martes, 3 de septiembre de 2019

Sáhara

DOCUMENTAL «SAHARAUIS, ENTRE LA OCUPACIÓN Y EL EXILIO»

Recientemente se ha colgado en YouTube Saharauis, entre la ocupación y el exilio, un documental que fue realizado y producido por Al-Haima y Anou Audivisuals en 2010 y que, desde una perspectiva cronológica, explica los orígenes y las principales claves del conflicto del Sahara Occidental, sobre todo desde que España entregó el territorio a Marruecos y Mauritania a finales de 1975.

Saharauis, entre la ocupación y el exilio muestra la lucha del pueblo saharaui por su libertad y por la supervivencia de una sociedad y una cultura que han logrado mantenerse tanto en el territorio ocupado como en los campamentos de refugiados de Tinduf (Argelia).
Para ello, el documental se basa en entrevistas a diferentes protagonistas del conflicto, como son Mohamed Abdelaziz, Brahim Gali y Aminetu Haidar, entre otros, dando voz de esta manera tanto a refugiados de los campamentos de Tinduf como a nómadas de los Territorios Liberados y a otros activistas del Sahara ocupado.
Como hemos apuntado, el documental se terminó de editar en 2010, y por esta razón no entraron los acontecimientos de Gdeim Izik ni, por supuesto, todo lo que ha venido después. Pero las características del conflicto y la situación empantanada en la que se encuentra hacen que el documental mantenga plena vigencia aún hoy, cuando pronto se van a cumplir 44 años de aquella invasión militar que significó la Marcha Verde.
Aquí tenéis el vídeo completo del documental en YouTube:


domingo, 1 de septiembre de 2019

Claves para enfrentarse al mundo de hoy

Menores en la frontera

Los niños que España no quiere

El desafío de acoger a 12.500 menores inmigrantes lleva al PP y al Gobierno a apostar por su repatriación

Ibrahim perdió a sus padres cuando era un niño y se marchó solo de Guinea.
Ibrahim perdió a sus padres cuando era un niño y se marchó solo de Guinea. JAIME VILLANUEVA
El PP acaba de presentar en el Congreso un “plan de choque” para agilizar y priorizar la repatriación de los niños inmigrantes porque “donde mejor están es con sus familias”. La llegada en 2018 de unos 6.000 menores ha expuesto los fallos de los sistemas de protección de las comunidades autónomas y ha revelado, en muchos casos, que a políticos y vecinos les incomoda su presencia.
El Gobierno ha repartido entre comunidades 40 millones de euros para compensar la acogida de cerca de 12.500 niños inmigrantes que se calcula que viven en España, pero no hay noticias todavía del plan que anunció para mejorar su atención y trabajar en su inclusión. Sí han surgido iniciativas para devolverlos por donde han venido. No tan alejado de la fórmula del PP, el Ejecutivo socialista también quiere repatriar a los niños y negocia con Marruecos el retorno concertado de sus menores. "Hay líneas rojas que ningún político debe pasar como plantearse repatriar a niñas que escapan de matrimonios forzosos, niños que huyen de situaciones de extrema pobreza, violencia o imposibilidad de forjarse un futuro con un mínimo de dignidad”, defiende Lourdes Reyzábal, presidenta de Fundación Raíces, una organización que lleva 20 años trabajando con menores de edad en riesgo de exclusión.
Algunos de estos niños, ajenos a estrategias políticas y con nombres ficticios, advierten de que, si de ellos depende, no van a volver. “Escucharlos se hace indispensable si queremos que primen las políticas de protección a la infancia frente al control de nuestras fronteras”, advierte Reyzábal.
“Los niños marroquíes no tenemos miedo a nada”. Anass es uno de los niños marroquíes que duerme en los alrededores de la Puerta del Sol de Madrid. Coge los cartones que dejan en la calle los comercios y se abriga con una chaqueta sin cremallera. A sus 14 años se escapó del centro de menores. “Allí me pegan. No pienso volver”, desafía. Hace más de un año que Anass salió de su casa sin avisar y con apenas un paquete de tabaco en el bolsillo. “Quería hacer otra vida, tener papeles, conseguir un trabajo”, cuenta tiritando. Sus amigos, que ayudan en la traducción, asienten. “En Marruecos. Aunque estudies, no tienes trabajo”, aseguran. Anass dejó de ir al colegio a los 12 años y se convirtió en un niño rebelde. Escondido en los bajos de un autobús llegó a Ceuta y, dos días más tarde, a Algeciras, cuenta con naturalidad. “Los niños marroquíes no tenemos miedo de nada”.
“Siempre pienso que no me van a querer”. A Arcange le encantan las novelas románticas. Le fascinan sus finales felices y la mujer como princesa. Pero su versión de una historia de amor, la que le obligó a huir de Camerún, nunca aparecería en sus libros. Tiene 16 y hace dos sus padres le dijeron que se casaría con un señor mayor. La imposición, que se sumaba a otros problemas graves en casa, la rompió en dos.
—¿Por qué crees que no puedes tener un romance de cuento?
—Siempre pienso que no me van a querer.
Arcange, que aún aparenta ser una niña, huyó de su casa gracias a su madrina. Pasó un año escondida en Camerún y en agosto de 2017 tomó un avión hasta el aeropuerto madrileño. Viajaba con un pasaporte falso de mayor edad para que la dejasen viajar sin la autorización de sus padres. Nada más desembarcar se acercó a los policías: “No tengo adonde ir”. Ese día durmió en el aeropuerto. Arcange fue identificada como menor y posible víctima de trata, aunque ella no sabe qué significa eso. Su drama, del que se recupera con una psicóloga, era otro. “Aún siento miedo, pero aquí creo que no va a pasarme lo que viví en mi país”, mantiene.
La camerunesa Arcange huyó de un matrimonio forzoso.
La camerunesa Arcange huyó de un matrimonio forzoso. JAIME VILLANUEVA
El sistema convirtió a Arcange en adulta. Tras someterse a las pruebas forenses para determinar su edad, criticadas por su amplio margen de error, un forense y un fiscal determinaron que tenía 18 años. Dejó de ser una niña protegida. “Mañana te vas de aquí”, le dijeron en el centro donde estaba acogida. “Lloré mucho”, recuerda.
Arcange, que se ha visto obligada a solicitar asilo como adulta y desde entonces vive con mujeres mucho mayores que ella, estudia su segundo año de informática y prepara el graduado escolar. Sueña con ir a la universidad y convertirse en una economista de prestigio, pero tuerce el gesto y asegura que nunca lo conseguirá: “Es un sueño muy difícil”.
“Nunca hice cosas de niño”. Las calles del barrio de Mustafá, en la frontera marroquí con Ceuta, se vaciaban de chicos de su edad. Sus amigos ya habían partido en busca de una nueva vida y él no quería hacerse mayor allí. “En mi familia éramos cinco, no teníamos habitaciones y dormíamos todos en el salón”, cuenta. “Nunca hice cosas de niño. Dejé de ir al colegio a los diez años. Vendía ropa en la calle”.
Al cumplir 14 años, Mustafá avisó a su madre de que se iba. Esta miró al cielo y empezó a llorar. “Me dijo que no lo hiciese, pero esa noche ya no dormí en casa”. Pocos días después ya se había colado por la frontera de Ceuta, donde pasó dos años entre un centro de menores y la calle. Recuerda aquella época como una pesadilla, acosado por las mafias que querían obligarlo a vender droga. “Me pegaron mucho”.
Tras un mes intentándolo, se enganchó a los bajos de un camión, llegó a Algeciras y en una semana estaba en un autobús a Madrid, donde aterrizó en el centro de recepción del barrio de Hortaleza, expuesto por el hacinamiento y del que muchos jóvenes prefieren huir. “Siempre me sentí tratado como un perro”, se queja él, que relata maltrato físico y psicológico por parte de los vigilantes. La Comunidad de Madrid afirma que desconoce casos de agresiones recientes, mientras Fundación Raíces asegura haber interpuesto ocho denuncias de varios niños.
Mustafá ha pasado buena parte de su estancia en España durmiendo en la calle.
Mustafá ha pasado buena parte de su estancia en España durmiendo en la calle. JAIME VILLANUEVA
En diciembre, Mustafá, tras varios meses durmiendo en la calle, cumplió 18 años en un centro para menores infractores por un robo con intimidación que asegura que no cometió y que aún debe juzgarse. Durante los años que ha estado tutelado, no ha recibido más que un curso de pescadería. Su sueño es, algún día, poder enviar dinero a su familia.
“Me he hecho mayor en este viaje”. Ibrahim perdió a su madre en un accidente con solo dos años y a su padre, enfermo, cuatro años después. No recuerda su vida en familia, en el interior de Guinea. “Me siento muy solo”, lamenta. El chico dejó la escuela por falta de recursos con siete años y con 13 decidió partir sin decírselo nadie. Atravesó Malí en un camión y llegó a Argelia, donde trabajó como obrero durante un año. Dice que no era un esclavo, pero dormía en la obra y sus jefes le robaban el salario. “A nosotros, los negros, no sé por qué, nos trataban mal”.
Ibrahim llegó a España a través de Melilla en 2016 y fingió ser mayor de edad; nadie lo puso en duda a pesar de su aspecto. “Solo quería salir de allí cuanto antes y llegar a Madrid”. Cuando llegó a la capital en autobús, en 2017, y decidió contar la verdad, las pruebas de determinación de edad también le convirtieron en adulto. Hoy, en un piso de acogida en Madrid, se levanta a las seis de la mañana para ir a clases de mecánica y aspira a especializarse. Tiene una novia madrileña y muchos amigos en su barrio. No se queja de nada. “Me he hecho mayor en este viaje. He mejorado en la actitud y en los estudios”. La aventura del Ibrahim, como la de tantos otros, no acaba aquí, mucho menos en su país. “Cuando pueda me marcharé a Canadá”.
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Entrada en grupo en Ceuta

Un total de 155 migrantes entran en Ceuta cruzando su doble valla en la primera incursión en grupo en un año

El último salto masivo se produjo hace un año y al día siguiente el Gobierno devolvió a quienes lo protagonizaron aplicando un Tratado de Readmisión de 1992. Once guardias civiles han resultado heridos leves
155 migrantes entran en Ceuta cruzando la valla EL MUNDO (Vídeo)
Un total de 155 hombres de origen subsahariano ha accedido irregularmente a Ceuta a primera hora de la mañana de este viernes en el primer intento de asalto en grupo de su perímetro fronterizo terrestre desde hace un año.
Además, ocho inmigrantes han intentado pasar saltando la valla, quedándose encaramados durante algo más de dos horas. Desde tierra los guardias civiles intentaban disuadirles para que bajaran, pero finalmente han utilizado una cesta para subir a recogerlos de uno en uno. Una vez en territorio español han sido devueltos en caliente, entregados a la policía marroquí inmediatamente por la puerta que une los dos territorios aplicando la figura del "rechazo en frontera" incluida en la última reforma legal. Todos ellos presentaban serios síntomas de debilidad, heridas y problemas para caminar.
Personal de la Cruz Roja atiende a los inmigrantes llegados hoy a Ceuta.
Hacia las 7.20 horas, un grupo de unas 200 personas se ha aproximado a la ciudad autónoma por la carretera de Beliunes hasta llegar a la zona fronteriza de Benzú, donde han sorteado la cerca marroquí y a continuación han derribado una puerta en el doble vallado español, según el testimonio de los vecinos.
Los inmigrantes, que según su propio testimonio llevaban cinco meses preparando la entrada, han aprovechado la densa niebla que cubría la zona para evitar ser detectados por las cámaras de calor con las que España vigila los 8,2 kilómetros de frontera y donde el Ministerio del Interior ejecutó obras a principios de 2018 para intentar impermeabilizarlo.
El lugar elegido para el intento ha sido el extremo norte del perímetro fronterizo, un punto de unos 200 metros de longitud que termina en el espigón marítimo de Benzú, en aguas del Estrecho de Gibraltar, que no llega a cubrir la valla con concertinas desplegada durante los últimos meses por el Reino alauita en paralelo a las defensas territoriales españolas.
Los inmigrantes, la mayoría muy jóvenes, han logrado llegar al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) a la carrera siendo, algunos, atendidos por los vecinos de la zona. Otros han sido trasladados hasta el CETI por el Equipo de Respuesta Inmediata ante Emergencias (ERIE) de Inmigración de la Cruz Roja, cuyos voluntarios han curado a 16 fundamentalmente de "heridas, golpes y cortes de menor gravedad".

ONCE GUARDIAS CIVILES HERIDOS

Un total de once guardias civiles han tenido que recibir asistencia médica tras intentar contener a la llegada de los inmigrantes y han sido ya dados de alta. En todos los casos presentaban "contusiones leves en brazos, piernas y manos" y uno de ellos había sido alcanzado con "algún tipo de líquido abrasivo" en los ojos, según han precisado fuentes del Instituto de Gestión Sanitaria (Ingesa) en declaraciones a Europa Press.
Ninguno de los funcionarios de la Comandancia local de la Benemérita ha sido evacuado al Hospital Universitario tras pasar por una clínica del centro de la ciudad autónoma.
Hasta el área de Urgencias sí ha sido derivado uno de los inmigrantes, un varón de 21 años al que se ha diagnosticado un esguince de tobillo.
El último salto en grupo de la frontera de Ceuta se registró el 22 de agosto de 2018 aprovechando la relajación de las autoridades marroquíes durante la Fiesta del Sacrificio. Un total de 119 indocumentados logró acceder a la ciudad, pero todos salvo tres menores de edad fueron devueltos al día siguiente a Marruecos tras aplicar el Gobierno español un Tratado de Readmisión de 1992.
Ninguna de las fuentes gubernamentales consultadas por Europa Press ha confirmado o descartado que esta vez se vaya a implementar o no un procedimiento similar. Solamente han recordado que el texto de referencia establece que "la solicitud de readmisión deberá ser presentada en los diez días posteriores a la entrada ilegal".
La Delegación del Gobierno en Ceuta explica que con la entrada de estos inmigrantes la ocupación máxima del CETI vuelve a verse superada, ya que hasta la fecha se encontraba por debajo de sus 512 plazas, y ahora se situará por encima de las 620 plazas, aunque, de momento, no se necesitará instalar tiendas de campaña del ejército como en otras ocasiones.
Entre enero pasado y mediados de agosto, 18.018 inmigrantes entraron en España de manera irregular, aunque son 11.523 menos que en 2018, con un descenso del 39 %.
La gran mayoría llegaron en embarcaciones precarias procedentes de Marruecos y 3.427 (un 18,1% menos que el año pasado) lo hicieron a través de la frontera con ese país en las ciudades Ceuta (671) y Melilla (2.756), según datos del Ministerio español del Interior.

LA VERSIÓN DE MARRUECOS

El Gobierno de Marruecos ha asegurado que ha impedido el acceso de "unos 400 inmigrantes subsaharianos" a Ceuta. Un comunicado de las autoridades del gobierno local de Mdiq-Fnideq sostiene que 90 de los inmigrantes han sido detenidos, sin hacer alusión al hecho de que 155 lograron su objetivo y se encuentran actualmente en la ciudad autónoma.
La versión marroquí detalla que los 400 subsaharianos trataron de acceder a Ceuta a través de la valla en la zona de Beliunes, extremo oeste de la ciudad, sin llegar a lograrlo.
Añade que nueve de los participantes en el asalto resultaron heridos leves y necesitaron atención médica en el hospital de Fnideq (Castillejos), ciudad cercana a Ceuta por el sur.
En estos momentos la policía marroquí sigue buscando a los otros subsaharianos que participaron en el asalto.
El incremento de la presencia policial marroquí en el entorno fronterizo cada vez dificulta más las "bolsas" de emigrantes que antaño acampaban de forma indefinida en las montañas vecinas esperando el momento propicio para pasar.
Agentes de la Policía Nacional custodian a los inmigrantes llegados esta mañana a Ceuta.