martes, 26 de septiembre de 2017

Ser refugaida y mujer es tener una doble condición de víctima

“Ser mujer y refugiada es tener una doble condición de víctima”

Esma Kucukalic llegó a España en 1992, con 11 años de edad, huyendo de la guerra de los Balcanes. Hoy es periodista, y observa con mirada crítica el papel de la Unión Europea en la crisis humanitaria de Oriente Medio.
esma kucukalic
Esma Kucukalic, periodista y refugiada de la guerra de los Balcanes Gabriel Rodríguez
València

publicado
2017-09-19 18:37:00
Al hablar elige con cuidado y precisión las palabras de su lengua de adopción, el castellano, con un dominio nativo del verbo que deja patente su oficio de periodista. Llegó a España junto a su madre y su hermana en 1992 huyendo de la guerra de Bosnia. Esma Kucukalic (Sarajevo, 1983) cuenta con la frialdad que da el tiempo cómo su padre, profesor de Bellas Artes, les dijo para que se fueran y salvar sus vidas al decidir quedarse en la capital bosnia, sitiada por las tropas de la extinta Yugoslavia, que él no era como Goebbles “para cuando entren a mataros y a violaros, pegaros un tiro y luego matarme yo”. Esma, su madre y su hermana tuvieron que emprender la odisea de escapar del conflicto. Llegaron a la Comunitat Valenciana, donde la sociedad civil se organizó para dar asilo a los refugiados de la guerra de los Balcanes. Su experiencia vital le ha hecho centrar su atención en los Derechos Humanos y las historias personales de las personas refugiadas que se van “sin vida, con una familia completamente rota a intentar sobrevivir”.

¿En qué se diferencia el conflicto de los Balcanes de hace dos décadas con el actual vigente en Oriente Medio con epicentro en Siria?
Sarajevo fue el sitio más largo de la historia contemporánea, y ocurrió en pleno siglo XX, una ciudad entera sitiada durante tres años y medio. Tiene un paralelismo evidente con el episodio reciente de Alepo en el que la población civil, 250.000 personas, han estado completamente sitiadas y partidas en dos zonas. También tiene mucho que ver el hecho de que la desmembración de Yugoslavia y el surgir de los Balcanes occidentales, tiene paralelismo con la actual situación en Oriente Próximo. Leía a finales del 2014 una entrevista con Obama en la que se hablaba de una balcanización de Oriente Próximo, o sea la partición de los territorios, surgimiento de etnias y el caldo de cultivo de una tensión permanente porque va a ser muy difícil apaciguar esa zona.

¿Cómo se explica la predisposición al acogimiento que hubo en los 90 frente a la actual actitud de rechazo?
La guerra de los Balcanes produjo dos millones de refugiados, países como Alemania o Suecia acogieron a muchísima gente. El Gobierno de España no se hizo cargo de los refugiados, solo los dejó entrar. Fue la sociedad civil, la presión, la empatía que despertó el conflicto la que movilizó a la gente y se pidió al Gobierno que dejase entrar un contingente de refugiados. Fue el más numeroso de la historia reciente de España, fueron 1500 personas las que entraron y realmente nosotros fuimos un pequeño experimento de la propia política de migración del Gobierno español.

¿Cuáles son las causas del desfase entre el número de personas que la UE dice que quiere acoger y lo que realmente está acogiendo?
La primera gran crisis que la ha agitado ha demostrado que la UE como estructura supranacional no está funcionando, porque existen obligaciones internacionales, convenios que ha firmado la UE y todos los países que la forman relativos a los DDHH, el derecho al refugio, que no están cumpliendo porque la política europea hace aguas.

En cuanto a ser mujer y refugiada ¿Cómo se vive esta doble condición?
Ser mujer en contextos de guerra, o sea ser mujer y refugiada también significa ser mujer en contexto de guerra, es tener una doble condición de víctima. Es así porque la violación se ha utilizado como arma de guerra, se acuñó de hecho como arma de guerra en el conflicto de Bosnia donde fueron violadas aproximadamente 50.000 o 60.000 mujeres, todavía no está determinada la cifra. Y se utilizó como un elemento de guerra, desestabilizar la estructura de la población, de romper con su vida por completo. Ser refugiada significa lo mismo, estás expuesta a una condición de ser doblemente vulnerable. Nosotras tuvimos la suerte de tener una acogida real en España, porque podíamos haber caído perfectamente en una trata de blancas solo por el hecho de ser mujer.

¿Qué debemos hacer los periodistas para transmitir el enfoque humano? Porque siempre se habla del fenómeno en cifras.
La guerra de los Balcanes fue un antes y un después en la cobertura mediática. Muchos fotógrafos cambiaron el rol de sacar muertos, que los sacaron a patadas, para intentar transmitir la rutina diaria de una guerra, un niño jugando en un tanque, una chica que se pone guapa aunque tenga que morir ese día. Eso supuso un refuerzo moral para la población e internacionalizó la solidaridad por el conflicto, llevando a Sarajevo a intelectuales y artistas como Susan Sontag o Annie Leibovitz. Esa empatía la echo en falta en el conflicto actual en ciudades como Alepo o Palmira.

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