vigilancia permanente en el que no falta representación de la gendarmería real, las fuerzas auxiliares e incluso el ejército. Al menos doce hombres tienen controlada la única carretera de acceso al Gurugú. Su misión es servir de campamento base a las rondas de vigilancia por carretera y las redadas que se realizan por las laderas a pie. Además, se ocupan de apuntar las matrículas de todos los coches, miran que nadie haga fotos o tome vídeos y procuran que no lleven comida o enseres a los inmigrantes, ni siquiera las organizaciones encargadas de velar por su salud.
Una patrulla con seis hombres se prepara para subir en todoterreno. Llegarán hasta lo alto del macizo, seguirán camino de Segangan –un poblado cercano a Nador- y volverán de nuevo a la base; una rutina que se repite cada dos horas todos los días.
Si se sigue caminando, a ambos lados del asfalto el suelo comienza a estar extrañamente repleto de piedras, piñas y otros objetos dispuestos de tal forma que hacen sospechar que ha debido producirse más de una batalla campal entre subsaharianos y fuerzas del orden.
Más arriba, escondido tras unos árboles se encuentra Abu Bakr, un joven maliense que lleva casi tres años sobreviviendo en los bosques. Está más delgado que la última vez y se le nota muy cansado. Asegura que no puede más. Que desde mediados de julio las fuerzas de seguridad marroquíes están realizando entre dos y tres razias diarias por todo el monte. Informa de que ningún asentamiento queda ya en pie porque las fuerzas auxiliares llegan y echan de allí a sus moradores a palos. A los que detienen los llevan a la frontera con Argelia o a centros de reclusión. Todas las rústicas tiendas de campaña, las mantas, la comida, los papeles, los juguetes; toda pertenencia es acumulada en pequeños montones y quemada.
Esta represión contra la inmigración irregular en el norte del país se cobró en el mes de marzola vida de Clément, camerunés fallecido en el Gurugú por falta de atención médica tras un intento de entrada en Melilla. En mayo otro subsahariano era hallado sin vida en los bosques tras una fuerte redada policial; ese mismo mes fallecían cinco inmigrantes en la costa de Nador tras zozobrar su embarcación. Nada más comenzar el mes de julio, las organizaciones que trabajan con inmigrantes a ambos lados de la frontera denunciaban la muerte de otros cinco jóvenes en otra incursión brutal de las fuerzas auxiliares en los campamentos.
Estos son los datos que se han hecho públicos, pero instituciones como la Asociación Pro Derechos de la Infancia dicen tener indicios de al menos 17 muertos hasta mediados julio y la sospecha de que pueden ser muchos más. Aunque, la llamada ‘caza al inmigrante’ se recrudecía todavía más tras el comienzo del mes sagrado del Ramadán.
Todo comenzaba 48 horas antes de la visita del Monarca español al reino alauí a mediados de julio pasado, cuando el secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez, hablaba de laespecial atención que merecían las fronteras de Melilla y Ceuta debido a la “fuerte presión migratoria”. Algo para lo que pedía se estrechara la colaboración con Marruecos y se destinaran más medios humanos.
Durante la visita del rey Juan Carlos I, calificada de “histórica”, se habló ya de la inmigración como el principal caso de “cooperación ejemplar” entre ministerios de ambos reinos, debido, según el embajador español en Rabat, Alberto Navarro, a la “espesa malla de intereses compartidos” por los dos países. Uno, España, que no quiere que entren más subsaharianos y otro, Marruecos, que vive principalmente del turismo y de las ayudas que llegan del otro lado del Mediterráneo y que desea acercarse cada día más a Europa. Tanto es así, que tras el encuentro entre monarcas, el presidente de Melilla, Juan José Imbroda, aseveraba que “Marruecos es cada día más un país europeo” y que “acabará dentro dela Unión Europea”, ya que es más “flanco sur de Europa que norte de África”.
Ese mismo día comenzaba la brutal presión policial sobre los subsaharianos en todo el territorio marroquí. Cientos de ellos eran deportados, abandonados en las carreteras o en el desierto. Comenzaban a llegar balsas de juguete a las costas de Cádiz y se disparaban los intentos de salto en el vallado melillense. Los inmigrantes que lograban eludir las redadas se la jugaban ante la desesperación: intentar por todos los medios pisar suelo español lo antes posible era la espada y la posibilidad de perecer a manos de la policía o de inanición en las dunas, la pared.
Entre el 22 y el 26 de julio se producían numerosos intentos de entrada a Melilla. En ellos más de 400 subsaharianos eran expulsados de la nación magrebí, cerca de doscientos resultaban heridos y dos jóvenes perdían la vida, uno a cada lado del vallado.
Ambos gobiernos aseguraban que las muertes se habían producido por causas naturales, “una parada cardiorespiratoria”, afirmaban desde la representación gubernativa en la ciudad autónoma, en un chico de 20 años con fuerzas para saltar una triple alambrada de más de seis metros de altura y que no tenía aparentes problemas de salud.
Más de doscientos heridos fueron atendidos sólo en la última semana de julio a ambos lados de la valla de Melilla
Más de doscientos heridos fueron atendidos sólo en la última semana de julio a ambos lados de la valla de Melilla
La realidad es que, de esos fatídicos días, todavía quedan jóvenes hospitalizados en Oujda, Nador y Rabat. Al menos tres perdieron un ojo, dos de ellos, con toda seguridad, tras impactar en sus rostros pelotas de goma antidisturbios. Otros tres han necesitado operaciones de columna debido a rotura de vértebras, desplazamiento o aplastamiento de las mismas. Dos han tenido que ser intervenidos con graves fracturas en la mandíbula y decenas presentaban huesos quebrados o fisurados, principalmente en brazos y piernas, debido a fuertes contusiones con bolas, palos, bastones y fusiles.
En este contexto, el jefe del Mando de Operaciones dela Guardia Civil, el teniente general Pablo Martín Alonso, en su visita a Melilla, daba las gracias a Marruecos por su “inestimable colaboración” en la protección del vallado; mientras que el secretario de Estado de Seguridad pedía “prudencia” a los agentes ante la desmesurada “violencia” con la que parecían actuar aquellas personas que se juegan la vida en un salto con el único propósito de no morir de hambre al otro lado.
Los pocos inmigrantes que se encuentran todavía en el monte –en su mayoría cameruneses y malienses- tienen un perfil muy definido: son hombres, jóvenes, fuertes, aunque se muestran agotados y malnutridos, y conocen bien la zona porque llevan mucho tiempo allí intentando entrar a Melilla.
Algunos, como Badi, lo han conseguido hasta en cuatro ocasiones, pero relata cómo en todas ellas agentes del Instituto Armado le apresaron y lo expulsaron a Marruecos por una de las numerosas puertas de la alambrada.
Muestra clara de las hogueras que las fuerzas auxiliares hacen con los enseres de los inmigrantes
Muestra clara de las hogueras que las fuerzas auxiliares hacen con los enseres de los inmigrantes
La Delegación del Gobierno en Melilla hablaba de que más de 10.000 subsaharianos esperan su oportunidad para entrar en las ciudades autónomas españolas, pero las organizaciones que trabajan con ellos en Marruecos aseguran que habrá unos 6.000 repartidos por todo el reino, que no todos tienen la intención de emigrar a España y que los que buscan conseguirlo no sólo lo intentan accediendo por Ceuta y Melilla, por lo que el número real sería mucho menor.
La mayoría de los que se localizaban en los bosques del Gurugú y no han sido heridos gravemente, asesinados o deportados, han huido a ciudades cercanas más seguras como Driuch, Taourirt o Guercif; otros han optado por bajar más al sur y refugiarse en la periferia de grandes urbes, como Rabat o Meknés, con más posibilidades de encontrar compañeros, refugio y comida; y los menos han vuelto a sus países de origen frustrados por tanto abuso.
Ibrahima, natural de Camerún, muestra los restos de las hogueras que los mkhaznis –miembros de las fuerzas auxiliares- hicieron hace unos días con sus enseres. Es casi mediodía y entre la espesura de los árboles se deja entrever un helicóptero que sobrevuela la zona. Es de color blanco, parece militar, pero no tiene ningún distintivo: ni escudo, ni siglas, ni números; nada. Es un helicóptero pirata. No es el único, los subsaharianos cuentan que hay otro de color caqui que también se desliza por encima de sus cabezas durante el día y que tampoco tiene inscripción alguna, pero aseguran que pertenece al ejército de Marruecos.
Uno de los helicópteros pirata que vigila a los subsaharianos
Uno de los helicópteros pirata que vigila a los subsaharianos
Sobrevuela lo que queda de los diezmados campamentos, al parecer, como medida disuasoria e intimidatoria, pero ya casi nadie permanece aquí. Además, la gran densidad forestal y el ensordecedor ruido que emiten las miles de chicharras y cigarrones apenas dejan ver ni oír este tipo de aparatos a pesar de estar a pocos metros de altura.
Ya en la cima de la montaña se encuentra otro control policial antes de coger la carretera rumbo a Segangan y Beni Sidel donde hasta este verano se levantaban pequeños asentamientos de subsaharianos. No queda ninguno, ya nadie mora allí. Los pocos supervivientes de las redadas han ido hacia los llamados ‘campamentos familiares’ que se extienden por la cadena de cerros boscosos entre Taouima y Selouan, más al suroeste, y en donde suelen refugiarse las mujeres y los niños.
Es difícil llegar, están muy escondidos y el camino hasta ellos es duro. Esto ha permitido que todavía se cobijen allí algo más de medio centenar de subsaharianos que van saliendo poco a poco de sus escondites cuando notan que la nueva presencia es amiga.
Una de las montañas de juguetes, comida y ropa quemadas en los campamentos familiares
Una de las montañas de juguetes, comida y ropa quemadas en los campamentos familiares
Es increíble ver cómo en el suelo van apareciendo montones de juguetes, ropas y comida quemadas. Decenas de restos de fogatas en las que los mkhaznis han ido carbonizando ensucesivas razias los escasos bienes materiales y alimentos que esta pobre gente pudiera haber acumulado.
Empieza a caer la tarde cuando aparece una docena de patrullas de las fuerzas auxiliares y comienzan con prisas a gritar, avasallar, tirar las ropas, cortar las cuerdas. A pillado a todo el campamento por sorpresa, las mujeres que jugaban con los niños no han tenido tiempo ni de incorporarse y nadie ha podido hacer acopio de sus pertenencias. Se viven momentos de mucha tensión: llantos, gritos, crispación, resignación. Cuanto hay, las fuerzas lo destrozan a su paso. Persiguen a todo el que se mueve, bastón en mano, y apresan a los más lentos. En total, ocho mujeres, cuatro de ellas embarazadas, y tres niños pequeños. Los hombres han logrado escapar.
Se los llevan en un autobús, custodiado por gendarmes y guiado por dos patrullas, a un centro de detención de inmigrantes en Berkane, a medio camino entre Melilla y Argelia. Este antiguo orfanato, sin condiciones de salubridad ni seguridad para vivir, es uno de las tres instalaciones que las autoridades alauíes han comenzado a utilizar en este periodo estival para retener a inmigrantes subsaharianos, normalmente de forma aleatoria, aunque en su mayoría son mujeres, niños y hombres muy jóvenes. Los otros dos centros se encuentran en las localidades de Zaio y Jerada, todos ellos en la región oriental de Marruecos.
La Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH) los ha calificado de centros de confinamiento y cárceles encubiertas, algo que desmienten las autoridades de país. Lo cierto es que si logras demostrar que perteneces a una asociación de ayuda a los inmigrantes puedes entrar sin problemas, eso sí, siempre que no tires fotos ni hagas vídeos; que les facilites tu nombre completo, tu número de teléfono y tu número de pasaporte; y, por supuesto, que confíen en ti tras un pequeño interrogatorio rutinario.
De regreso al Gurugú, se vuelve a ver una columna de humo que sale de la zona de los campamentos. Se oyen gritos y disparos. Mohamed, un chico del poblado a los pies del monte, informa de que los cameruneses, a los que él conoce, han huido y que hay al menos medio centenar de mkhaznis peinando la ladera. Algo más arriba han hecho un fuego grande y andan quemando los exiguos enseres que hayan podido encontrar.
Ya ha caído la noche. Un retén de casi una veintena de patrullas de las fuerzas auxiliares, que se pasa el día apostado en Farkhana –poblado fronterizo con Melilla-, comienza a desplegarse por las carreteras que circundan el vallado fronterizo del lado marroquí. En la otra parte, el perímetro comienza a reforzarse con varias patrullas de los Grupos de Reserva y Seguridad (GRS) dela Guardia Civil venidos desde distintos puntos dela Península. De nuevo se oye un helicóptero, es español, del Instituto Armado. Vuela por encima del contorno fronterizo alumbrando con un potente foco que te ciega a su paso.
Esto es todo lo que queda de los asentamientos de Selouan
Esto es todo lo que queda de los asentamientos de Selouan
No hay un momento de descanso para las fuerzas de seguridad ni para los inmigrantes. El norte de Marruecos se ha convertido en un campo de batalla en donde todos los medios disponibles son pocos para limpiar de subsaharianos no sólo los bosques sino también las ciudades, como en Tánger, donde la policía marroquí invade las casas donde habitan subsaharianos para deportarles sin mediar palabra. Allí un joven profesor congoleño con residencia legal en el país fue arrestado e introducido en una furgoneta policial de la que luego fue arrojado de cabeza a la calzada. Alexis Toussaint, que así se llamaba, fallecía días después en el hospital tangerino Mohamed V.
Tina, marfileña menor de edad, denunció que fue apresada días después y violada entre cinco agentes de la ley. Ismaila, estudiante senegalés, fue asesinado en Rabat el pasado 12 de agosto únicamente por ser negro en un autobús. Ellos son las víctimas conocidas y reconocidas en una ofensiva brutal sin precedentes por parte de las fuerzas marroquíes para la limpieza étnica de un territorio, el Rif, que desde el Gobierno y la casa real alauí han tenido olvidado durante décadas, y en defensa de unas fronteras, las de Ceuta y Melilla, que ellos mismos no reconocen.
Esta tensa situación ha propiciado que durante el mes de agosto más de trescientos inmigrantes hayan cruzado el Estrecho utilizando para ello hasta balsas hinchables de juguete, escapandode una muerte o deportación seguras en la mayoría de los casos.
Desde ambos lados de la frontera, numerosas organizaciones y asociaciones denuncian y condenan la ‘caza al inmigrante’ que se ha producido durante este verano.La Confederación General del Trabajo (CGT) cree necesario no olvidar que “los auténticos responsables de estos crímenes” no son otros que “la Unión Europea y el gobierno de España que firman acuerdos sobre inmigración con Marruecos para que con cuantiosas ayudas económicas hagan el trabajo sucio”.
No somos criminales, dice un subsahariano con miedo, sólo pobres viajeros
No somos criminales, dice un subsahariano con miedo, sólo pobres viajeros
La AMDH condena severamente los actos racistas producidos por la “violencia institucional” en el país, así como las políticas euro-marroquíes que tratan a los subsaharianos como “delincuentes” y “rehenes” sin contar con “los intereses y los derechos de las personas”.
Todos coinciden en que desde hace meses, la política de inmigración coordinada entre ambos estados, está conllevando un creciente abuso de los derechos humanos fundamentales a través de una violencia explícita y extrema. Una actitud que no ha frenado las entradas a España de inmigrantes subsaharianos, que no ha servido para el mayor desarrollo de los países emisores ni de tránsito, que no ha hecho mejorar la imagen exterior ni el turismo en Marruecos, y que deja en tela de juicio la defensa de los derechos humanos en la Unión Europea y la vulnerabilidad de sus fronteras.

´El ser humano está hecho para emigrar, es un derecho inalienable´

´El ser humano está hecho para emigrar, es un derecho inalienable´

Su afán por tender puentes entre España y Marruecos llevó a este hispanista profesor de la Universidad de Agadir a realizar un ensayo sobre la obra de Concha López Sarasúa

 09:50   
´El ser humano está hecho para emigrar, es un derecho inalienable´
´El ser humano está hecho para emigrar, es un derecho inalienable´ 

Su afán por tender puentes entre España y Marruecos llevó a este hispanista profesor de la Universidad de Agadir a realizar un ensayo sobre la obra de Concha López Sarasúa, que hoy presenta en 80 Mundos de Alicante. Abrighach está convencido de que el entendimiento es posible.

¿Por qué un análisis de la obra de López Sarasúa, afincada en Alicante?
Entra dentro de mi trabajo, que es estudiar todo lo que se escribe sobre Marruecos y, habida cuenta de que su obra es muy especial porque tiene una visión muy específica de lo marroquí, decidí dedicarle un volumen para destacar cómo escribe, cómo describe Marruecos y cómo defiende la pluralidad, la diversidad y el contacto entre lenguas, para tender puentes.
¿Qué aporta la obra de esta autora a la interculturalidad entre ambos pueblos?
Tiene una visión muy especial de Marruecos, porque escribe como si fuera una escritora marroquí. Se mete dentro y describe las fibras sensibles del corazón y la realidad marroquí con afectividad, con acierto y con mucha inteligencia. Por otra, intenta tender puentes interculturales entre ambos pueblos y por extensión entre Europa y Norte de África, e islam y occidente.
¿Cuál cree que es el papel de la creación literaria para eliminar fronteras?
La literatura no es un arma, no está hecha para cambiar la realidad, pero sí para describir esa realidad con el fin de sensibilizar a la gente y crear una forma distinta de ver la vida. La literatura puede ser un espacio a través del cual se pueden juntar culturas y no separarlas. Es el espacio de la utopía y tiene que jugar el papel de aspirar a lo mejor y no contentarse con lo que hay.
La riqueza de la cultura árabe ha estado presente en los cuentos que todos hemos leído de niños. ¿El problema es que se nos olvida cuando crecemos?
La lectura influye indirectamente en la gente. Sobre todo en la literatura infantil. Pueden tener funciones pedagógicas. Lo que pasa es que cuando nos hacemos mayores entran otras influencias, como la ideología, la religión...
¿Qué falla en el acercamiento entre España y Marruecos?
Tan cerca y tan lejos. Somos países distintos en términos de cultura, de idioma y también de religión. Pero en general hay unos rasgos comunes sobre los que hay que trabajar para hacer que haya más unión. Hay que hacer esfuerzos por ambas partes para resaltar lo que nos une y dejar los contenciosos aparte. Habría que explotar esa historia común para el bien de todos.
¿Cree que España es un país injusto con los inmigrantes?
El tema de la inmigración ha sido siempre problemático en todos los países. Y la forma de gestionarla ha sido difícil en todas partes. Hay factores étnicos, económicos, políticos. Se requiere una gran voluntad por parte de las autoridades para que la política migratoria sea más justa. Entre españoles y marroquíes siempre ha creado conflicto, pero últimamente está cambiando la cosa porque parece que hasta el propio Marruecos se está volviendo un país de inmigrantes y está teniendo problemas para gestionar esa avalancha de inmigrante subsaharianos que están llegando. Además el ser humano está hecho para emigrar. Se emigra por razones antropológicas, sentimentales, de búsqueda de libertad individual... forma parte del ser humano. Es un derecho inalienable del hombre así que habría que intentar buscarle salidas.
¿Qué haría falta para alcanzar esas orillas de las que habla en su libro?
Entenderse, entenderse y entenderse. Evitar los elementos que separan. Y luego ir afinando semejanzas, compartir memoria y abrir puertas de futuro.
¿Qué piensa de la polémica surgida en España sobre el uso del velo?
El problema del velo no es solo aquí, también en Marruecos hay un debate social. Entra dentro de la conciencia individual de cada persona. En el contexto español es diferente porque el Islam tiene mala fama desde el 11-S y hay una especie de recelo y desconfianza. Yo no soy partidario del velo, pero a lo mejor esa niña a la que se le prohíbe ir al cole con él, se lo hubiera quitado en el futuro. Ahora probablemente nunca lo haga.

ONG contra la valla

Amnistía alerta de que las cuchillas en la verja de Melilla violan los derechos humanos

  • En 2007 el Gobierno retiró las llamadas concertinas, un alambre con cuchillas, por las heridas que causaban en los inmigrantes
  • “Se trata de un retroceso en materia de derechos de los inmigrantes”, denuncia Amnistía Internacional
  • “Es un derecho de Estado protegerse, pero no poner en riesgo la vida de las personas”, han señalado diferentes ONG
Diferentes ONG han condenado, en declaraciones a infoLibre, la instalación de cuchillas en las verjas que separan Melilla y Marruecos. En 2007 las llamadas concertinas, alambres entremezclados con cuchillas, fueron retiradas por los cortes y heridas que causaban en los inmigrantes al tratar de cruzar la frontera. Seis años después el Ministerio del Interior vuelve a recurrir a este sistema de seguridad transfronteriza.

“Se trata de un retroceso en materia de derechos de los inmigrantes”, ha denunciado el director de Amnistía Internacional en España, Esteban Beltrán. “En 2006 Amnistía advirtió de los peligros que este sistema de seguridad suponía para la vida de los inmigrantes. Muchos de ellos se hirieron tratando de saltar la valla”, ha explicado. El Gobierno de Rodríguez Zapatero retiró las concertinas tras demostrarse que causaban lesiones en los inmigrantes. Una vez retiradas fueron sustituidas por una tercera valla.

“Se está haciendo especial énfasis en la política de seguridad de la Unión Europea, más que en la protección de los derechos humanos de los inmigrantes”, ha explicado el portavoz de Amnistía Internacional. “En la isla de Lampedusa y en Marruecos está ocurriendo algo similar: se antepone el derecho de un Estado a protegerse a la vida de los inmigrantes”, ha denunciado Beltrán. 

La reinstalación del antiguo sistema de seguridad “no va a disuadir a los inmigrantes de cruzar la frontera, va a provocar daños físicos en muchas personas”, advierten desde Amnistía. “La instalación de cuchillas en las vallas transfronterizas, con el objetivo de disuadir a los inmigrantes, constituye una enorme preocupación para nosotros”, ha declarado Beltrán. El portavoz ha calificado la medida del ejecutivo como“un paso atrás en políticas de inmigración”

La organización SOS Racismo señala como “lamentable” el proyecto del Ministerio del Interior. “Desde nuestro punto de vista este tipo de medidas no deberían ser legales. Está fuera de toda ética y moral”, ha expresado Lluc Sánchez, portavoz de la ONG.

Tanto Amnistía Internacional como SOS Racismo han denunciado que la instalación de concertinas en Melilla viola los derechos humanos y pone en peligro la vida de miles de personas“Es un derecho de Estado protegerse, pero no poner en riesgo la vida de los inmigrantes”, han señalado.

ONG contra la valla


España refuerza la valla de Melilla con protesta de las ONG

01/11/13 21:43 CET
España volverá a colocar en la parte superior de las vallas de Melilla las llamadas concertinas, alambre con cuchillas que produce severos cortes en los inmigrantes que tratan de saltarla.
Fue retirado en 2007. A cambio se instaló una tercera valla entre las dos existentes. Las ONG han denunciado la vuelta a este sistema que produce graves lesiones.

Las ONG culpan a las cuchillas de la valla de Melilla de la muerte de un inmigrante

Médicos y cooperantes del hospital Hassani, de Nador, confirman que los cortes de manos y brazos de al menos uno de los jóvenes atendidos habían sido producidos por la concertina
Los 40 detenidos por la policía marroquí fueron deportados a Argelia, donde suelen ser abandonados a su suerte en zonas casi desérticas entre Oujda y Jerada
Durante la mañana de este martes, llegaban al Hospital Provincial Hassani de Nador, los primeros heridos tras el salto de un grupo de 150 personas a la valla de Melilla que tenía lugar de madrugada. Médicos y cooperantes confirmaban que los cortes de consideración en manos y brazos de al menos uno de los cuatro jóvenes atendidos de urgencia habían sido producidos por las cuchillas de las concertinas colocadas en superficie en la parte exterior del vallado fronterizo.
Del mismo modo, las organizaciones que trabajan con inmigrantes a ambos lados de la frontera hispanomarroquí sospechan que el chico que murió durante el salto tras descolgarse de la valla y caer de una altura de seis metros, según informa la agencia marroquí MAP, pudo haberse cortado de gravedad al desplomarse sobre estas mismas púas afiladas que cubren toda la superficie de la zona donde tuvo lugar el intento de entrada a Melilla.
La delegación del Gobierno en Melilla asegura que los inmigrantes saltaron por una zona donde todavía no se ha colocado la concertina barbada rematando la alambrada, aunque sí había puesta una muralla de alambre de cuchillas desde el suelo hasta casi los dos metros de altura en la zona marroquí.

40 subsaharianos, deportados

Poco después de las cinco de la mañana, un grupo de poco más de 150 subsaharianos –todos ellos varones de entre 16 y 32 años, en su mayoría procedentes de Malí– intentaba entrar a Melilla superando la triple alambrada metálica de más de seis metros de altura que separa Marruecos de su sueño europeo.
Tras caminar agazapados desde los campamentos del monte Gurugú durante ocho horas, algo más de un centenar conseguía pisar suelo español. Al menos cuatro quedaban heridos de consideración y uno de ellos moría en el intento. Prácticamente el resto, concretamente 40, eran capturados por las fuerzas auxiliares marroquíes y trasladados a la comisaría general de Nador. Allí permanecieron varias horas mientras eran identificados, desposeídos de todos sus bienes e interrogados por la gendarmería magrebí.
 Los heridos en el salto van dejando un reguero de sangre. / J. Blasco de Avellaneda
Los heridos en el salto van dejando un reguero de sangre. / J. Blasco de Avellaneda
Finalmente, fueron deportados a Argelia, donde suelen ser abandonados a su suerte en zonas prácticamente desérticas entre Oujda y Jerada.

Huían del fuego y las razias

Según relatan algunos inmigrantes, el salto colectivo estuvo propiciado por la fuerte redada que tenía lugar en el monte Gurugú al caer la noche. Un gran número de militares y policías –al menos una veintena de patrullas, según testigos– peinaban las laderas del inactivo volcán destrozando todo lo que encontraban a su paso.
Algunos incluso creen que fueron las fuerzas auxiliares las que intentando quemar algunos de los campamentos de inmigrantes terminaron favoreciendo un indomable fuego que, debido a los fuertes vientos, todavía sigue sin estar controlado y está arrasando gran parte de la zona superior de este parque forestal.
Estas violentas incursiones militares y policiales no son algo esporádico. Desde que el pasado 15 de febrero un grupo de más de 500 inmigrantes se acercó a Melilla para intentar acceder a ella se vienen sucediendo con bastante asiduidad.
http://www.eldiario.es/desalambre/Medicos-cooperantes-Marruecos-sostienen-cuchillas_0_193880695.html

Más de medio centenar de inmigrantes entran en Melilla tras un asalto masivo a la valla

RTVE.es / AGENCIAS 15.01.2014
Al menos 60 inmigrantes subsaharianos han logrado entrar este miércoles de madrugada en Melilla en unasalto a la valla fronteriza que separa la ciudad autónoma de Marruecos, según fuentes policiales.
El asalto, protagonizado por entre 120 y 150 personas, se ha producido alrededor de las 7:00 de la mañana en la zona norte del vallado, próxima a Rostrogordo, según fuentes de la delegación del Gobierno.
El número exacto de inmigrantes que han logrado su objetivo, como sucede en estos casos, no se conocerá hasta dentro unas horas, una vez todos sean registrados en la Jefatura Superior de Policía y acogidos en el Centro de Estancia Temporal (CETI).
La Guardia Civil ha logrado desalojar una edifico en Melilla donde se habían atrincherado 25 inmigrantes de los que han logrado acceder a la ciudad española.

De los 25 inmigrantes, la mayoría llegó hasta la azotea del edificio y ahí se negaron a abandonarlo para sorpresa de los vecinos de este inmueble, hasta el punto que se situaron en los bordes de la misma, para evitar la acción de la Guardia Civil. 

Sin embargo,antes del mediodía todos fueron abandonando el portal una vez que se les aseguró que se les llevaría  al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI). 

El Gobierno habla de "actitud violenta"

Los inmigrantes subsaharianos han mostrado una actitud "bastante violenta" al acceder a la ciudad autónoma, enfrentándose a los agentes que custodiaban el perímetro con piedras y palos.
En declaraciones a los periodistas, el delegado del Gobierno en Melilla, Abdelmalik El Barkani, ha recalcado "no han sido violentos en las casas -donde algunos inmigrantes se han refugiado tras entrar a la ciudad- pero sí en la valla".
Nada más saltar la valla, los inmigrantes han salido corriendo en varias direcciones hacia el interior de la ciudad y algunos han conseguido entrar en portales y azoteas de algunas viviendas.
Por el momento, se han contabilizado siete heridos, tres de ellos guardias civiles, que presentan lesiones leves, mientras que los inmigrantes atendidos tienen heridas en las manos y contusiones por la caída desde el vallado.

Otro intento de asalto por parte de 300 inmigrantes

El delegado de Gobierno ha señalado que la madrugada de este miércoles en la ciudad ha sido "algo movida", ya que se han producido varios intentos masivos de entrada.
Además de este asalto registrado a las 07.00 horas, se ha detectado una aproximación sobre las 02.30 horas de otro grupo de unas 300 personas, pero que se ha quedado a unos 150 metros de la valla.
Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, junto con la policía local, participan en un amplio dispositivo de seguridad para localizarlos, reforzado desde el aire con un helicóptero del instituto armado.

Se disparan las cifras del CETI, al doble de su capacidad

Esta nueva entrada masiva de inmigrantes, sumada a la patera que arribó este martes a la ciudad con 33 subsaharianos, dispara nuevamente las cifras del CETI, que alberga a más de 900 personas, el doble de su capacidad.
Hace unos días, la saturación que padece el centro desde hace unos meses se había aliviado con la salida de 120 inmigrantes a la península, pero el número se ha vuelto a disparar.
El Barkani ha confirmado que esta semana habrá un nuevo traslado de inmigrantes a la península, unos a centros de internamiento para su expulsión y otros a centros de acogida gestionados por ONG.
Según el delegado, todas las semanas se intentará que haya este tipo de traslados para que el CETI sea realmente un centro de estancia temporal y no prolongada.

Las valla en Melilla sigue rasgando


Las concertinas o cuchillas que colocó en la valla de Melilla el gobierno español ya han probado su eficacia. Unos 150 subsaharianos han intentado entrar en España en la madrugada de este miércoles, lo han conseguido alrededor de 60 y un buen número de ellos ha sufrido heridas de consideración. Tres de ellos han tenido que ser hospitalizados. No se tiene constancia segura de que no haya más inmigrantes escondidos por la ciudad, ni por supuesto de su estado. Tampoco de cómo están los que no lograron saltar la valla.
Aquí una información de primer momento de RTVE en la que aún no coinciden todos los datos. Sí se puede ver -en el vídeo- el dolor y el nerviosismo de los heridos.
El gobierno español ha probado la eficacia de las cuchillas, eso es obvio. La que tienen: herir. Deben mostrársela al señor que según Obama hace gala de su liderazgo en España, Mariano Rajoy. Dado que no sabía si las cuchillas cortan o no, aquí puede ver que sí.