jueves, 29 de junio de 2017

Para seguir reflexionando


Para la reflexión...

Cadenas y sueños Miguel Ángel Santos Guerra

La escuela no es un conglomerado de clases particulares o intereses individuales. Debería tener más capacidad para crear proyectos atractivos. El criterio de adscripción al centro, además, debería ser más racional y educativo.

Cuando ya tenemos al profesor bien seleccionado, bien formado y dispuesto a trabajar, debemos situarlo en una organización que le ayude y no en un contexto que lo asfixie. La organización escolar tiene una gran importancia porque es el lugar donde se lleva a la práctica la acción educativa tras un proyecto colegiado. Hace muchos años escribí un libro titulado Cadenas y sueños. El contexto organizativo de la escuela. La organización puede ser una cadena que nos aherroja o un estímulo para alimentar los sueños más ambiciosos de mejora.
Me preocupa mucho el hecho de que profesionales bien formados y bien seleccionados que entran como noveles en las instituciones escolares sean engullidos por una cultura asentada en las rutinas, en la pereza y en el pesimismo.
La institución es la unidad funcional de planificación, de acción, de innovación y de evaluación. Una escuela no es un conglomerado de clases particulares. No es un conjunto de ideas, planes y acciones individualistas. En una escuela es fundamental tener fines compartidos y desarrollar actitudes cooperativas. No hay alumno que se resista a diez profesores que estén de acuerdo.
Se trata de una institución heterónoma. Alguien ha dicho que las escuelas son organizaciones paralíticas porque no se pueden mover por sí mismas. Tienen excesivas prescripciones. Creo que las escuelas deberían disfrutar de más autonomía para hacer un proyecto rico, atractivo y adaptado a las necesidades del contexto.
La institución escolar debe elaborar un proyecto de manera colegiada, para lo cual tiene que instalar en su seno estructuras de participación eficaces. Y luego tiene que garantizar una buena coordinación vertical, horizontal e integral. Los libros ingleses que estudian la organización escolar dicen que son instituciones “loosely coupled”, es decir, débilmente articuladas. En efecto, si una fábrica de coches, cualquiera de ellas, descubre a las 5 de la tarde que el departamento que hace el chasis del coche está dejando unos huecos para las puertas más pequeños que las puertas que hace otro departamento, ¿cuánto tiempo tardaría en solucionar la descoordinación? Está muy claro: ni un segundo. Sin embargo, ¿cuándo tarda una escuela en solucionar la descoordinación entre lo que hace el profesor de 1º y de 2º de una asignatura? Hasta que se jubile uno de los dos.
No es fácil resistirse al poder de mayorías unánimes instaladas en el mercenariado. Son de sobra conocidos los experimentos de Asch sobre la influencia de mayorías unánimes sobre individuos discrepantes. La mayoría unánime hace que el individuo discrepante modifique sus percepciones, sus juicios y sus expresiones.
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La cultura institucional es el caldo de cultivo en el que va a crecer o en el que va a agostarse el joven profesional. Hay culturas escolares en las que es muy difícil que prospere la ilusión y el entusiasmo del joven docente.
Hay climas en los que difícilmente surge una innovación porque rápidamente es sofocada por aquellos y aquellas que tienen como lema de su actividad profesional la pereza. “Pudiendo no hacer nada, ¿por qué vamos a hacer algo?”, se dicen. Y fagocitan al innovador porque de alguna manera está poniendo en cuestión su actitud. Como no pueden desmontar argumentalmente la propuesta, destruyen a quien la hace.
Parte la solución de crear verdaderas comunidades de enseñantes en torno a proyectos educativos potentes. El claustro no debería ser el resultado amalgamado a que da lugar el conjunto de intereses particulares. Los criterios de adscripción a los centros deberían ser más racionales y más educativos. Deberían primar los criterios tendentes a la formación de grupos cohesionados y fraguados en un proyecto de escuela al servicio de la comunidad.
Y, una vez formado ese grupo humano, habría que buscar su estabilidad. Un proyecto sólido, rico y eficaz no se consolida en un tiempo breve. Es una pena que año tras año se produzca una emigración de la plantilla y una inmigración a la misma que dificultan la continuidad.
Cuando se planifica para el curso siguiente quienes van a irse apenas si tienen interés y valentía para participar. Hablo de interés porque están sugiriendo ideas para una realidad que no va a ser la suya y hablo de valentía porque algunos que se quedan, de forma un tanto cicatera, dicen:
-Tú te callas, que no vas a estar aquí el próximo año.
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Aunque volveré a este tema en un artículo posterior, quiero dejar constancia de la importancia que tiene un director o una directora en el buen funcionamiento de la institución escolar. Institución que, por naturaleza, tiene un carácter optimista. Belén Varela publicó no hace mucho un libro titulado La rebelión de las moscas. Principios, pautas y estrategias para las organizaciones optimistas”. En él dice, cuando se refiere a los lideres de estas organizaciones: “El perro controla el rebaño, pero el rebaño no lo sigue”. Creo que el director de una institución escolar ha de tener verdadera autoridad. La palabra autoridad proviene del verbo latino auctor, augere, que significa hacer crecer. Tiene autoridad educativa quien ayuda a crecer.

Educar en tiempos revueltos, con Santos Guerra


Miguel Ángel Santos Guerra , un sabio para la Educación

martes, 27 de junio de 2017

Esta es mi propuesta sobre Literatura y Cine chino para mayores


Otro libro que todo el mundo debería leer


Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo

LITERATURA RANDOM HOUSE, Marzo 2017
«En lugar de enseñarle a tu hija a agradar, enséñale a ser sincera. Y amable. Y valiente. Anímala a decir lo que piensa, a decir lo que opina en realidad, a decir la verdad. [...] Dile que, si algo la incomoda, se queje, grite.»
Comprar en:

Sinopsis

El feminismo empieza en la educación. Con su voz cálida y directa, Chimamanda Ngozi Adichie dirige esta emotiva carta a una joven madre que acaba de dar a luz. En sus quince consejos, reivindica la formación de nuestros hijos en la igualdad y el respeto, el amor por los orígenes y la cultura. Una invitación a rechazar estereotipos, a abrazar el fracaso y a luchar por una sociedad más justa. Una bella misiva con reflexiones tan honestas como necesarias que conquistará por igual a madres, padres, hijos e hijas.
Reseñas:
«Una pensadora y escritora extraordinariamente autoconsciente con la capacidad de criticar nuestra sociedad sin burla ni condescendencia ni polémicas impostadas.»
The New York Times
«Adichie es una narradora con un estilo claro y sugerente, sin tiempos muertos, de las que enganchan desde el principio de la frase.»
El País
«Una de las escritoras africanas más prometedoras de su generación.»
The Guardian
«Sensible y emocionante.»
Vogue

Ficha técnica

  • Título: Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo
  • Autor (es): Chimamanda Ngozi Adichie
  • Traductor:  
  • Sello: LITERATURA RANDOM HOUSE
  • Precio sin IVA: 2.47 €
  • Precio con IVA: 2.99 €
  • Fecha publicación: 03/2017
  • Idioma: Español
  • Formato, páginas: E-BOOK EPUB, 0
  • Medidas:   mm
  • ISBN: 9788439732716
  • EAN:  
  • Temáticas: Política y actualidad, Humanidades
  • Colección: Literatura random house
  • Edad recomendada: Adultos

Todos deberíamos ser feministas, otro bello libro para reflexionar


Videocrítica | Carlos Pardo comenta 'Todos deberíamos ser feministas' de Chimamanda Ngozi Adichie.
Las feministas son mujeres infelices porque no encuentran marido, el feminismo es antiafricano, las feministas están siempre enfadadas y no usan desodorante. Tales tópicos, oídos de una forma más o menos velada pero con persistencia, llevan a la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie (1977) a definirse al comienzo de este librito como “feminista feliz africana que no odia a los hombres y a quien le gusta llevar pintalabios y tacones altos para sí misma y no para los hombres”. Y es que el término feminista es uno de los más cargados de connotaciones negativas que existen, lo que quizá sea la demostración más evidente de que el “feminismo” (el feminismo que busca sus propias estrategias y no se deja manipular por unas reglas del juego y unos usos lingüísticos que hacen trampa ya antes de que comience la partida) sigue siendo una bandera por la que luchar desde múltiples ámbitos. Un problema de “derechos humanos”, pero, como recalca Adichie, un problema “específico”.
Chimamanda Ngozi Adichie, en la Feria del Libro de Fráncfort en 2014ampliar foto
Chimamanda Ngozi Adichie, en la Feria del Libro de Fráncfort en 2014 AFP
En esta breve conferencia hoy convertida en libro, Adichie no solo se conforma con enumerar los micromachismos cotidianos a los que parece abocarnos una concepción descafeinada del asunto: los camareros siempre esperan que paguen ellos, las mujeres se ocupan de labores del hogar y ceden un poco en su carrera profesional para mantener la paz doméstica. También combina datos objetivos (un 52% de la humanidad son mujeres, pero “cuanto más arriba llegas, menos mujeres hay”, y cobran menos por los mismos trabajos), relata anécdotas que recuerdan a la extrañeza empática de sus novelas (la mujer negra que entra sola en un hotel de Nigeria y es tomada por una prostituta) y, sobre todo, se centra en la estructura de nuestro pensamiento, en la educación. Por ejemplo, la niña que saca la mejor nota de clase porque aspira a ser delegada, pero a la profesora se le olvida matizar que sólo los niños varones pueden serlo: “Si hacemos algo una y otra vez, acaba siendo normal. Si vemos la misma cosa una y otra vez, acaba siendo normal. Si sólo los chicos llegan a monitores de clase, al final llegará el momento en que pensemos, aunque sea de forma inconsciente, que el monitor de clase tiene que ser un chico. Si solo vemos hombres presidiendo empresas, empezará a parecernos natural que solo haya hombres presidentes de empresas”. Porque para Adichie lo realmente peligroso de este concepto esencialista de la diferencia entre mujeres y hombres, disfrazado casi siempre de virtudes positivas (sentimiento, dulzura…), es que “prescribe cómo tenemos que ser, en vez de reconocer cómo somos. […] Chicos y chicas son biológicamente distintos, pero la socialización exagera las diferencias”.
Ahora nos preguntaremos qué nos aporta la visión de una escritora nigeriana que no quiere salirse de su contexto africano, sino que se reafirma en algunas costumbres sociales que los españoles creemos superadas. Lo primero, la demostración de la pervivencia de una estructura machista en cualquier sociedad, por muy desarrollada que se piense. El machismo no es sólo el pasado histórico. Es también el pasado vital, es decir, nuestra infancia. Pero también nuestro presente: segregación en las escuelas apoyada por algunos Gobiernos, la violencia machista en grupos de personas cada vez más jóvenes. Así que no es extraño que esta conferencia dictada para el TEDxEuston en 2012 parezca hablarnos a los españoles de ahora.
Feminista feliz y que no odia a los hombres
Adichie es una narradora con un estilo claro y sugerente, sin tiempos muertos, de las que enganchan desde el principio de la frase. Lo ha demostrado en las tres novelas escritas en inglés (desde los 19 años vive entre Estados Unidos y Nigeria) que la han hecho célebre: La flor púrpura (2005),Medio sol amarillo (2007) y la ambiciosa historia de amor y colonización, entre Lagos y Brooklyn, que es Americanah (2013). Parecería que los escritores llamados poscoloniales (algunos africanos de su generación como Teju Cole o Binyavanga Wainaina) están llamados a dar, desde lo local, la medida del mundo en el que vivimos con una complejidad y lucidez que uno envidia en otros países colonizadores y colonizados a un tiempo, como el nuestro.
La Kirkus Reviews dijo de Todos deberíamos ser feministas que era una lectura obligatoria para estudiantes y profesores. Lo es como invitación a pensar en la vigencia del feminismo. Y si uno quiere una lectura más profunda de la estructura violenta del género o de la base machista de nuestra cultura, puede continuarlo con Judith Butler (Dar cuenta de sí mismo) o Silvia Federici (Calibán y la bruja).
Pero este libelo es sobre todo una invitación a la lectura de las novelas de la propia Adichie, por ejemplo esa joya que es Americanah.
Todos deberíamos ser feministas. Chimamanda Ngozi Adichie. Traducción de Javier Calvo. Literatura Random House. Barcelona, 2015. 62 páginas. 4,90 euros.

Un libro interesante para conoer aspectos de la cultura china desde la óptica de una asturiana

María Piernavieja presenta 'Grand Felicity', libro en el que narra su vida en Taiwán

María Piernavieja, en la presentación de 'Grand Felicity'.
María Piernavieja, en la presentación de 'Grand Felicity'. / MARIETA
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El 'Grand Felicity' fue un barco taiwanés que llegó a Gijón a comienzos de los años 80, sus marineros se pusieron en huelga y tuvieron que quedarse un tiempo. Uno de ellos conquistó el corazón de una asturiana que, con tan solo 18 años, decidió romper las amarras con España, e irse a las islas Pescadores, entre China y Taiwán. Hoy, 30 años después, 'Grand Felicity' es el título que María Piernavieja, aquella gijonesa que emprendió la aventura, ha escogido para contar sus vivencias de aquel tiempo, cuando se convirtió en la única occidental en un paraje rural, donde crió a su primer hijo y se las arregló para aprender chino y comunicarse. El libro, editado por Crisol, nació como un blog, y ayer fue presentado por su autora en el Hotel Palacio de Ferrera.