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El hambre se ceba con los países en guerra y Yemen, Siria y Sudán del Sur alcanzan niveles críticos | ||||
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MADRID, 29 (EUROPA PRESS)
La inseguridad alimentaria sigue siendo una tónica de los países castigados por los conflictos armados, según un informe de Naciones Unidas que sitúa a Yemen, Sudán del Sur y Siria como las naciones más afectadas en la actualidad por situaciones de hambre extrema. Según los datos divulgados por la ONU en octubre de 2017, 815 millones de personas pasan hambre en el mundo, frente a los 777 millones registrados un año antes. La mayoría de estas personas, 489 millones, viven en países afectados por un conflicto. La Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) han repasado la situación de 16 países en un informe remitido al Consejo de Seguridad y en el que concluyen que las guerras siguen siendo un factor clave para el repunte de los niveles de inseguridad alimentaria en todo el mundo. De los países analizados, en Yemen, Sudán del Sur, Siria, Líbano, República Centroafricana, Ucrania, Afganistán y Somalia presentan las peores cifras, ya que en ellos al menos una cuarta parte de la población vive en niveles considerados de crisis o emergencia. En el caso de Yemen, el porcentaje de personas afectadas por una situación de hambre aguda llega al 60 por ciento, lo que supone un total de 17 millones de personas. Para Sudán del Sur, el dato es del 45 por ciento, mientras que tanto en Siria como Líbano la proporción ronda el 33 por ciento, en este último caso por la acogida de un gran número de refugiados sirios. La FAO y el PMA han recordado en su informe que, en escenarios de este tipo, la ayuda humanitaria es vital para la supervivencia de miles de personas. | ||||
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martes, 30 de enero de 2018
Yemen, Siria, Sudán... situaciones críticas
Yemen en guerra
Yemen: 1.000 días de horror
El país está al borde de una de las hambrunas más terribles de la era moderna. Lo cuenta la representante de Unicef en Yemen
Conocí a Ali en septiembre en un hospital de Aden, al sur del país, en una zona bajo el control del Gobierno yemení del presidente Hadi, en su mayoría en el exilio, pero que visita el lugar de cuando en cuando. Ali estaba en el área de tratamiento del cólera y conectado a la vida a través de fluidos intravenosos. La poca que le quedaba.
Ali tiene siete años y no creo que pesara en aquel momento más de 15 kilos. Estaba literalmente en los huesos. La mirada perdida. Intentamos varias veces que nos hablara, pero él no estaba ahí, solo su cuerpo huesudo y su mirada perdida. Tragándome las lágrimas pregunté a su madre qué había pasado para que llegara tan tarde y en esas condiciones al hospital; me contó que le costó reunir las monedas que necesitaba para poder buscar un transporte hasta allí. No hay respuesta ante semejante injusticia.
Ali se salvó, pero muchos menores han muerto este año por causas totalmente prevenibles. Con ya dos años de conflicto a sus espaldas, la situación de las familias solo ha podido empeorar. Las tasas de desnutrición siguen siendo de las más altas del mundo, con casi dos millones de pequeños desnutridos y, de ellos, 385.000 con desnutrición severa aguda. Aunque Unicef provee tratamiento y cuidados a una gran parte de ellos en esta situación, muchos regresan de nuevo al programa de tratamiento porque en cuanto vuelven a sus casas no tienen nada que comer.
El cólera volverá porque las infraestructuras de salud en colapso y la falta de agua y alimentos son sus caldos de cultivo
En este contexto el brote de diarrea aguda (cólera) que ha asolado Yemen este año, afectando a casi un millón de personas, no pudo llegar en peor momento. El sistema de salud estaba ya colapsado, sin presupuesto por parte del Gobierno ni las autoridades de facto, con todos los profesionales de la salud sin cobrar desde octubre de 2016 y con la mitad de los centros de salud cerrados. Gracias al trabajo de Unicef, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otras agencias de Naciones Unidas y ONG, se consiguió controlar el brote y manejar la situación. Pero el cólera volverá porque las infraestructuras de salud en colapso y la falta de agua y alimentos son sus caldos de cultivo. A esto hay que sumarle un brote de difteria que se está extendiendo en el país. Ahora mismo estamos todos concentrados en hacer llegar las vacunas necesarias, que con un poco de suerte (y mucho trabajo) llegarán a Saná.
La ayuda humanitaria entra en el país con
cuentagotas, pero no las importaciones comerciales. Así, los precios de
la comida, el combustible y el agua se han disparado
Hace unas semanas, los dos aliados en el norte del país que formaban el Gobierno de facto comienzan a distanciarse y a pelear entre ellos. En Saná murieron unas 200 personas, resultaron heridas más de 400 y, lo más significativo, murió el anterior presidente, líder de una de las facciones que controlaban el norte. Desde entonces el conflicto se ha recrudecido en la mayor parte del país. Se temen muchas más muertes, incertidumbre, más pobreza, y nada bueno para las niñas y niños como Ali, cuya infancia se ha visto interrumpida por este conflicto.
Solo pedimos a los hombres que deciden sobre este conflicto que, por favor, paren la guerra en Yemen ya
Estos días diciembre se cumplen 1.000 días de conflicto. 1.000 días de horror para pequeños como Ali. Solo pedimos a los hombres que deciden que, por favor, paren la guerra en Yemen ya. Que se encuentren soluciones a este conflicto que tantas vidas inocentes se está llevando por delante.
Meritxell Relaño es representante de UNICEF en Yemen.
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