'Basti',
obra de Intizar Husain considerada como la novela fundacional de
Pakistán, logra acercarse a las trágicas guerras con India con un tono
de voz baja y poética
Musulmanes huyen de India a Pakistán tras la independencia en 1947.ap
La trágica separación de India tras su independencia en 1947 en dos
países, India y Pakistán, que provocó una masacre de más de un millón de
muertos (además de violaciones en masa e innumerables heridos,
exiliados, refugiados y huérfanos) y que desencadenó con posterioridad
varias guerras entre ellos, ha sido contada una y mil veces desde ambos
lados de la frontera. Como hicieron los indios Anita Desai en Fuego en la montaña (Horas y Horas, 1997) y en Clara luz del día (Alianza, 2001), donde nos presenta a un joven hindú enfermo de malaria al que apasiona la poesía urdu, o Khushwant Singh, que realiza en Tren a Pakistán
(Asteroide, 2012) un inolvidable alegato contra los fundamentalismos
religiosos y políticos que, con la excusa de esa partición,
multiplicaron sus actos de inhumanidad hasta cotas difícilmente
superables. O como también hizo el gran maestro contemporáneo de la
narrativa pakistaní, Saadat Hasan Manto, en Toba Tek Singh
(Contraseña, 2012), que cuenta, por ejemplo, un intercambio de locos
entre India y Pakistán o la historia de un perro que cruza la frontera
militarizada entre ambos países.
Por su parte, Intizar Husain (1923-2016) consigue con Basti,
que está considerada como la gran novela fundacional de Pakistán,
aproximarse a esos mismos sucesos usando un tono de voz baja y poética
que le sirve, más que para hacer la crónica de 30 años difíciles, para
reivindicar una serie de ideales soterrados por la rabia, las bombas y
los gritos. El ideal de la belleza, el de la claridad, el de la bondad,
el de la inocencia, el de las rosas y los mangos, el de los milanos
posados en una rama, el de la inteligencia, el de la sabiduría, el de
los monos, el de las higueras feraces o el del té saboreado sin prisas
mientras se conversa de lo divino y de lo humano. Es este conjunto de
ideales el que, una vez recuperados, hará de Pakistán lo que le impiden
ser los eslóganes, los mítines, las manifestaciones y los vidrios rotos.
Husain lanza al aire preguntas en vez de ladrillos (cuántos ladrillos
dispersos por las páginas de este libro, cuántos edificios alzados y
destruidos sin tener ocasión de adquirir la dignidad que les
corresponde) mientras reflexiona sobre el tiempo (que quizás sea una
termita), sobre las palabras (muertas la mayoría de ellas después de
pasar por la boca de los políticos o de ser atornilladas al titular de
un periódico sensacionalista), sobre las heridas (que sanan con
rapidez), sobre la historia de los musulmanes en India (desde los
mogoles y el motín de 1857, que fue la primera guerra de independencia
del país y en la que destacó la maharaní de Jhansi, hasta la actualidad)
o sobre la historia en general (que, afirma, es cómoda de leer cuando
es la de otros pueblos, ya que parece una novela, pero tan difícil
cuando es la propia), sobre las mentiras y las cobardías o sobre el
cuento que es cualquier existencia.
También busca diferencias entre hindúes y musulmanes (y entre estos y
las enseñanzas de Buda, cuyos apólogos ocupan bastantes de las mejores
páginas del libro), pero sólo las encuentra en aspectos menores: para
los primeros los terremotos se producen cuando se remueve la serpiente
sobre la que descansa el mundo (que a su vez lo hace sobre una tortuga),
mientras que para los segundos eso sucede cuando muda de cuernos la
vaca (acosada, por cierto, por un mosquito) que lo sostiene; la peste
mata hindúes mientras que la cólera persigue musulmanes. Basti, que significa asentamiento, el espacio donde varias
personas se reúnen para compartir un techo, es una novela que reivindica
el corazón como único lugar común genuino para la convivencia. Ahí
caben los mitos, ya sean los del Ramayana o del Mahabhárata, los de Las mil y una noches
o los jatakas budistas, y con ellos todos nosotros. Ahí, sobre todo, se
está a resguardo de ese muro de ladridos sanguinarios que circunvala el
mundo.
El corazón es el verdadero basti que transmuta aquellos
eslóganes que degüellan las palabras y la inteligencia en estos otros
refranes o dichos o versos que los conectan con una tradición salvífica y
humanísima: “Si os dormís, al despertar os habréis convertido en
ratones”, “Cuando hablen los cordones de los zapatos y enmudezcan los
que saben hablar”, “En manos de la gente equivocada incluso lo bueno se
convierte en malo” o “Las nubes que se separan no vuelven a reunirse”.
Porque todo se nos ha dado en depósito (desde la misma Pakistán o las
lágrimas derramadas el primer día en el país hasta las penas padecidas o
la experiencia de la derrota), el único modo de no perder esta herencia
luminosa y feliz es rogar para que unos no especulen con ella contra
los otros. No hemos pasado en vano y sin sacrificios (de seres vivos, de
ideas vivas) de la era de los bosques sin lámparas a la de los candiles
y de ésta a la de la electricidad para volver a sembrar oscuridades y
apagamientos de la conciencia.
En esta novela se camina sobre moscas muertas (lo dice uno de sus
protagonistas), las cajas de cerillas están vacías y las cometas tienen
el hilo roto, pero sus sabias palabras resucitan a aquellas, las
personas están repletas de entendimiento compasivo, y los pensamientos y
las imágenes van cosiendo la trama (y la sintaxis) con puntadas
inspiradas y firmes.
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Autor: Intizar Husain. Traducción de Jacinto Pariente. Editorial: Armaenia (2017). Formato: tapa blanda (314 páginas).
El fuerte control militar entre India y Pakistán comenzó tras
el acuerdo de Simala, firmado por ambos países en julio de 1972. En la
década de los años 90 se inició la construcción de una valla fronteriza
en el Estado de mayoría musulmana Jammu y Cachemira. Los combates entre
ambos países por el control de esta región aceleraron su construcción en
el año 2000. Para el año 2004, la valla recorría 750 kilómetros de la
frontera de India con Pakistán.
El
conflicto comenzó en 1933, con la declaración de Pakistán que concebía
Jammu y Chachemira como parte de su país, por afinidad religiosa. Sin
embargo, el Gobernador de esos dos Estados, Maharaja Hari Singh, firmó
un documento de adhesión con la India en octubre de 1947, cuando esta se
independizó de Gran Bretaña. La primera Guerra de Cachemira terminó en
1948 con un cese del fuego que dejó un resultado inconcluso. India se
quedó con dos terceras partes de Cachemira, Jammu y Ladakh. Como
resultado, miles de familias quedaron divididas. Actualmente la valla está conformada por dos hileras de
alambradas electrificadas y conectadas a una red de sensores de
movimiento, dispositivos de imagen térmica, sistemas de iluminación y
alarmas. En el pequeño tramo de tierra que hay entre las dos hileras hay
minas terrestres. Islamabad sigue defendiendo que Jammu y Cachemira son
territorios ocupados por India ilegalmente, mientras que Nueva Delhi
defiende esos territorios como propios. El 1 de marzo, durante el 34º Consejo de Derechos Humanos de
Naciones Unidas celebrado en Ginebra ambos países se lanzaron
acusaciones. El representante permanente de la India en la ONU, Ajit
Kumar, acusó a Pakistán de ataques terroristas. Por su parte, el
representante pakistaní, Zahid Hamid, dijo que la India viola
sistemáticamente los derechos humanos en la frontera.
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"Me fui del Swat con los ojos cerrados y ahora vuelvo con ellos
abiertos", ha afirmado la premio Nobel de la paz Malala Yousafzai en un
colegio de la región de Swat, muy cerca de Mingora, su ciudad natal, en
el noreste de Pakistán, en la que fue tiroteada en 2012 por los talibanes. Es la primera vez que Malala, que sufrió el ataque de estos radicales por su defensa de la educación femenina y que se ha convertido en todo un símbolo, vuelve al país y a su región desde el atentado.
Durante pocas horas y ante un gran dispositivo de protección militar, este sábado la mujer de 20 años, ha cumplido su sueño de volver a poner los pies en su antigua casa.
Desde su regreso a Pakistán el pasado jueves para una vista de cuatro
días, el viaje de la premio Nobel de la paz a su ciudad natal no se
había confirmado por cuestiones de seguridad. Aunque el Ejército de
Pakistán arrebató el control de esa región a los talibanes hace casi una
década, los ataques contra las fuerzas gubernamentales continúan en el
valle de Swat, una otrora región turística en las estribaciones del
Himalaya, a 245 kilómetros al noroeste de Islamabad.
“Swat es un pedazo de cielo”, ha declarado Malala a unos escolares a
las afueras de su ciudad tras bajarse del helicóptero militar que la
transportó a ella, a sus padres y a un hermano, según informa el medio
pakistaní Geo TV. Con esas palabras, Malala ha querido desmentir a los
que la siguen acusando de promover ideas contrarias a su país y a los
valores del Islam. En Pakistán, hay quien la considera "un agente del
extranjero" manipulado o pagado para perjudicar al país. Por eso, su
presencia ha despertado también críticas y protestas, como la de una
asociación de escuelas privadas del país, que declaró el viernes como el
Día no soy Malala. Además de los círculos islamistas radicales
opuestos a la emancipación de la mujer, ciertos sectores de clase media
la critican porque consideran que ofrece mala imagen de Pakistán.
“Estoy orgullosa de mi religión y estoy orgullosa de mi país”, recogía
también Reuters en una entrevista con la activista; que reside en Reino
Unido desde su atentado. Ahora estudia Economía, Filosofía y Ciencias
Políticas en la Universidad de Oxford.
"Me siento muy feliz. Mi sueño se ha cumplido", afirmó durante una
visita al colegio Guli Bagh, cercano a Mingora. Ya hace un lustro, Gul
Makai, el seudónimo con el que escribía en un blog en Urdu en la cadena
británica BBC, despertaba animadversión entre los extremistas de su país
por criticar con dureza el radicalismo religioso que habían sometido a
su región. Entre 2007 y 2009, una facción local de la línea dura talibán
había prohibido televisión, música y educación; quemando hasta 200
escuelas. Aunque el Ejército paquistaní recuperó su ciudad a mediados de
2009, Malala fue la voz de la denuncia gracias a su blog.
Inspirada por el activismo y el afán educativo de su padre, profesor
que protegió su colegio de niñas durante los años de ocupación talibán
en su ciudad, Malala denunció el fundamentalismo religioso hasta que
miembros de la sección local de Tehreek e Taliban Pakistan (TTP) le
dispararon en la cabeza cuando viajaba en el autobús que la llevaba a casa desde el colegio. Herida muy grave, la joven fue trasladada a Birmingham (Reino Unido) para su tratamiento. Tenía 15 años. Sobrevivió milagrosamente al atentado
y con el tiempo se ha convertido en un símbolo mundial de la lucha
contra el extremismo y el derecho de las mujeres a la educación. En
2014, su determinación la convirtió en la persona más joven en lograr el
premio Nobel de la paz (que recibió junto con el indio Kailash
Satyarthi). Gracias a este reconocimiento, la fundación que creó
continúa la misión de promover educación con la construcción de escuelas
en Nigeria, Jordania, Siria, Kenia o Pakistán. La última, precisamente,
en Shangla; a pocos kilómetros del pueblo en que nació.
A su regreso a Mingora, Malala y sus padres han visitado su antigua
casa, ahora alquilada a un conocido de la familia. “Estaban llorando. Se
arrodillaban en el suelo para tocar el adobe”, explicaba el actual
inquilino, Farid-ul-Haq Haqqani, a la agencia Reuters describiendo la
felicidad de la familia Yousafzai. La activista también ha tenido tiempo
de reunirse con amigas de la infancia, según Haqqani.
Después, la joven de 20 años, a la que también acompaña la ministra
de Información paquistaní, Marriyum Aurangzeb, se ha reunido con
estudiantes del Instituto de Cadetes Guli Bagh, en un encuentro al que
también estaban invitados varios amigos.
Malala segura que volverá a Pakistán cuando termine la carrera en el
Reino Unido: "Mi plan es regresar a Pakistán en cuanto termine los
estudios, porque es mi país y tengo los mismos derechos en él que
cualquier paquistaní".
En cuanto a la educación de las niñas en el valle del Swat, la joven
elogió el sábado los "cambios importantes" realizados desde 2012. "La
situación ha mejorado mucho". Aunque con matices: "Leí que casi la mitad
de los niños siguen sin estar escolarizados en la provincia. Tendremos
que trabajar muy duro para que todos vayan al colegio".
Benazir Bhutto nació en Pakistán en 1953. Obtuvo la licenciatura de Letras en Harvard, con honores cum laude,
y después, estudió Filosofía, Política y Economía en Oxford. Sufrió
arresto domiciliario por sus ideas políticas en su país y fue la primera
mujer de un país musulmán en llegar al cargo de primer ministro.
Benazir Bhutto nació en Karachi,
Pakistán, en 1953. Fue hija de Zulfikar Ali Bhutto, primer ministro y
presidente de Pakistán, y de Nusrat Bhutto, una pakistaní de origen
kurdo iraní.
Inició sus estudios en una escuela cristiana en la que aprendió el idioma inglés y el urdu, propio de la clase culta pakistaní.
Posteriormente, siguiendo los preceptos
de su padre, viajó a Estados Unidos, donde obtuvo la licenciatura de
Letras en Harvard, obteniendo honores cum laude en Política Comparativa (1969).
Después, en Inglaterra, estudió Filosofía, Política y Economía en la Universidad de Oxford (1973).
De vuelta en Pakistán, su padre fue
asesinado por el gobierno militar del dictador Zia ul Haq (1979) y ella
fue mantenida en arresto domiciliario hasta que le fue permitido viajar a
Londres, donde lideró el Partido del Pueblo Pakistaní en el exilio
(1984). Posteriormente, se presentó a las elecciones generales y fue
elegida para el cargo de primer ministro de Pakistán con treinta y cinco
años (1988). Se convertía, además, en la primera mujer que asumía el
cargo en un país de mayoría musulmana.
Su familia siempre consideró a hombres y
mujeres iguales en aptitudes y posibilidades; por eso su padre le
recomendaba a su hija personajes importantes de la historia para que le
sirvieran de referente.
«Lee sobre Napoleón Bonaparte, el más
completo hombre de la historia moderna. Lee sobre la Revolución
americana y sobre Abraham Lincoln. Lee Diez días que estremecieron al mundo,
de John Reed. Lee sobre Bismark y sobre Lenin, Ataturk y Mao Tsetung.
Lee la historia de la India desde la Antigüedad. Y, sobre todo, lee la
historia del islam» (Bhutto, 1989).
Además, Benazir Bhutto acompañó a su
padre durante muchos de los viajes que este emprendió en su calidad de
presidente y de primer ministro, de modo que pudo departir con
pensadores y políticos de la talla de Henry Kissinger, Chu en lai e
Indira Ghandi.
Benazir dijo en varias ocasiones que su
estancia en Harvard supuso el tiempo más feliz de su vida, pues fue allí
donde concibió por primera vez la posibilidad de ser musulmana y mujer
en un entorno de democracia.
En 1987 se casó en Karachi y tuvo tres hijos.
Tras la ejecución de su padre a manos
del dictador de turno, se exilió a Gran Bretaña, desde donde dirigió el
Partido Popular Pakistaní.
En las primeras elecciones democráticas de 1988 fue elegida primera ministra de Pakistán.
En 1989 recibió el Premio por la Libertad de la Internacional Liberal.
Sin embargo, no todos eran demócratas en
Pakistán. Entre las filas del Ejército figuraban algunos amigos de los
extremistas, a quienes ayudaban en su financiación y a quienes mantenían
al margen de la justicia. Eran gente de mucho poder, así que pagaron,
como reveló una auditoría extranjera más tarde, pruebas de corrupción
que la alejaron del cargo y le hicieron enfrentarse a la justicia
(1990).
Fue destituida por violar la Constitución y por corrupción.
En 1993 volvió a presentarse a primera
ministra y ganó por mayoría simple. Fueron tres años de duro trabajo
intentando con éxito detener las escaladas de terrorismo que asediaban
el país.
En 1996 se enfrentó a nuevas acusaciones
de corrupción, más virulentas que las del 90, de modo que volvió a
dejar el cargo y se autoexilió hasta el año 2007, en que volvió a
Pakistán para presentarse al cargo de primer ministro por tercera vez.
Sin embargo, fue asesinada durante una concentración que se realizaba en
su apoyo.
En una entrevista a una cadena británica
pocos días antes de ser asesinada, le preguntaron si era consciente del
riesgo que corría al exponerse públicamente a las multitudes, pues la
posibilidad de sufrir otro atentado era muy elevada. Ella contestó que
sí lo era, pero que, aun pensando en sus hijos, quienes ya la apoyaban
en su proyecto, se sentía responsable de todos los ciudadanos. Quería un
país donde el empleo y la educación fueran pilares de una democracia
sólida consolidada, y decía que la única forma que ella veía posible era
salir a las calles y hablar directamente a la gente.
Por supuesto, estaba perfectamente al
corriente de la dudosa lealtad al sentimiento democrático del primer
ministro, el general Musharraf, pero este le había prometido que él
mismo dejaría el cargo de jefe del Ejército con el fin de separar el
poder político del militar.
Así que fue fiel a sus ideales a pesar de la sombra del atentado, por el bien del país.
Un disparo en la cabeza y otro en el
cuello acabaron con su vida. El francotirador se inmoló llevándose a una
veintena de seguidores de Bhutto.
Sus proposiciones de leyes en favor de
un Estado democrático, con programas de desarrollo para mejorar las
condiciones de vida de las mujeres, con juzgados independientes tanto
del poder religioso como del político, con jefaturas de policía donde
todos pudieran hacer efectivas sus denuncias y tantas ideas más, nunca
vieron la luz debido a la gran presión ejercida por los partidos
religiosos de derecha que dominaban el Parlamento en este momento.
El Gobierno de Musharraf dijo que murió
de un golpe en la cabeza, la misma explicación que se da para la muerte
de miles de mujeres musulmanas a manos de quienes tienen el poder sobre
ellas. Una afirmación es suficiente, no tienen que demostrar nada ni dar
explicación alguna.
Y todo ante la pasiva mirada de la comunidad internaciona
político (primer ministro de Pakistán en dos ocasiones)
Signo zodiacal
Géminis
Notas biográficas
Benazir Bhutto fue dos veces primer ministro de su país,
convirtiéndose en la primera mujer en ocupar el cargo de jefe de
gobierno en un estado musulmán moderno. Tomó el liderazgo del Partido
Popular de Pakistán (PPP), a raíz de un golpe militar que derrocó al
gobierno de su padre, ganando las elecciones en 1988. En 1996 fue
destituida por cargos de corrupción, nepotismo y abuso de poder . Se
alejó entonces, en una especie de auto-exilio, refugiándose en Dubai. En
2007 regresó a Pakistán después de un acuerdo hecho con el presidente
Musharraf; sin embargo al llegar fue trágicamente asesinada en un ataque
terrorista, reclamado por Al'Qaida.
Frases, citas y aforismos de Benazir Bhutto
Benazir Bhutto
“El
liderazgo es un compromiso con una idea, un sueño, y una visión de lo
que puede ser. Y mi sueño es que mi tierra y mi pueblo pongan fin a los
combates y permitir a nuestros niños alcanzar su máximo potencial,
independientemente de su sexo, condición, o de creencias.” Benazir Bhutto
“Me
parece que siempre que estoy en el poder, o mi padre estaba en el
poder, de alguna manera cosas buenas suceden. La economía está en alza,
tenemos buenas lluvias, la gente recoge sus cultivos. Creo que la razón
de que esto ocurra es que queremos dar amor y recibir amor.” Benazir Bhutto
“En
última instancia, el liderazgo es la fortaleza de las propias
convicciones, la capacidad de soportar los golpes, y de la energía para
promover una idea.” Benazir Bhutto
“Y
he comprobado que los que persiguen la paz nunca se detienen ante los
obstáculos, especialmente los construidos de fanatismo, intolerancia,
rigidez y tradición.” Benazir Bhutto
Las hermanas Andrade nos recomiendan este libro álbum.
Ya que mañana es el día dle libro y podremos comprar libros un poco más baratos, este es una buenísima opción.
Juan Carlos Gómez en la radio mostrando en lo que participa en su entorno, aquí podéis escuchar su entrevista.
Es un orgullo oírte en la radio, sacando lo mejor de ti.
Juan Carlos Gómez Andrés, 17 años, del IES Cuenca Nalón. Nuevo concursante de nuestro programa VIRTUS. Sus profesores lo han seleccionado porque además de ser un buen alumno, saca tiempo para practicar deporte (fútbol) y sobre todo para colaborar intensamente con la Asociación Cruz de los Ángeles. Con ella colabora en programas para mayores (intercambio de actividades con otros centros de mayores) , en el banco de alimentos y en los programas con niños a los que ayuda tanto en los juegos como con los deberes.
Auditorio de Casa Árabe (c/ Samuel de los Santos Gener, 9). 19:30 horas. Entrada libre hasta
Casa Árabe y la editorial Los libros del Zorro Rojo presentan en
Córdoba esta obra, coordinada por el arabista, traductor y profesor
emérito de la UAM Pedro Martínez Montávez e ilustrada por el artista y
calígrafo Rachid Koraïchi.
Presenta el acto Javier Rosón, responsable de Casa Árabe en Córdoba.
Casa
Árabe presenta esta antología poética ilustrada por Rachid Koraïchi,
uno de los mejores artistas plásticos árabes actuales. En ella se
recogen poemas árabes escritos desde el siglo VI hasta nuestros días
entre los que destacan importantes poetas contemporáneos.
Conformada
por las voces de 52 poetas, algunos de ellos nunca traducidos al
español hasta el día de hoy, esta edición arropa poseía árabe, andalusí y
argelina bajo las ilustraciones de Koraïchi, aunando así dos caminos
creativos: la imagen y la palabra.
En esta velada contaremos con
la intervención del propio artista Rachid Koraïchi para hablarnos de
las sorprendentes e inspiradoras ilustraciones, así como del arabista
Pedro Martínez Montávez, el cual ha coordinado la edición. Ambos nos
invitan a recorrer este libro captando la esencia de una cultura, donde
la poesía ha sido, fue y será, un lugar de encuentro y una vía que abre
nuevos horizontes.
De
izquierda a derecha: Kaoutar Belhirech, Ouahiba Rizki, Aziza Beailki y
Rachida Morchid, cuatro madres solteras, en el estudio de radio que la
ONG 100% Mamans posee en su sede de Tánger.FRANCISCO PEREGIL
Las cuatro madres solteras que aparecen en la foto de este artículo
han roto un doble tabú: muestran su rostro y se expresan sin tapujos en
un programa de radio difundido en Internet dirigido a mujeres en su misma situación. Las relaciones fuera del matrimonio están prohibidas en Marruecos por el Código Penal.
Y a los descendientes de estas madres se les llama ‘wlad ihram’, hijos
del pecado. Ellas sufren a menudo el mismo trato que las prostitutas.
“Lo que hemos hecho no es un error. Es nuestro derecho. No escuchéis
lo que diga la gente de vosotras porque os van a criticar siempre”, se
dirige a sus oyentes Ouahiba Rizki, de 23 años y con un hijo de ocho
meses.
La asociación 100% Mamans,
radicada en Tánger, ha obtenido 316.000 euros de la Unión Europea para
potenciar durante tres años los derechos de estas mujeres. “Ellas
deberían tener derecho a disponer de su cuerpo”, indica Claire Trichot,
fundadora de esta ONG, “a ser madres sin estar casadas, a que sus hijos
tengan una identidad completa, a que el padre reconozca la filiación del
niño, a no ser discriminadas. Queremos que ellas se empoderen de esos
derechos”.
El proyecto, que tiene varios frentes, como el acompañamiento
jurídico de las madres, ha disfrutado de cierto eco en Marruecos gracias
a la programación de radio en Internet. El objetivo en los próximos
meses es difundir el contenido al menos durante una hora a la semana en
una emisora de FM.
Rachida Morchid, de 36 años y madre de una niña de nueve, toma el
micrófono: “A vuestros hijos tenéis que decirles la verdad, que han sido
concebidos fuera del matrimonio. Hay que crear una relación con ellos
que sea más fuerte que las críticas de fuera. Ellos tienen derecho a
saber”.
Morchid cree que el 90% de las madres solteras tienen miedo de los
reproches que puedan hacerles sus hijos. “Y por esos les dicen que el
padre ha muerto”, explica. Ella pretende llevar a su hija al estudio
para que cuente lo que significa ser hija de madre soltera.
“Hay un momento clave en la vida de nosotras”, explica Morchid. “Y es
cuando tenemos que elegir entre abandonar a nuestro hijo o satisfacer a
nuestra familia. La mayoría de las que siguen adelante con sus hijos
llegan a detestarlos. Hay chicas que nunca tuvieron responsabilidades en
sus casas. Y de repente se ven en la calle, sin trabajo, mal miradas
por todos y con un hijo que depende enteramente de ellas”.
Kaoutar Belhirech, de 24 años y madre de una niña de cinco meses,
señala: “Cuando me quedé embarazada no tuve miedo a la sociedad. Al
contrario, me quería vengar de ella por haberme abandonado. Sin embargo,
desde que nació mi hija tengo miedo. Porque quisiera protegerla de todo
lo que la sociedad le puede hacer”.
¿Contribuirán estos programas de radio a cambiar la sociedad? Aziza
Beailki, soltera de 25 años, con dos hijos de 5 y 4 años, responde: “Por
lo menos, así sabes que no estás sola. Cuando te ves en esta situación
piensas que solo tú has tenido hijos fuera del matrimonio. Además, es
mejor hablar de lo que nos pasa a nosotras que escuchar a otros hablar
de nosotras”. “En la radio recogeremos muchos testimonios y poco a poco
irá cambiando la mentalidad de la gente”, añade Rizki.
El proyecto está avalado por el ministerio de la Familia, cuya
titular es Bassima Hakkaoui, del islamista Partido de la Justicia y el
Desarrollo (PJD). “Cuando lanzamos el programa hubo críticas dentro del
PJD. Pero el ministerio no ha tenido más remedio que aceptarlo, porque
venía subvencionado por la Unión Europea”, precisa Trichot.
Las madres solteras arrastran, además del repudio social, el
desengaño de sentirse abandonadas por el hombre a quienes amaban y a
veces siguen amando. Hablar de ese tema en público parecía impensable en
Marruecos. Ya no.
Fatema Mernissi (dir)
«En Marruecos, en estos últimos tiempos, se ha dado un fenómeno
particular conocido como “charmil”. Se trata de una conducta individual y
colectiva que esencialmente se da en los grandes centros urbanos,
afecta a adolescentes y a jóvenes adultos y se manifiesta en numerosas
facetas. A pesar de la gran inflación mediática, no siempre justificada,
que ha tenido el fenómeno, merece una reflexión con un enfoque
multidisciplinario y multiaxial. Dicho de otro modo, el fenómeno debe
ser tratado de distintas maneras por distintos especialistas de manera
global e integral. Porque más allá de este movimiento concreto, nos
cuestionamos todas las expresiones de la violencia cometida por jóvenes,
incluidas la de los campos de fútbol y otras.»
«La violencia entre los jóvenes marroquíes: el caso charmil, opinión de
psicólogo», de Jallal Toufiq
Así nació Reflexiones sobre la violencia de los jóvenes, obra dirigida
por Fatema Mernissi y con la colaboración de Khadija Alaoui, Abderrahim
El Atri, Réda Dalil, Fatna El Bouih, Ahmed Ghayet, Youssef Madad, Hanane
El Ouadrhiri y Jallal Toufiq.
Fatema Mernissi nació en Fez en 1940 y murió en Rabat en 2015. Alumna
de una de las primeras escuelas mixtas creadas por los Ulemas
(autoridades religiosas), siempre ha compaginado su faceta de socióloga
con la de escritora. Desde 1975 fue profesora de sociología en la
Universidad Mohamed V de Rabat. Como escritora, pudo hacer realidad su
sueño: comunicarse con el planeta. Sus novelas Sueños en el umbral, El
harén político. El Profeta y las mujeres, Las sultanas olvidadas y El
poder olvidado. Las mujeres ante el islam en cambio, publicado también
por Icaria, han sido traducidas a numerosas lenguas y han alcanzado gran
proyección internacional.
Varios jóvenes esperan su turno para entrar en el camión del grupo teatral Zanka Bla Violence (Calle Sin Violencia), el pasado jueves en Marrakech.EL PAÍS
Una menor que es asaltada en plena calle llora y grita a su agresor: “¿Es que no tienes corazón, no tienes hermana, te gustaría que le hicieran esto?”. La escena se graba con un teléfono y luego se vierte en Internet. Cientos de usuarios de las redes sociales se indignan; otros culpan a la chica. La policía tarda menos de 24 horas en detener al agresor, de 21 años, al que filmó el vídeo y a otro hombre por ocultación de delito. Sucedió este mes en una aldea de Marrakech. El país se estremeció de la misma manera que el pasado agosto cuando varios jóvenes desnudaron a una mujer discapacitada en un autobús de Casablanca en pleno día, sin que el chófer ni nadie actuasen. La difusión del vídeo inflamó las redes y los agresores también fueron detenidos. Pero estas atrocidades no son más que la punta de un iceberg en un contexto donde el 62,8% de las mujeres declara haber sufrido algún acto de violencia, física o mental.
Muchas feministas no se hacen demasiadas ilusiones en un país donde las relaciones fuera del matrimonio pueden castigarse con penas de cárcel, donde el 38% de los hombres asume que las mujeres merecen en ocasiones ser golpeadas, según una encuesta de ONU Mujeres elaborada en 2016 en la región de Rabat-Salé-Kenitra y difundida en febrero. En ella, el 62% de los consultados, hombres y mujeres, cree que la mujer “debe tolerar la violencia para mantener a su familia unida”.
El reparo a expresarse sobre este asunto es palpable, incluso entre intelectuales de marcada trayectoria feminista. La propia ONU Mujeres ha declinado atender a este diario. Para hacernos una idea del miedo imperante basta señalar que el mes pasado una célebre ensayista marroquí, Asma Lamrabet, se vio conminada a dimitir como directora del Centro de Estudios Femeninos del Islam, perteneciente al centro de análisis Rabita Mohamadia de los Ulemas de Marruecos. Lamrabet había suscrito una carta de cien intelectuales donde pedían que igualdad de derecho entre hombres y mujeres en las herencias. Los ulemas o eruditos del Corán tomaron esa iniciativa como una afrenta al islam. Desde su dimisión, Lamrabet no ha concedido ninguna entrevista y ha anulado sus actos públicos.
Sin embargo, algo parece moverse en la sociedad, a pesar de que el eco de las campañas internacionales contra el acoso, como #yotambién o #metoo, tan solo llega a unas élites muy reducidas, según señala la escritora tangerina y consultora de comunicación Chams Doha Bouraki, de 61 años. “Gracias a las redes sociales, hoy se puede hablar de la despenalización de las relaciones sexuales entre personas adultas, de la homosexualidad, de los derechos de las madres solteras [en Marruecos, las mujeres que conciben hijos fuera del matrimonio son consideradas casi como prostitutas; y a sus descendientes se les llama ‘hijos del pecado’]. En los ochenta era casi un insulto hablar de eso, una apostasía. Las redes han liberado las voces. Pero no solo la de aquellos que defienden los derechos humanos, también las de los más conservadores que hablan en nombre de la religión”.
Las redes ha liberado las voces. Pero no solo la de aquellos que defienden los derechos humanos, también las de los más conservadores
CHAMS DOHA BOURAKI, ESCRITORA Y CONSULTORA DE COMUNICACIÓN
Sonia Terrab, de 33 años, es guionista y realizadora del programa televisivo Marokkiat ("Marroquíes" en el dialecto árabe local), donde hombres y mujeres hablan a cara descubierta de temas como violación, homosexualidad o acoso. “Gracias a Internet existe una toma de conciencia desde hace algunos años. Es cierto que aún perdura la mentalidad arcaica y a la mujer se la mira como algo que hay que proteger. Pero las jóvenes están dando un paso adelante. Claro que eso a veces tiene un coste para ellas. Recuerdo que una chica de 17 años nos contó que recibió muchos insultos en las redes después de salir con su pancarta en una foto durante la manifestación que hubo en Casablanca contra el acoso tras la agresión a la mujer del autobús. Nos contaba que la insultaban por su aspecto, no por lo que decía la pancarta”.
Claire Trichot, fundadora de la asociación 100% Mamá, que acoge a madres solteras, percibe un “cambio de percepción” en la población. “Ahora se es consciente de que las mujeres tienen derechos. Aunque en Marruecos la presencia de la religión sigue siendo muy poderosa”.
El grupo de teatro Zanka Bla Violence (Calle sin violencia, en el árabe dialectal de Marruecos), formado por la española Beatriz Villanueva y los marroquíes Monsef Kabri y Soufiane Guerraoui, acaba de participar en un proyecto pionero financiado por ONU Mujeres. Durante 15 días han recorrido el país en entornos sociales muy distintos, con un camión en el que ofrecían información al público a la vez que lo entrevistaban. “Hemos trabajado directamente con mil personas en cinco ciudades diferentes”, explica Villanueva. “Hay ganas de hablar, la gente tiene muchas cosas que decir. Hay mucha frustración entre los hombres. Hay varios que nos han dicho: yo acoso o yo acosaba. Mucha gente coincide en que falta educación, formación. Y faltan espacios de encuentro. Y al final les preguntamos a todos qué creen que puede hacerse. La gente sube al escenario”.
Hablan. Las mujeres no suelen confiar en la policía para defenderlas, algunos proponen que se impartan cursos de concienciación para los agentes. Otros sugieren que hay que enfrentarse al acosador en grupo. Tres hombres pueden decirle a otro, “¿Qué estás haciendo, amigo?”. Otros proponen que intervengan las personas de edad. La clave es que ya se habla.
“¿Pero va a cambiar la mentalidad?”, se pregunta la escritora Chams Doha Bourak. “Yo creo que no, aunque el uso de las redes sociales está permitiendo ejercer una presión sobre los políticos para que transformen las leyes”.
El 14 de febrero, tras cinco años de estudio y debate, el Parlamento aprobó una ley contra la violencia de género. Una ley que todas las asociaciones de mujeres han juzgado insuficiente y cosmética. La violación dentro del matrimonio, por ejemplo, no se na ley que todas las asociaciones de mujeres han juzgado insuficiente y cosmética. La violación dentro del matrimonio, por ejemplo, no se condena. Queda mucho camino por recorrer. Pero ya hay gente en marcha.