martes, 27 de junio de 2017

Esta es mi propuesta sobre Literatura y Cine chino para mayores


Otro libro que todo el mundo debería leer


Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo

LITERATURA RANDOM HOUSE, Marzo 2017
«En lugar de enseñarle a tu hija a agradar, enséñale a ser sincera. Y amable. Y valiente. Anímala a decir lo que piensa, a decir lo que opina en realidad, a decir la verdad. [...] Dile que, si algo la incomoda, se queje, grite.»
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Sinopsis

El feminismo empieza en la educación. Con su voz cálida y directa, Chimamanda Ngozi Adichie dirige esta emotiva carta a una joven madre que acaba de dar a luz. En sus quince consejos, reivindica la formación de nuestros hijos en la igualdad y el respeto, el amor por los orígenes y la cultura. Una invitación a rechazar estereotipos, a abrazar el fracaso y a luchar por una sociedad más justa. Una bella misiva con reflexiones tan honestas como necesarias que conquistará por igual a madres, padres, hijos e hijas.
Reseñas:
«Una pensadora y escritora extraordinariamente autoconsciente con la capacidad de criticar nuestra sociedad sin burla ni condescendencia ni polémicas impostadas.»
The New York Times
«Adichie es una narradora con un estilo claro y sugerente, sin tiempos muertos, de las que enganchan desde el principio de la frase.»
El País
«Una de las escritoras africanas más prometedoras de su generación.»
The Guardian
«Sensible y emocionante.»
Vogue

Ficha técnica

  • Título: Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo
  • Autor (es): Chimamanda Ngozi Adichie
  • Traductor:  
  • Sello: LITERATURA RANDOM HOUSE
  • Precio sin IVA: 2.47 €
  • Precio con IVA: 2.99 €
  • Fecha publicación: 03/2017
  • Idioma: Español
  • Formato, páginas: E-BOOK EPUB, 0
  • Medidas:   mm
  • ISBN: 9788439732716
  • EAN:  
  • Temáticas: Política y actualidad, Humanidades
  • Colección: Literatura random house
  • Edad recomendada: Adultos

Todos deberíamos ser feministas, otro bello libro para reflexionar


Videocrítica | Carlos Pardo comenta 'Todos deberíamos ser feministas' de Chimamanda Ngozi Adichie.
Las feministas son mujeres infelices porque no encuentran marido, el feminismo es antiafricano, las feministas están siempre enfadadas y no usan desodorante. Tales tópicos, oídos de una forma más o menos velada pero con persistencia, llevan a la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie (1977) a definirse al comienzo de este librito como “feminista feliz africana que no odia a los hombres y a quien le gusta llevar pintalabios y tacones altos para sí misma y no para los hombres”. Y es que el término feminista es uno de los más cargados de connotaciones negativas que existen, lo que quizá sea la demostración más evidente de que el “feminismo” (el feminismo que busca sus propias estrategias y no se deja manipular por unas reglas del juego y unos usos lingüísticos que hacen trampa ya antes de que comience la partida) sigue siendo una bandera por la que luchar desde múltiples ámbitos. Un problema de “derechos humanos”, pero, como recalca Adichie, un problema “específico”.
Chimamanda Ngozi Adichie, en la Feria del Libro de Fráncfort en 2014ampliar foto
Chimamanda Ngozi Adichie, en la Feria del Libro de Fráncfort en 2014 AFP
En esta breve conferencia hoy convertida en libro, Adichie no solo se conforma con enumerar los micromachismos cotidianos a los que parece abocarnos una concepción descafeinada del asunto: los camareros siempre esperan que paguen ellos, las mujeres se ocupan de labores del hogar y ceden un poco en su carrera profesional para mantener la paz doméstica. También combina datos objetivos (un 52% de la humanidad son mujeres, pero “cuanto más arriba llegas, menos mujeres hay”, y cobran menos por los mismos trabajos), relata anécdotas que recuerdan a la extrañeza empática de sus novelas (la mujer negra que entra sola en un hotel de Nigeria y es tomada por una prostituta) y, sobre todo, se centra en la estructura de nuestro pensamiento, en la educación. Por ejemplo, la niña que saca la mejor nota de clase porque aspira a ser delegada, pero a la profesora se le olvida matizar que sólo los niños varones pueden serlo: “Si hacemos algo una y otra vez, acaba siendo normal. Si vemos la misma cosa una y otra vez, acaba siendo normal. Si sólo los chicos llegan a monitores de clase, al final llegará el momento en que pensemos, aunque sea de forma inconsciente, que el monitor de clase tiene que ser un chico. Si solo vemos hombres presidiendo empresas, empezará a parecernos natural que solo haya hombres presidentes de empresas”. Porque para Adichie lo realmente peligroso de este concepto esencialista de la diferencia entre mujeres y hombres, disfrazado casi siempre de virtudes positivas (sentimiento, dulzura…), es que “prescribe cómo tenemos que ser, en vez de reconocer cómo somos. […] Chicos y chicas son biológicamente distintos, pero la socialización exagera las diferencias”.
Ahora nos preguntaremos qué nos aporta la visión de una escritora nigeriana que no quiere salirse de su contexto africano, sino que se reafirma en algunas costumbres sociales que los españoles creemos superadas. Lo primero, la demostración de la pervivencia de una estructura machista en cualquier sociedad, por muy desarrollada que se piense. El machismo no es sólo el pasado histórico. Es también el pasado vital, es decir, nuestra infancia. Pero también nuestro presente: segregación en las escuelas apoyada por algunos Gobiernos, la violencia machista en grupos de personas cada vez más jóvenes. Así que no es extraño que esta conferencia dictada para el TEDxEuston en 2012 parezca hablarnos a los españoles de ahora.
Feminista feliz y que no odia a los hombres
Adichie es una narradora con un estilo claro y sugerente, sin tiempos muertos, de las que enganchan desde el principio de la frase. Lo ha demostrado en las tres novelas escritas en inglés (desde los 19 años vive entre Estados Unidos y Nigeria) que la han hecho célebre: La flor púrpura (2005),Medio sol amarillo (2007) y la ambiciosa historia de amor y colonización, entre Lagos y Brooklyn, que es Americanah (2013). Parecería que los escritores llamados poscoloniales (algunos africanos de su generación como Teju Cole o Binyavanga Wainaina) están llamados a dar, desde lo local, la medida del mundo en el que vivimos con una complejidad y lucidez que uno envidia en otros países colonizadores y colonizados a un tiempo, como el nuestro.
La Kirkus Reviews dijo de Todos deberíamos ser feministas que era una lectura obligatoria para estudiantes y profesores. Lo es como invitación a pensar en la vigencia del feminismo. Y si uno quiere una lectura más profunda de la estructura violenta del género o de la base machista de nuestra cultura, puede continuarlo con Judith Butler (Dar cuenta de sí mismo) o Silvia Federici (Calibán y la bruja).
Pero este libelo es sobre todo una invitación a la lectura de las novelas de la propia Adichie, por ejemplo esa joya que es Americanah.
Todos deberíamos ser feministas. Chimamanda Ngozi Adichie. Traducción de Javier Calvo. Literatura Random House. Barcelona, 2015. 62 páginas. 4,90 euros.

Un libro interesante para conoer aspectos de la cultura china desde la óptica de una asturiana

María Piernavieja presenta 'Grand Felicity', libro en el que narra su vida en Taiwán

María Piernavieja, en la presentación de 'Grand Felicity'.
María Piernavieja, en la presentación de 'Grand Felicity'. / MARIETA
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El 'Grand Felicity' fue un barco taiwanés que llegó a Gijón a comienzos de los años 80, sus marineros se pusieron en huelga y tuvieron que quedarse un tiempo. Uno de ellos conquistó el corazón de una asturiana que, con tan solo 18 años, decidió romper las amarras con España, e irse a las islas Pescadores, entre China y Taiwán. Hoy, 30 años después, 'Grand Felicity' es el título que María Piernavieja, aquella gijonesa que emprendió la aventura, ha escogido para contar sus vivencias de aquel tiempo, cuando se convirtió en la única occidental en un paraje rural, donde crió a su primer hijo y se las arregló para aprender chino y comunicarse. El libro, editado por Crisol, nació como un blog, y ayer fue presentado por su autora en el Hotel Palacio de Ferrera.

domingo, 25 de junio de 2017

FELIZ EID AL FITR A TODOS LOS MUSULMANES Y MUSULMANAS


Ojalá que antes del próximo Ramadán acabe la guerra en Siria y los pueblos se unan en esta bella fiesta en la que prima compartir comida, alegría,  perdón, y solidaridad.

EL RAMADAN PARA LOS REFUGIADOS

Comida del Iftar trae el espíritu del Ramadán a los refugiados en dificultades

En el Líbano y Jordania, el suministro de comidas diarias da un sentido de comunidad a los refugiados que ayunan durante el mes sagrado del Ramadán.
VALLE DE LA BECÁ, Líbano, 23 de junio de 2017 (ACNUR) - A medida que el sol se esconde, la cocina del Ramadán en el fértil Valle de la Becá, Líbano, es una colmena de actividad, zumbando con los sonidos de ollas y sartenes, comida envasada en recipientes de plástico, y la risa y las pláticas de cientos de cocineros y voluntarios.
En un asentamiento cercano vive Mona, de 52 años, madre siria de siete hijos, que huyó de los combates en Homs hace tres años. Ella y su familia están fuera de su albergue de madera contrachapada esperando la furgoneta de Ramadan Kitchen que traerá su comida nocturna iftar, marcando la ruptura de su ayuno diario.
El mes sagrado del Ramadán, que se espera que concluya el domingo con la fiesta de Eid al-Fitr, es tradicionalmente un tiempo de reflexión y encuentro entre familias y comunidades en todo el mundo musulmán, así como un tiempo de actos de solidaridad y generosidad.
Líbano cuenta con una población de tan solo 5,9 millones de personas, y actualmente alberga 1,01 millones de refugiados sirios. Allí la ONG SAWA para el Desarrollo y la Ayuda estableció la cocina del Ramadán en 2014 para proporcionar comidas a miles de refugiados y personas necesitadas todos los días durante el mes sagrado.
La cocina se financia principalmente a través de donaciones individuales de caridad durante el Ramadán, y cuenta con un ejército de hasta 100 cocineros y ayudantes cada día, incluyendo voluntarios locales y refugiados sirios.
“Me encanta ayudar a las personas. No me gusta ver a las personas en necesidad, independientemente de su nacionalidad”, dice Doaa Rhim, una libanesa de 24 años que ha trabajado en la cocina durante los últimos dos años. También trabaja como profesora voluntaria en una escuela informal cercana para niños sirios refugiados.
“Vengo a la cocina todos los días después de clase en el autobús que trae a los niños, para hacer todo lo posible para ayudar, desde lavar las verduras, cocinar o incluso empacar”, agregó Doaa.
“Me encanta ayudar a las personas. No me gusta ver a las personas en necesidad, independientemente de su nacionalidad”.
La camioneta se estaciona fuera del albergue de Mona y ofrece la comida del día, que incluye dátiles, pasteles de carne y ensalada, y un plato principal de arroz cubierto con pollo y nueces.
Con el 71 por ciento de los refugiados sirios en el Líbano viviendo por debajo de la línea de pobreza y más de un tercio sufriendo inseguridad alimentaria de moderada a severa, Mona dijo que las comidas que reciben ayudan a dar un sentido de normalidad a la familia durante el mes de Ramadán.
Elham (izquierda) y su hija Raghed (derecha) son de Saná, en Yemen. Rompen el ayuno del Ramadán en la Sociedad de Huérfanos de Al Amal, en Amán, Jordania. © ACNUR / Benoit Almeras
“Es esencial para nosotros recibir esta comida ya hecha y entregada directamente a nosotros, especialmente cuando no podemos costear cocinar”.
Mientras que los países vecinos de Siria son actualmente el hogar de más de cinco millones de refugiados de los seis años de conflicto, la región también acoge a refugiados de otras partes del mundo musulmán.
A principios de esta semana en la capital jordana, Amán, refugiados y solicitantes de asilo de Yemen, Sudán, Somalia y Eritrea se reunieron una tarde para compartir un iftar de platos nacionales que habían preparado. El evento se llevó a cabo en un centro comunitario local dirigido por el ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados y la ONG International Relief and Development.
Elham llegó a Jordania hace cuatro meses con su hija Raghad, de 10 años, que huyó de los combates en la capital de Yemen, Saná. Mientras se sentaba a charlar y comer con otras mujeres en el cálido patio, Elham describió lo que ella y su hija habían soportado el año anterior.
“En el último Ramadán no teníamos electricidad ni mucha comida, y había misiles pasándonos por encima”.
"En el último Ramadán no teníamos electricidad ni mucha comida, y había misiles pasándonos por encima. A veces, justo cuando estábamos a punto de romper nuestro ayuno, escuchaba un misil y tenía que correr para cubrirnos, temiendo por la vida de mi hija”, dijo.
Mientras pasaba los pasteles dulces llenos de queso blando que ella había hecho, Elham dijo que reunirse con otras personas para Iftar había ayudado a traer recuerdos más felices de los últimos Ramadán.
“Esta noche es algo más especial de lo habitual, y me encantó probar los alimentos de diferentes países”, dijo. “Cuando llegue el próximo Ramadán, donde quiera que estemos, espero que mi hija vaya a la escuela otra vez, y tal vez pueda continuar mis estudios universitarios en alguna parte”.

Por Lisa Abou Khaled y Rima Cherri
(Reporte adicional de Charlie Dunmore en Amán, Jordania)

Final del ramadán, hoy.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/medina-en-tve/medina-tve-fiesta-del-eid-fitr/4080551/


Junta Islámica y Webislam felicitan a todos los musulmanes por el Eid Al-Fitr 2017

Hoy, 25 de junio de 2017, musulmanes de todo el mundo celebran el final del Ramadán y concluyen con el pilar del ayuno

25/06/2017 - Autor: Webislam - Fuente: Redacción WI
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Felicitación de Eid Al-Fitr 2017/1438
Felicitación de Eid Al-Fitr 2017/1438
La puesta de sol del 24 de junio de 2017 marcó el final el ciclo del ayuno, a la vez que el nacimiento de la luna nueva designó el final del bendito mes de Ramadán, momento en el que se desata una ola de júbilo y alegría a lo largo y ancho de la umma del islam, que hoy se viste con sus mejores galas para la importante festividad del Eid al-Fitr, cuyo celebración se anunció para este domingo, 25 de junio de 2017.
Con ocasión de esta remarcable festividad, los musulmanes se congregan en comunidad, ya sea en mezquitas, plazas o explanadas al aire libre, para conmemorar la culminación del ciclo del ayuno mediante una oración especial que se realiza por la mañana temprano.
La privación de nuestro alimento durante la luz del día a lo largo de este mes nos ha recordado que nuestra vida en este mundo no es sino un ayuno aún mayor, que somos seres dependientes, creados, originados, con un nacimiento, una muerte y una resurrección.
Recordamos que el ayuno de Ramadán es una i‘bada, una forma profunda de adoración, de oración interior que hacemos con todo nuestro ser, con nuestros cuerpos evidentes y con nuestras almas inconclusas, sostenidos en todo momento por el Aliento de al-Rahman, nuestro Dios inhallable, nuestro Dios velado en nuestra visión.
El ayuno nos ha ayudado a recobrar nuestro sentir del mundo. Ha aguzado nuestras percepciones y ha refinado nuestros pensamientos. Nos ha servido para poder valorar en un sentido más cierto nuestras vidas, para poder recuperar el placer y el contento del ánimo.
Pedimos sinceramente a Allah que nos haga más conscientes de Él, que nos agracie con Su Recuerdo, que llene de sentido nuestra vidas, que incremente nuestra alegría y que nos haga ser humildes, y que nos muestre la gloria de nuestro amado Muhammad (paz y bendiciones sean sobre él), y que le bendiga y le colme de Sus mejores luces, y de la más pura de Su Misericordia, de Su mayor Misericordia.
La fiesta del Fitr es la recompensa de Dios para aquellos que ayunan durante el Sagrado mes de Ramadán. Es una celebración de agradecimiento a Allah por darnos la oportunidad y la fuerza de llevar a cabo sus órdenes en el mes bendito de Ramadán, que ahora concluye. Es también, sin duda, el día de las recomendaciones, unidad, tolerancia y solidaridad.
Queremos compartir la alegría que todo ello conlleva, la aportación de sentido inmediato y humano.
Feliz Eid al-Fitr 2017

Como viven el Ramadán en España

Cómo es la vida de una familia musulmana en España durante el Ramadán

Él es un diplomático egipcio y ella una trabajadora social española, pero ambos son musulmanes y respetan el ayuno durante este mes.

11/06/2017 10:03 CEST | Actualizado 16/06/2017 12:48 CEST
CARLOS PINA
Hisham Kira y Luz Llano.
Hisham y Luz reciben a sus invitados con una bandeja de dulces egipcios y dos vasos de karkadé, una infusión de hibisco muy popular en Oriente Medio. Sin embargo, ellos no probarán ni un bocado ni un sorbo hasta que caiga la noche. Estamos en Ramadán, el mes de ayuno para los musulmanes, y esta pareja lo respeta tanto como la hospitalidad que caracteriza a la cultura del islam.
Los dos forman parte del millón ochocientos mil musulmanes que viven en España. Él es diplomático originario de El Cairo y ella, trabajadora social española. Se conocieron hace varias décadas en España y, tras largas conversaciones, Luz, que por aquel entonces era monja y volvía de Perú, se convirtió al islam. Entonces empezó a estudiar esta religión y vio que no sólo "compartía valores con la católica", sino que además profundizaba en ellos y eliminaba intermediarios. "En el islam somos Dios y yo", cuenta desde el sofá de su casa en una urbanización de Alcalá de Henares (Madrid).
Nada más agradecer "que los periodistas se interesen por estos temas", Luz lamenta "la ignorancia supina" que tiene la gente sobre el islam y los musulmanes. Para empezar, ella no lleva velo ni va cubierta hasta los pies, como tampoco se cubría la madre de Hisham en su Egipto natal, recalca él. Luego, está la confusión de los términos, que explica Hisham: "Musulmanes y árabes no son sinónimos; 'musulmán' hace referencia a la religión islámica y somos unos 2.000 millones y 'árabe' tiene más que ver con la raza y la geografía —con los habitantes de la Península Arábiga— y son unos 300 millones". Pero quizá el prejuicio más dañino sea el que asocia al islam con el terrorismo. "La gente no se da cuenta de que el terrorismo tiene sus raíces en la política y la economía, y no en la religión", critica Luz.

CARLOS PINA
Hisham recita unos versos del Corán en su versión en español. Para él, lo más duro del Ramadán es "la sed" y lo más gratificante, "el momento de romper el ayuno". "Es un instante felicísimo", cuenta.
Aprovechando que es el Ramadán, que este año comenzó el 27 de mayo y se prolonga durante 30 días, les preguntamos por su práctica. "El Ramadán es fiesta, es estar con la familia", afirman ambos. "Tiene dos partes: una religiosa, que incluye el ayuno durante las horas de luz y los rezos, y otra social, que consiste en compartir", especifica Hisham.
El Ramadán es fiesta, es estar con la familia.
Concretamente, el Ramadán es el noveno mes del calendario lunar, que rige el calendario islámico, y celebra el momento en el que el Corán fue revelado al Profeta Muhammad (o Mahoma, en castellano). Pero Hisham y Luz tienen una explicación más didáctica: "En el Ramadán no hay diferencia entre el rey y el esclavo. El rico experimenta durante el día cómo se siente el pobre y el pobre se pone en el lugar del rico al caer la noche, porque todo el mundo los invita a comer".

CARLOS PINA
Luz se cubre la cabeza y el cuerpo con una especie de túnica para las oraciones. Ambos rezan juntos y en casa siempre que pueden: "Nuestra mezquita es nuestra casa".
La familia, después de haber vivido en diferentes países, reconoce que en España echa de menos la parte social del Ramadán y, en algunos casos, la empatía de la gente. "En Egipto se vive como aquí las Navidades, sólo que la fiesta es en las calles; se montan mesas y en el iftar (el desayuno tras la puesta de sol) participa todo el mundo", cuenta Hisham. También han vivido el Ramadán en Paquistán, donde se celebra "más entre tribus y comunidades", y en Ecuador, donde aseguran que la gente mostraba "más tolerancia, amabilidad y respeto" que en España, e incluso practicaron alguna vez el ayuno con ellos.
En Egipto se vive como aquí las Navidades, sólo que la celebración es en las calles.
En España, por el contrario, se han encontrado con "algunas dificultades" por el hecho de ser musulmanes. Sus hijos, de 20 y 22 años, tuvieron que aguantar "burlas" cuando iban al colegio y varias bromas de mal gusto, como "petardos y cacas de perro" en el buzón de su casa. "Es difícil y lo han pasado mal, pero son muy maduros, tienen la mente abierta y son muy comprometidos", comenta su madre.
Ella misma también ha sufrido algún contratiempo en el trabajo —"le llamaron 'mora', tuvo un traslado injusto, hasta sus compañeros se manifestaron para defenderla", cuenta su marido—, pero a día de hoy está contenta y asegura que no le cuesta demasiado compaginar sus turnos de noche como trabajadora social con el ayuno del Ramadán.

CARLOS PINA
A Luz, que también adoptó el nombre de Noor en árabe por traducción del original, le "entristece que no todo el mundo entienda el Ramadán". Para ella, lo más satisfactorio de estas fechas es "el primer trago de líquido del día y el darte cuenta de que puedes hacerlo".
De acuerdo con los datos facilitados por Sami El Mushtawi, jefe del Departamento de Cultura del Centro Cultural Islámico de Madrid, los casi dos millones de musulmanes en España "practican el ayuno, ya que se trata del tercer pilar del islam y lo cumplen todos a excepción de enfermos o personas de avanzada edad de ambos sexos, mujeres embarazadas o lactantes, etcétera".
Al final las horas pasan sin darte cuenta; cuando te miras el reloj ya son las seis de la tarde.
A pesar de la magnitud de esta cifra, en España las empresas no ofrecen exenciones para los trabajadores musulmanes durante el Ramadán, al menos en el caso de la familia Kira-Llano. "Tampoco lo he pedido", reconoce Luz, que soporta bien el ayuno "gracias a la fuerza de Dios". "Al final las horas pasan sin darte cuenta; cuando te miras el reloj ya son las seis de la tarde", dice. Aun así, sí le gustaría que hubiese "más flexibilidad y comprensión". Por ejemplo, su hijo menor está realizando unas prácticas y agradecería que le dejaran empezar más tarde la jornada, ya que en Ramadán apenas se duerme y, si quieren tener algo en el estómago durante la mañana, tienen que estar despiertos sobre las cuatro de la madrugada para tomar el suhur, la última comida antes del ayuno.

CARLOS PINA
La pareja dice que sintoniza unos mil canales en televisión, entre ellos los que retransmiten los cinco rezos diarios de los musulmanes en la Meca.
En cualquier caso, Hisham y Luz están acostumbrados. Sobre todo ella, que ha tenido que esquivar golpes de todas partes: por un lado, de su familia y entorno, cuando decidió convertirse al islam; por otro, de los musulmanes más tradicionales, que no entienden que no se cubra la cabeza o las piernas.
Ni Hisham ni Luz son fanáticos. Los dos van a misa cuando se trata de un evento familiar y él lamenta el radicalismo creciente que detecta cada vez que vuelve a Egipto: "En los 70, cuando iba a la universidad, nadie llevaba velo y las mujeres se bañaban en bikini. Pero el desarrollo ahí ha ido al revés, ha evolucionado a movimientos islamistas, y la mayoría siguen un islam torcido". Ese "islam torcido" procede, según Kira, de la ausencia de gobierno democrático en los países de mayoría musulmana. Y lo achaca también a la ignorancia: "Hay grupos que están comiendo el coco a gente con la cabeza vacía, pero nadie hace nada. Si fueran religiosos de verdad, sabrían que el islam pide que no te hagas daño a ti ni a los demás y que ni siquiera permite que en guerra se arranque un árbol. Así que el terrorismo no es religión, por mucho que la propaganda actual lo diga". "Los terroristas no mueren por Dios porque ni siquiera saben qué es Dios. Esos extremistas están muy lejos de nosotros", zanja.

Enrique de Inglaterra participa en el Ramadán

Enrique de Inglaterra participa en el Ramadán

El acto forma parte de una visita oficial del príncipe a Singapur, un día después del mortífero ataque ocurrido en Londres

El príncipe Enrique, en una recepción en la organización Jamiyah Children's Home.
El príncipe Enrique, en una recepción en la organización Jamiyah Children's Home. Getty Images
Enrique de Inglaterra comenzó este domingo una visita oficial a Singapur, un día después del mortífero ataque ocurrido en Londres. El príncipe, de 32 años, se reunió con personal y voluntarios de entidades benéficas de salud mental —un campo en el que invierte gran parte de su tiempo junto a los duques de Cambridge, en la campaña Heads Together— y también de organizaciones que luchan contra el sida. Enrique de Inglaterra también visitó la organización Jamiyah Children's Home, donde participó en un iftar, la comida de ruptura del ayuno durante el mes musulmán del ramadán.
Enrique de Inglaterra, durante su participación en un 'iftar', la comida de ruptura del ayuno durante el mes musulmán del ramadán.
Enrique de Inglaterra, durante su participación en un 'iftar', la comida de ruptura del ayuno durante el mes musulmán del ramadán. Getty Images
El quinto en la línea de sucesión al trono británico participó en una recepción en Eden Hall, residencia del alto comisionado británico en Singapur —un cargo equivalente al de embajador entre los países de la Commonwealth—, donde la bandera ondeaba a media asta en señal de duelo por los siete muertos en el atentado del sábado en la capital británica. Este lunes, el príncipe tiene previsto participar en un partido de polo benéfico para Sentebale, una ONG fundada por él mismo junto al príncipe Seeiso en 2006 que apoya a las personas afectadas por el virus VIH en Lesotho y Botswana. Un viaje del que está dando buena cuenta la cuenta oficial en Twitter del príncipe Enrique y los duques de Cambridge, que tiene casi 900.000 seguidores.
Después de Singapur, el príncipe viajará a Sídney (Australia) para promover la próxima edición de los Invictus Games, una competición deportiva impulsada por él que opone a cientos de soldados heridos o mutilados de todo el mundo, que tendrá lugar el año próximo. Este es una de las iniciativas en las que más está involucrado el príncipe, y que participa en ella desde que abandonara el Ejército.
El príncipe Enrique, a su llegada a Eden Hall.
El príncipe Enrique, a su llegada a Eden Hall. Getty Images