jueves, 19 de octubre de 2017

Test de Personalidad



EL TEST TIBETANO: ACTIVIDAD PARA PRACTICAR ADJETIVOS DE PERSONALIDAD, ANIMALES Y COLORES (NIVEL A1-A2).

(1) Ordena estos cinco animales según tu preferencia:
Vaca, Tigre, Oveja, Caballo, Cerdo.

(2) Escribe el adjetivo que mejor describa cada una de las siguientes cosas:
Perro, Gato, Rata, Café, Mar.

(3) Asocia cada color a una persona que conozcas:
Amarillo, Naranja, Rojo, Blanco, Verde


RESPUESTAS:

(1)  Define tus prioridades en la vida:

Vaca significa CARRERA

Tigre significa ORGULLO

Oveja significa AMOR

Caballo significa FAMILIA

Cerdo significa DINERO

(2)

Tu descripción de PERRO se refiere a tu propia  personalidad.

Tu descripción de GATO se refiere a la personalidad de la persona que te gusta.

Tu descripción de RATA se refiere a la personalidad de tus enemigos.

Tu descripción de CAFÉ es cómo tú interpretas las relaciones de pareja.

Tu descripción de MAR es cómo defines tu propia vida.


(3)  Se refiere a las personas importantes de tu vida:

Amarillo: nunca olvidarás a esa persona

Naranja: confías mucho en esa persona

Rojo: estás enamorado/a de esa persona

Blanco: tienes mucho en común con esa persona

Verde: siempre podrás contar con esa persona

Diario



Octubre 2017
Este año está siendo mucho mejor. Ahora tengo una “amiga”, Ingrid que siempre está conmigo. Vive cerca de mi casa por lo que podemos vernos en cualquier momento. Estoy saliendo de casa, cuando quiero pasear llamo a  Ingrid  y pensamos qué hacer.  Con los deberes estoy yendo a clase particular y esto me ayuda mucho. Pienso que estoy mejorando con el español, quiero acabar este año hablando mejor. Ahora estoy con más ganas, aunque claro hay momentos en que echo de menos a mis amigas y a mi tía. 

Mi amiga, Nathalia  va a venir en enero para pasar mi cumpleaños aquí, conmigo. Estoy muy feliz porque hace tiempo que no la veo. Es gracioso porque  somos amigas desde pequeñas. Nunca imaginábamos que la vida a iba a dar esta vuelta y que iba a vivir en España. Recuerdo que a mis doce años dejé Jandira para irme a vivir con mi madre en Sao Paulo entonces pensábamos que nuestra amistad iba a acabar. Pero al final somos más amigas que antes a pesar de que ahora la distancia que es muchísimo mayor ahora. 

Ella está pasando momentos muy difíciles. Pienso que lo mejor para ella era venir a vivir aquí. Ella es más que una amiga y mi madre la trata como una hija por lo que mi madre piensa lo mismo que yo. Creo que a ella le va a gustar mucho esto y va acabar viniendo para terminar la facultad aquí. ¡Seria genial!

Mi tía está un poco mejor ahora. Tiene un piso y está muy feliz arreglándolo. Ella quiere ponerlo a mi nombre. Mi madre estaba contándome que mi tía siempre me quiso muchísimo, desde pequeña que iba a visitarme siempre que podía, cuando mi madre trabajaba.  Al principio me dejaba con ella. Un día ella me colocó en un andador y dejó la puerta abierta. Ella fue a coger el teléfono y yo me fui con el andador. Caí por las escaleras, no me manqué porque el andador lo impidió, pero ella  casi se muere del susto. Fuimos corriendo para un hospital. Los médicos la atendieron más a ella que a mí porque ella estaba muy preocupada, por eso la quiero tanto.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Entrevista a Adam Zagajewski

“La poesía mató al comunismo”

"El populismo difuso es una forma de semifascismo, porque la gente no respeta las palabras. Y no les importa la verdad", asegura el flamante ganador del premio


Adam Zagajewski, en Cracovia (Polonia) en febrero de 2015.
Adam Zagajewski, en Cracovia (Polonia) en febrero de 2015. Corbis via Getty Images
Cracovia (Polonia)
Cracovia es la ciudad total, ciudad de poetas, hermosa, pesada como el plomo y ligera como el renacimiento, escribe el poeta polaco Adam Zagajewski, flamante premio Princesa de Asturias de las Letras. En vísperas de la inauguración del Festival Milosz y la entrega del premio Szymborska, que reúne a poetas como Robert Pinsky, Petr Hruska o Ewa Lipska en esta edición, cenando en su restaurante preferido, Mieta (Menta) en la parte antigua de la ciudad, habla la noche antes del galardón de su obra y la poesía polaca que está viviendo un momento de auge, una poesía que “aún se da la chispa de la antigua visión mágica del mundo.”
Pregunta. Su familia lo animó a leer desde la infancia.
Respuesta. Mi padre era profesor de ingeniería, pero un gran lector, al igual que mi madre. Las mejores lecturas son las que se hacen por gusto.
P. Y su afición por la música también es precoz.
R. Primero fue el jazz. Escuchaba las emisiones de La Voz de América, las mismas que Joseph Brodsky, como me confesó más tarde. Nos daban información verdadera, contraria a la mentiras de la propaganda. Y tocaban jazz. Eso me llevó al primer concierto para piano de Brahms: quedó grabado en mi memoria desde entonces.
P. Ha dicho que el "Señor ten piedad de mí" de la Pasión según San Mateo de Bach es la esencia de Europa.
R. Es lo que quiero que toquen en mi funeral aunque parezca cándido. Me parece que hay un mundo espiritual y la música pertenece a él. Las mejores páginas de Schopenhauer son sobre música: el ser, no visible, sino presencia.
P. Ha confesado que le irritaba pensar que comenzó su trayectoria escribiendo poemas de carácter político.
R. Aunque ahora me parece que fue saludable no comenzar con fantasías esotéricas. El poeta debe hablar con la verdad, pero no sobre un hecho objetivo. Para un poeta en un régimen totalitario esto no es baladí. Creo que los grandes poetas como Milosz o Machado eran meros agentes que no tienen porqué comprenderse a sí mismos, pues hay muchas contradicciones en el acto de leer y de escribir, incluso ambivalencias. "A los hijos de Saturno les gustan las ambivalencias", dice Földenyi en su Melancolía, que ahora estoy leyendo.
P. ¿La poesía como insubordinación?
R. La poesía es una revuelta, en efecto, y entre los filósofos siempre ha habido una relación de amor y odio, desde Platón. Pero los presocráticos como Heráclito eran poetas, como Parménides. ¡Y por suerte sólo quedan fragmentos! De Kant, en cambio, nos quedan unas ocho mil páginas.
P.Wolfgang Iser afirma que el escritor es como un compositor y el lector, como un intérprete.
R. Claro. Cuando se trata de fragmentos el lector los interpreta, los completa; en mi trayectoria académica imparto el mismo libro cada año, pero las lecturas siempre son distintas.
P. Escribió en La belleza ajena que "hay totalidad, pero no es completa".
R. Nací en 1945, terminada la Shoah, pero soy un hijo de la guerra, la cual me impactó profundamente. Tras mi etapa política, de rebelión contra el gobierno comunista, descubrí la Historia. En Lava, uno de mis poemas preferidos, intento humanizar los elementos históricos, quitarle el filo, domesticarlos por un instante.
P. También sostiene que "Escribir poemas es un duelo en el que no hay vencedor”.
R. Se trata sobre todo de un duelo contra el tiempo, que siempre perdemos. Me pasaba los días, cuando estudiaba Filosofía en la universidad, leyendo a los escépticos, a los pesimistas, porque no quería ser cándido y no me gusta la poesía sentimental. Por eso hay que leer a los más feroces opositores para escribir una poesía que resista el ataque de los cínicos. Es como armarse para la batalla. La poesía es una forma artística que transmite un significado vigoroso. Ni siquiera es como la música. La paradoja es que se ha de decir algo sin decirlo al mismo tiempo. Creo que los grandes poetas escriben sin saber lo que dicen. Detesto los poemas vacíos como meros juegos lingüísticos, pero el mensaje concreto es aburrido, no es poesía. Escribir poesía es un espacio angosto entre el decir algo y no decirlo.
P. Como en El muñeco de nieve de Wallace Stevens.
R. Cuando escribo un poema me aligero, me alegro, me libro de la gravedad, aunque nunca me han atraído las religiones exóticas. No soy teólogo ni mucho menos, sino un cristiano que detesta la iglesia polaca porque se ha vuelto provinciana y chauvinista. Hay quienes me consideran un poeta católico, pero es muy diferente escribir poemas que predicar. En la poesía se inventa ex nihilo.
P. Szymborska publicó su primer poema y más tarde fueron grandes amigos.
R. Ella inventó una nueva sensibilidad en la poesía. Era de una honradez a toda prueba. Creo que cuando descubrió con sus primeros poemas estalinistas que no estaba escribiendo la verdad había cometido un crimen contra la verdad al aliarse con los opresores. En cada poema posterior prima un escepticismo sin raíces filosóficas, sino fruto de su previa servidumbre ideológica. Tardé muchos años en comprender su defensa de la pureza en la poesía.
P. Aunque su propia sensibilidad es más próxima a la de Milosz o Herbert. Es notable que hayan coincidido un conjunto tan extraordinario de poetas en esos años en Polonia.
R. Es un milagro. Acaso la situación tras la guerra en Polonia propició que la poesía fuera la única patria pura. Según un chiste de la época, los perros checoslovacos cruzaban la frontera polaca para poder ladrar.
P. ¿Qué representación del espíritu tiene la poesía en estos tiempo turbulentos?
R. La poesía fue un arma muy poderosa durante el totalitarismo porque la poesía busca la verdad que consigue desmontar los subterfugios de la ideología. La poesía mató al comunismo. Ahora es mucho más difícil con el presente populismo difuso, que es una forma de semifascismo, porque la gente no respeta las palabras. Y no les importa la verdad.

Adam Zagajewski

Adam Zagajewski: "El nacionalismo puede descontrolarse y acabar siendo terrible"

El poeta Adam Zagajewski DIEGO SINOVA
"Me opongo a esta separación", ha afirmado el poeta Premio Princesa de Asturias de las Letras, Adam Zagajewski al ser preguntado en rueda de prensa este lunes por su opinión acerca del problema catalán. "Supongo que del siglo XX deberíamos aprender que el nacionalismo es como un incendio forestal. Destruye porque puede empezar de manera benigna y luego descontrolarse y acabar siendo terrible", ha explicado el premiado.
Para el polaco, "tenemos que entender esas emociones patrióticas y nacionalistas, pueden ser muy bonitas en ese espíritu apasionado y romántico", y ha añadido "pero también tienen características negativas, porque pueden acabar con Europa". Como solución, el poeta espera "que se pueda arreglar a través del diálogo en vez de con algún tipo de actuación antagonista".
El Premio Princesa de Asturias ha afirmado también "apoyar firmemente a la Unión Europea". Ha recordado sus años en Polonia, durante el gobierno comunista, y afirmó envidiar "esa Europa Occidental". "Nuestro sueño era formar parte de esa Europa", ha recordado. Formar parte de la Unión Europea "es un sueño que se ha hecho realidad". "En un futuro tenemos que encontrar la manera de combinar la unión política y la diversidad cultural", ha comentado el poeta.

Poemas de Adam Zagajewski:


Poemas de Adam Zagajewski

Canción del emigrado
En ciudades ajenas venimos al mundo
y las llamamos patria, mas breve es
el tiempo concedido para admirar sus muros y sus torres.
Caminamos de este a oeste, ante nosotros rueda
el gran aro del sol
ardiente, a través del cual, como en el circo,
salta ágilmente un león domado. En ciudades extrañas
contemplamos las obras de viejos maestros
y, sin asombro, en añejos cuadros vemos
nuestros propios rostros. Habíamos existido
antes, e incluso conocíamos el sufrimiento,
nos faltaban tan sólo las palabras. En la iglesia
ortodoxa de París los últimos rusos blancos,
encanecidos, rezan a Dios, varios lustros
más joven que ellos y, como ellos,
impotente. En ciudades ajenas
permaneceremos, como los árboles, como las piedras.


Versión de Elzbieta Bortkiewicz


Autorretrato
Entre ordenador, lápiz y máquina de escribir
se me pasa la mitad del día. Algún día se convertirá en medio siglo.
Vivo en ciudades ajenas y a veces converso
con gente ajena sobre cosas que me son ajenas.
Escucho mucha música: Bach, Mahler, Chopin, Shostakovich.
En la música encuentro la fuerza, la debilidad y el dolor, los tres elementos.
El cuarto no tiene nombre.
Leo a poetas vivos y muertos, aprendo de ellos
tenacidad, fe y orgullo. Intento comprender
a los grandes filósofos -la mayoría de las veces consigo
captar tan sólo jirones de sus valiosos pensamientos.
Me gusta dar largos paseos por las calles de París
y mirar a mis prójimos, animados por la envidia,
la ira o el deseo; observar la moneda de plata
que pasa de mano en mano y lentamente pierde
su forma redonda (se borra el perfil del emperador).
A mi lado crecen árboles que no expresan nada,
salvo su verde perfección indiferente.
Aves negras caminan por los campos
siempre esperando algo, pacientes como viudas españolas.
Ya no soy joven, mas sigue habiendo gente mayor que yo.
Me gusta el sueño profundo, cuando no estoy,
y correr en bici por caminos rurales, cuando álamos y casas
se difuminan como nubes con el buen tiempo.
A veces me dicen algo los cuadros en los museos
y la ironía se esfuma de repente.
Me encanta contemplar el rostro de mi mujer.
Cada semana, el domingo, llamo a mi padre.
Cada dos semanas me reúno con mis amigos,
de esta forma seguimos siendo fieles.
Mi país se liberó de un mal. Quisiera
que le siguiera aún otra liberación.
¿Puedo aportar algo para ello? No lo sé.
No soy hijo de la mar,
como escribió sobre sí mismo Antonio Machado,
sino del aire, la menta y el violonchelo,
y no todos los caminos del alto mundo
se cruzan con los senderos de la vida que, de momento,
a mí me pertenece.
Versión de Elzbieta Bortkiewicz

Maleta
Cracovia nublada por la mañana, las colinas humeaban.
En Múnich llovía, los Alpes, invisibles
y pesados, descansaban en los valles como piedras.
Hasta Atenas no vimos el sol que
provocó que el aire, todo el aire,
toda una inmensa flota de aire
se transformara en oro tembloroso.
Como dicen los escritores religiosos: de repente
me convertí en otra persona.
Soy tan sólo un turista en el mundo visible,
una de entre esas miles de sombras que
deambulan por las salas inmensas de los aeropuertos-
y detrás de mí como un perro fiel con sus pequeñas ruedas
tengo a mi maleta verde.
Soy tan sólo un turista distraído,
pero amo la luz.

martes, 17 de octubre de 2017

Novela sobre refufiados

“Vivimos un momento de histeria sobre la migración”

Se edita 'Bienvenidos a Occidente', novela del paquistaní Mohsin Hamid sobre una pareja de refugiados

Mohsin Hamid, en Madrid.
Mohsin Hamid, en Madrid.
Tras años de imágenes de refugiados y titulares alarmistas, Mohsin Hamid (Lahore, 1971) decidió escribir un relato futurista para mostrar que el mundo del "apocalipsis migratorio" que algunos temen no tiene por qué ser apocalíptico y que quienes pasan toda su vida en el mismo país no son distintos de los que la rehacen tras cada frontera. El resultado es Bienvenidos a Occidente (Reservoir Books), una de las seis finalistas del premio Man Booker, que se falla este martes, y cuarta novela de este escritor paquistaní que ha logrado una razonable popularidad, sobre todo en EE UU y en su país, gracias a Humo de mariposa (2000), El fundamentalista reticente (2007) y Cómo hacerse asquerosamente rico en el Asia emergente (2013), tres historias sobre identidad y diferencias sociales construidas de forma experimental.
Bienvenidos a Occidente narra la huida de una pareja de un país en guerra sin identificar a través de una serie de puertas mágicas que la trasladan a la isla griega de Mikonos, a Londres y a la costa californiana. "Las puertas son una fantasía, pero también remiten a la realidad tecnológica contemporánea, que hace desaparecer las distancias. No quise contar la travesía porque se ha convertido en una forma de mostrar a la gente como diferente. La puerta nos fuerza a centrarnos en la llegada, que debe ser el lugar de la política", explica Hamid en Madrid.
Al igual que en Cómo hacerse asquerosamente rico en el Asia emergente, Hamid optó por no especificar el lugar que abandonan Said y Nadia, ya desde la primera frase del libro: "En una ciudad repleta de refugiados, pero todavía relativamente en paz...". Por el contexto, viene a la mente cualquier urbe siria, pero Mohsin aclara que el retrato corresponde a Lahore, su ciudad natal, imaginada bajo los mismos horrores que padecieron Alepo, Sarajevo, Kabul, Bagdad, "o incluso Madrid y Gernika" durante la Guerra Civil. "No lo explicité porque quiero que los lectores imaginen que es su ciudad o una que hayan visto en las noticias. Y porque no quiero someter a mi ciudad a toda esa violencia, aunque sea en la ficción", añade.
Hamid no sintió que el momento actual le obligase como escritor a dar voz a los refugiados. De hecho, durante la entrevista apenas distingue entre refugiados -como los protagonistas de su novela- y migrantes. Sí quería, en cambio, abordar un tema que le toca de cerca. Cuando apenas tenía tres años su familia se mudó a Baja California. Seis después volvió a Pakistán. Con 18 se fue a estudiar a EE UU y trabajó en Nueva York hasta que, ya en la treintena, se mudó a Londres. En 2009 regresó a Lahore: "Soy bastante migrante, por lo que me tomo de forma personal las actitudes negativas hacia los migrantes". "La historia de la migración es eterna, pero la histeria sobre la migración va y viene. Y este es un momento de histeria. En parte porque no vemos un futuro deseable, así que nos vemos seducidos por la política de la nostalgia. 'Hacer América grande de nuevo', el eslogan de Trump, es nostálgico. También el del Brexit, 'Recuperar el control', o el de ISIS, 'Reconstruir el califato'. Y, en este momento de nostalgia, el miedo al cambio es tan intenso que es importante resistir, y parte de ello es imaginar una pesadilla y ver que quizás no es una pesadilla", argumenta.
A menudo, cuando un personaje musulmán de ficción profundiza en su fe es para narrar su proceso de radicalización hacia el yihadismo. Aquí solo muestra la búsqueda de Said de paz interior en un momento convulso. “La religión es la respuesta a la crisis existencial de saber que vamos a morir”, explica Hamid.
La novela, de 171 páginas, incluye breves historias digresivas, situadas en otras partes del mundo, que el autor deja sin desarrollar. Son, dice, "pinceladas puntillistas" para reflejar una idea que considera importante: "Como migrante, he aprendido que todo el mundo lo es. Por eso quería escribir un libro en el que el migrante no fuese tratado como diferente. Imagínate una mujer madrileña de 80 años que vive toda la vida en el mismo apartamento. Cuando nació, España estaba en guerra civil. Como adolescente y más tarde, su país estaba bajo una dictadura. Luego vivió cómo España entraba en la UE, crecía muy rápido y la ciudad cambiaba por completo. Con 60 años vio llegar a personas desde Marruecos o Guatemala, a los jóvenes llevar tatuajes y piercings, y a un chico o a una chica besarse en la calle con alguien de su mismo sexo... Seguro que hoy, cuando sale de casa, se siente como una extranjera. Todos somos migrantes en el tiempo".
COMRPA ONLINE 'BIENVENIDOS A OCCIDENTE'
Autor: Mohsin Hamid.
Editorial: Reservoir Books (2017).
Formato: eBook y tapa dura (176 páginas).