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miércoles, 10 de febrero de 2016

Trailer de Llévate mis amores

Llévate mis amores / Trailer Original from Arturo González Villaseñor on Vimeo.



LLévate mis amores, documental sobre las Patronas


Conmueve en San Cristóbal el documental "Llévate mis amores"

lun, 19 ene 2015 11:31
San Cristóbal de las Casas, Chis. Arrancando las lágrimas debutó en el Festival Internacional de San Cristóbal de las Casas el conmovedor documental Llévate mis amores, del joven realizador Arturo González Villaseñor y bajo la producción de Indira Cato, Nicolás Celis, Sebastián Celis y la fotografía de Juan Antonio Mecalco Cruz.
En este trabajo González Villaseñor hace un acercamiento íntimo a las Patronas, el grupo de mujeres mexicanas que todos los días, desde 1995, prepara comida y la lanza a los migrantes que viajan sobre “La Bestia”, como se le llama al tren de carga que serpentea rumbo a Estados Unidos. El documental es un diario personal que traza la frontera entre la vida que les tocó vivir y la que ellas eligieron. Un sorprendente ejemplo de amor y solidaridad que contrasta con la violencia de uno de los pasos más crueles para viajantes sin documentos.
En entrevista con La Jornada el director confesó cómo logró ese acercamiento con Las Patronas: “La primer vez que llegué me tocó un tren que venía muy lleno. Esa imagen me movió muchas cosas en mi cabeza, te nía una idea de o que era la migración pero una vez que lo vi de esa manera me cambiaron muchas cosas”.
Continuando su explicación agregó: “Posteriormente cuando hice un cuento, con las experiencias de cuando viví con ellas, con cosas que no quería que pasaran desapercibidas en la película como la preparación del arroz, el llenado de botellas de agua desde el pozo, la jalada de la carretilla... entonces mientras detallaba todas estas cosas me di cuenta que ellas no sabían quienes eran ellas, que sólo se les conocía como Las Patronas que les dan comida a los inmigrantes y a las que les habían sucedido muchas cosas.
Eso fue lo mágico que a pesar de todo lo que hacían a ellas no les importa figurar; entonces me di cuenta que se necesitaba saber quienes eran Las Patronas, así que el propósito del documental se convirtió en indagar quienes eran ellas”.
González Villaseñor además informó que algunas de Las Patrons ya vieron la película: “Se sorprendieron cuando se vieron en la película. Se sorprendieron en el sentido de que no se reconocían. Me han dicho: 'yo me abrí de esta manera'; 'yo te dije esto'; porque fue un contacto mutuo entre ellas y la producción, donde descubrimos juntos quiénes eran ellas”.
Otra de las cintas en competencia pero en la categoría de ficción que se presentó en la tercer jornada del festival fue la española Hermosa juventud, del director Jaime Rosales, y protagonizada por Ingrid García Jonsson y Carlos Rodríguez. En esta cinta los jóvenes enamorados Natalia y Carlos, luchan por sobrevivir en la España actual. Sus escasos recursos no les permiten salir adelante como quisieran. No tienen grandes ambiciones porque no tienen grandes esperanzas. Para ganar algo de dinero, deciden rodar una película porno amateur. El nacimiento de su hija Julia es el principal catalizador de los cambios que hacen.
El actor Carlos Rodríguez visitó San Cristóbal para representar la película y mencionó: “La crisis económica en España aún se sigue sintiendo. Muchos jóvenes aún están migrando a países como Alemania o Inglaterra para conseguir cualquier tipo de trabajo, porque en España no hay empleos ni lugar para nosotros”.
Se le preguntó si el título era una especie de sorna, él mencionó: “No creo. Lo que pienso es que la juventud es el mejor periodo de vida el humano y nosotros, mi generación, lo está pasndo muy mal. Es triste, el título es de tristeza”.
En otras actividades del festival de esta ciudad se realizó, en Kinoki: Foro Cultural Independiente, la charla Cine, un compromiso social en el que participaron: Rodrigo Plá, Nicolas Philibert, Diego Quemada-Diez, Diego Luna y Juliano Ribeiro Salgado,con la conducción de Jean Christophe Berjon.
Sobre el papel del cine como compromiso social Diego Quemada-Diez, director de La jaula de oro comentó: “Estamos rodeados de cine chatarra y estamos tratando de hacer un cine que deriva en la transformación del espectador. Tenemos un poder grande, no sólo nuestro sino de las historias que contamos, de la gente y la total interrelación con el mundo.”
Por su parte, Luna mencionó: “El cine despierta un cuestionamiento, puede invitarte a una reflexión compartida; te afectas por la reacción del que está a tu lado... Hacer cine es la confesión contigo mismo, te reflejas y no hay manera de mentirte; no hay un intermediario que acomode las cosas para que duelan menos. Es la oportunidad de reflejarnos en la historia del otro”.
En su intervención, Juliano Ribeiro Salgado, director de La sal de la Tierra comentó: “El cine tiene la capacidad empática de que el espectador se proyecte en el personaje y se apropie de realidades que le son totalmente ajenas. Yo creo que el cine tiene que ser militante necesariamente. El mundo necesita ser cuestionado”.
Otra de las actividades sobresalientes de la jornada de este festival fue la presentación del africano Imunga Ivanga, el autor, crítico, productor y cineasta gabonés, quien sostuvo un diálogo con Jean Pierre Garcia y el público en la Sala de Bellas Artes Alberto Domínguez Borraz de San Cristóbal de Las Casas después de la proyección de su película L’ombre de Liberty (La sombra de Liberty) que aborda el tema del acceso a la democracia.
Ivanga mencionó: “La idea de la película vino al constatar la ausencia de libertad en varios países. Me inspiré en la situación de mi propio país, pero este filme habla igualmente de otros países como Túnez. La cuestión de la libertad es una búsqueda universal”.
Además agregó que en Gabón de 1968 a 1990: “Tuvimos un partido único con una expresión de libertad muy controlada. Hubo un despertar de la oposición y eso condujo a duros enfrentamientos, en donde falleció uno de los líderes. Lo que significa la película es que si uno tiene convicciones tiene que llevar sus ideas hasta el final. Cuando alguien tiene un sueño, esto le permite ir más allá de sí mismo y trascender el futuro”.

“Llévate mis amores”, sorprendente documental sobre Las Patronas

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Día tras día, desde hace 18 años, un generoso grupo de mujeres llamadas Las patronas del poblado Guadalupe La Patrona, Veracruz, preparan la comida que lanzan en bolsas de plástico a los migrantes viajeros sobre el tren conocido como La Bestia, con rumbo a los Estados Unidos.
Este es el retrato temático plasmado en toda intensidad por el sorprendente documental Llévate mis amores, de Arturo González Villaseñor, de 28 años, y egresado de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM-Xochimilco), quien con su joven equipo de trabajo comenzó a recabar los testimonios de aquellas mujeres en La Patrona a principios de 2011.
“Es fascinante la minuciosa dedicación con que preparan el arroz y el frijol, cómo llenan botellas con agua que sacan del pozo, así como el peligro de perseguir a diario esa máquina de acero que pesa más de cien toneladas”, asegura el director y guionista González Villaseñor en torno ésta su ópera prima.
“Nuestro objetivo ahora es obtener los apoyos económicos que nos faltan para finalizar la post-producción de nuestro documental y poderlo exhibir, para mostrar al público una perla de solidaridad humana que realizan varias generaciones de mujeres generosas en Veracruz.”
Llévate mis amores fue exhibido de forma privada en la sección Doculab a finales de marzo, durante el 29 Festival Internacional de Cine de Guadalajara, donde el proyecto de González Villaseñor quedó seleccionado con otras 13 películas iberoamericanas de 250 inscritas, siendo analizado por su asesor el también documentalista Nicolás Echevarría, junto con el ruso Boris Goldenblanc (iniciador de la Escuela de Cine de la Universidad de Guadalajara) y Bruni Burres, consejera del Programa Documental del Instituto Sundance en el festival cinematográfico del mismo nombre y la Fundación World Cinema, de los Estados Unidos.
“Creemos que este tipo de proyectos de contenido social que dejan sembrado un cuestionamiento entre el público deben ser más apoyados por las instituciones gubernamentales y de cultura en nuestro país. Hasta ahora nos han ayudado entre otras la UAM, la Universidad Iberoamericana (UIA), y la empresa que fundé con mi equipo, Acanto Films. Le película participó en la plataforma de internet de Fondeadora, donde la gente aportó voluntariamente ciento catorce mil pesos. Deseamos aplicar para la beca que otorga la Gira de Documental de Ambulante, de Gael García Bernal y Diego Luna. Si conseguimos este y otros recursos, nos encantaría estrenar en el Festival de Cine de Morelia en el presente año.”
Señala la paradoja de que mientras en México resulta muy difícil recibir apoyo para una ópera prima, la cinta ha captado el interés de algunos festivales internacionales. La Universidad de Oxford, Reino Unido, ofreció una proyección una vez concluida la cinta, y el ITESO de Guadalajara y otras instituciones la han invitado a sus foros.
Con Arturo González Villaseñor, integraron el personal técnico y creativo del documental la productora Indira Cato; Martha Orozco, productora asociada y directora de Martfilms, realizadora de cintas enfocadas en los derechos humanos; Juan Antonio Mecalco, fotografía, y el sonidista Rodrigo Villanueva. El equipo de post-producción está formado actualmente por Lucrecia Gutiérrez Maupomé, montaje; Lena Esquinazi, diseño sonoro; Marco Hernández, que dirigirá la postproducción; Gabriel Serra, corrección de color, y musicalización a cargo del conjunto musical Muna Zul, de Leika Mochán, Dora Juárez y Sandra Cuevas.
“Las mujeres de La Patrona son muy platicadoras y tuvieron una relación muy estrecha con nosotros”, confiesa el realizador, cuyo método de trabajo para obtener la información oral las capta con entrevistas a cuadro y conversaciones entre ellas. Son las protagonistas de una historia conmovedora y real.
En la carpeta de Llévate mis amores se explica:
“Este es el retrato de varias generaciones, todas con una asombrosa disciplina para levantarse todos los días y preparar, cocinar, embolsar y lanzar los lonches. Y lo más sorprendente, es que las agradecidas con los migrantes son ellas, dicen que les han cambiado la vida, que las hacen sentir bien consigo mismas.”
Las Patronas obtuvieron en diciembre pasado el Premio Nacional de Derechos Humanos, otorgado por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y la Presidencia de la República.
PARA SABER MÁS del documental: 

Llévate mis amores, conoce a las Patronas

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FICHA TÉCNICA

• Título: Llévate mis amores / All of me
• Año de producción: 2014
• País: México
• Director: Arturo González Villaseñor
• Productora: Indira Cato
• Co-productores: Nicolás Celis y Sebastián Celis
• Compañías productoras: Acanto Films, Pimienta Films y UAM-X
• Dirección de Fotografía: Juan Antonio Mecalco Cruz
• Edición: Lucrecia Gutiérrez Maupomé
• Sonido: Rodrigo Villanueva Sánchez
• Post producción: Marco Hernández Calvo
• Diseño sonoro: Lena Esquenazi
• Personajes principales: María Karina Aguilar Romero, Bernarda Romero Vásquez, Daniela Romero Huerta, Guadalupe González Herrera, Leonila Vásquez Alvizar, Lorena Aguilar Hernández, María Antonia Romero Vásquez, Norma Romero Vásquez, Rosa Romero Vásquez
• Música Original: Muna Zul
• Corrección de color: Isis Puente
• Locación: La Patrona, Amatlán de los Reyes, Veracruz, México
• Formato de grabación: HD
• Formato de exhibición: DCP
• Duración: 90 minutos
• Sonido: 5.1
• Idioma original: Español

Conoce a las mujeres que alimentan a los migrantes que viajan en la Bestia



“Nosotras no tenemos descanso. Esto es de todos los días, hasta el domingo, porque el migrante que va en el tren come todos los días”, dice Bernarda Romero Vázquez mientras las demás mujeres que la rodean en la cocina no dan pausa a su tarea.
Estamos en La Patrona, una comunidad de Amatlán de los Reyes, en el centro del estado de Veracruz y ella es una de las 14 mujeres que integran el grupo concido mundialmente como “Las Patronas”: mujeres que, durante los últimos 20 años, han alimentado voluntariamente a los migrantes centroamericanos que transitan México a bordo del tren conocido como “La Bestia” rumbo a Estados Unidos, en busca del sueño americano.
Para aquellos hombres, mujeres y niños, viajeros a fuerza de la necesidad económica y la violencia desmedida que se vive en los países de Centroamérica, esa será la única comida que harán en días, hasta semanas. Nadie sabe cuándo volverán a comer. Los lonches que las mujeres les ofrecen son elaborados principalmente con frijoles, arroz, pan, tortillas y atún. Algunas veces huevos hervidos, verduras o frutas; un pastel si se los regala la panadería, pero son los menos.


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Doña Leonila Vázquez Alvízar en la elaboración de la comida para el festejo de los primeros 20 años de “Las Patronas”. Todas las fotos son del autor.

Su experiencia de tantos años se refleja en un pizarrón colocado en la cocina. Cada día de la semana será una de ellas la encargada de cocinar al menos 100 lonches. Otras tendrán que empaquetar la comida en bolsas, lavar las botellas de plástico y llenarlas de agua, para luego amarrarlas en par (así se facilita su entrega), o ir por las donaciones de pan que les dan los supermercados y la verdura que les regala el mercado de Córdoba.
“El oído despierto”, dicen. Siempre para llegar antes de que el tren pase por las vías, a unos cuantos metros de donde está el comedor La Esperanza del Migrante. Apenas el primer silbido se escucha, las mujeres toman las cajas de plástico con los lonches y las carretillas con las botellas de agua. Se colocan separadas a un lado de las vías, a lo largo de la ruta y se mantienen atentas a la llegada del tren. A lo lejos una luz que va creciendo anuncia el paso de veloces toneladas de hierro con hombres hambrientos y sedientos a bordo. Pareciera que ya saben que ellas siempre estarán ahí con las bolsas de comida en el aire y las botellas de agua amarradas de dos en dos. Poco a poco se van asomando esos hombres cuyo equipaje es apenas una pequeña mochila con una muda de ropa, sus utensilios de limpieza y alguna fotografía de la familia que dejaron miles de kilómetros atrás. Apenas pueden distinguirse sus rostros por la velocidad. Sus manos ágiles van arrebatando la comida y el agua que extienden en lo alto “Las Patronas”, mientras ellas hábilmente van tomando otras para entregárselas a los del próximo vagón. Así todo el tiempo hasta que el tren se aleja por completo.


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“Las Patronas” se alistan para entregar los lonches a los migrantes que recorren México arriba de “La Bestia”.

“Si el tren pasa a buena hora, como a las 11 o 12 de la mañana y se acaba la comida, volvemos a guisar para el otro tren que pasa como a las 6 o 7 de la tarde”, afirma Bernarda.
Son diariamente 10 kilos de arroz preparado con jitomate, cebolla y ajo en grandes ollas puestas al fuego hecho con leña. Otros tantos kilos de frijol, 10 tortillas por cada bolsa de comida, algunas piezas de pan. Cuando hay, se hierven zanahorias, papa, betabel o chayote y se cortan papayas, melones, sandía o alguna otra fruta que se agrega a los lonches.
Esto no siempre fue así. Norma Romero Vázquez, coordinadora de “Las Patronas” recuerda que la mañana del 5 de febrero de 1995, al volver de la tienda a su casa con una de sus hermanas, el tren pasó frente a ellas. Los hombres que ahí viajaban pedían comida: “Tenemos hambre, madre”, decían. Un vagón, otro, otro más… todos pedían comida. Sin pensarlo entregaron sus compras —pan y leche—, a esos hombres.


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Las botellas de agua esperan ser entregadas a los migrantes centroamericanos.

Luego de esa acción desinteresada, se reunió la familia y comentaron lo sucedido. El paso de esos hombres es cotidiano, incluso les dicen “Las Moscas” por viajar colados, como moscas, en el tren. Pero esa súplica de comida las hizo organizarse para que al siguiente día les dieran de comer. Una puso el arroz, otra los frijoles, las tortillas y las bolsas para hacer los paquetes. Apenas avisó el tren su cercanía corrieron a la vía. En esa ocasión entregaron 25 lonches y la “tristeza fue enorme”, recuerda Bernarda, porque no alcanzó ni por poco.
Por cuenta propia lo hicieron diariamente durante siete años, en completo anonimato. Sin embargo un día la madre de Bernarda y Norma, doña Leonila Vázquez Alvízar, decidió que era el momento de tocar puertas para recibir ayuda y continuar alimentando a los migrantes.


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Fray Tomás González, coordinador del albergue “La 72” de Tenosique, Tabasco, pelando zanahorias.

“Teníamos que encontrar quien nos ayudara para seguir haciendo esto. No queríamos dejarlo, pues veíamos a la gente cómo va sufriendo. Van señoras con su hijos y todos sufriendo. A veces veíamos que se iban y que no alcanzaba la comida y nos poníamos a llorar, sentíamos que el corazón se nos atacaba porque no pudimos (alimentar a todos)”, dice.
Así comenzó el acercamiento con escuelas y universidades, el mercado en Córdoba, centros comerciales, panaderías y tortillerías. La ayuda siempre es en especie. Ellas ponen el trabajo voluntario, sin recibir nada a cambio, sólo la satisfacción de ayudar desinteresadamente al necesitado y saber que el deber está cumplido. Poco a poco comenzaron a llegar los donativos, principalmente arroz y frijol, aceite y sal, pan y tortillas, atún y huevos. También llegan zapatos y ropa que con el mismo método se entrega en las vías del tren.
El trabajo de estas mujeres ha sido de tal impacto que actualmente existe en la plataforma Change la petición para que “Las Patronas” sean postuladas al Premio Princesa de Asturias, en la categoría de Concordia 2015, entregado en España.


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Integrantes de “Las Patronas” en el trabajo cotidiano.

Julia Ramírez tiene 17 años como voluntaria en el grupo y le toca cocinar los martes —el resto de la semana tiene que hacer otro tipo de labores—. Así todos los días, incluso en Navidad y en Año Nuevo.
Ella vive cerca de las vías del tren y recuerda que un domingo “La Bestia” se detuvo. A su casa se acercó un joven de aproximadamente 16 años para pedirle comida. Lo primero que le vino a la mente fue la imagen de su hijo, de edad similar a la de ese muchacho. “Me conmoví hasta las lágrimas”. Lo sentó a la mesa. Frijoles, huevo y tortillas fue el menú de ese día. Una comida apresurada para prevenir la partida del tren. “Gracias madre, que Dios me la bendiga”, dijo el migrante.
Antes de irse, dudando al salir de la casa, el joven regresó con ella. “Madre, le pido un favor”. Si puedo, con mucho gusto, le respondió Julia. Voy viajando solo y necesito su bendición. “Que Dios te bendiga y la Virgen Santísima te acompañe hasta donde quieres llegar”. El se fue y ella se unió a “Las Patronas”.


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Doña Leonila Vázquez Alvízar, a pesar de su edad, no deja de dar su trabajo voluntario para alimentar a los migrantes.

“Estoy muy contenta y feliz porque todos somos hermanos y no me gustaría que mi hijo se fuera. Pienso en todas la madres que se preguntan, ‘¿dónde andará mi hijo?, ojalá que encuentre gente buena’. “Ellos vienen peligrando en el camino, es muy triste porque sufren calor, lluvia, hambre y sed”, dice.
Pero hay un deseo que no deja de recorrer el interior de Julia: “Me gustaría que encontraran trabajo, que no salieran de sus países, pues este viaje lo hacen por necesidad y no por gusto”.
En febrero de 2015 “Las Patronas” celebraron sus primeros 20 años de desarrollar esta labor humanitaria. Dentro de los festejos está una caminata por las vías del tren. Por ahí van decenas de personas, defensores de derechos humanos, integrantes de albergues de migrantes de diferentes partes de México y sacerdotes comprometidos con esta causa. De repente a lo lejos se escucha el silbido del tren. Todos a la orilla. “La Bestia” pasa rugiendo: un vagón, otro y otro más.
Algo ocurre, una ausencia importante, sólo va un migrante abordo.


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Camino a las vías del tren para entregar los lonches.

En julio pasado el presidente de México, Enrique Peña Nieto, lanzó el Programa Frontera Sur, con el que oficialmente se busca la protección de los migrantes que cruzan el país. Sin embargo los hechos dicen otra cosa: la militarización de la frontera de México con Centroamérica, la “cacería” de los migrantes, los puestos de revisión, las garitas migratorias, los operativos en el tren. Todas las instituciones de Seguridad Nacional están enfocadas en impedir y dificultar el paso de los migrantes.
Para los defensores de derechos humanos esto, en lugar de aliviar los abusos que sufren los migrantes en el país, expone a los centroamericanos a mayores peligros. Ahora caminan por las vías del tren, por las carreteras y otros caminos poco transitados —montañas, selvas y lugares despoblados. Asumen el riesgo de ponerse en manos de traficantes de personas o “polleros” o incluso el de tomar rutas marítimas.
Norma Romero Vázquez sabe de esto. De preparar 800 lonches diarios ahora sólo son 100. Los migrantes van llegando a La Patrona caminando por las vías del tren. Muchos de ellos con el agotamiento producto de andar difíciles rutas que se hacen en varios días desde el municipio de Tierra Blanca. Deshidratados y hambrientos, con los pies llagados por la travesía, buscando un lugar dónde descansar y recuperar fuerzas para seguir su viaje.


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El padre Alejandro Solalinde Guerra, director del albergue “Hermanos en el Camino”, en Ixtepec, Oaxaca, elaborando tamales para el festejo de los 20 años de “Las Patronas”.

“La situación para ellos es mucho más difícil y no se está haciendo nada. Este Programa Frontera Sur no va a traer mas que más problemas, es lo que hemos estado viendo”, dice sin dudarlo. En el comedorLa Esperanza del Migrante han tenido que atender hasta a 18 centroamericanos simultáneamente, algo antes no visto.
“Lo más triste de todo”, enfatiza, “es que (las autoridades) no están entendiendo que esto no es una solución, porque a la gente no la van a detener reforzando fronteras, porque (el migrante) tiene hambre y seguirá buscando como lo han hecho en Estados Unidos, que ha reforzado las fronteras pero los migrantes tienen que pagar el doble para pasar”.
Insiste que la labor continuarán realizando la labor que han hecho durante los últimos 20 años, pase lo que pase. Es una obligación que se han autoimpuesto porque lo más importante es ayudar al necesitado. “La palabra del evangelio convertida en acción”.
“Invito a toda la gente a que no sea indiferente, a que sea sensible, a que piense que hoy en día los tiempos no están tan fáciles no sólo para el centroamericano, sino para el mexicano, y que no seamos duros de corazón”, dice.
“A mi como persona me duele, refiere, pero es el peregrinar de cada uno de ellos. La esperanza que tienen ellos de realizar ese sueño que anhelan es algo en el que uno participa con ellos, en hacerles sentir que no toda la gente es mala, ya ellos vienen desconfiados por todo lo que les toca vivir en el trayecto, nosotros queremos ser una esperanza de vida para los migrantes”.

Las Patronas ayudan en la ruta de los emigrantes a EEUU

Las patronas