La Embajada de Rumanía ha celebrado el Día Internacional de la Mujer
Con ocasión del Día Internacional de la Mujer, la Sección Consular de la Embajada de Rumanía ante el Reino de España ha ofrecido flores a todas las mujeres que hoy han solicitado algún servicio consular, como símbolo de agradecimiento a todas aquellas madres, esposas, parejas, hermanas o hijas, mujeres rumanas que viven en España.
A través de este gesto, la Embajada de Rumanía en Madrid, mediante la Sección Consular, ha querido traer una sonrisa a las rumanas de España y alegrarles el día.
Con un solo gesto, Ioana Marin acaba de poner firmes a tres de sus
nietos. Los críos, de entre siete y diez años, no paran de enredar. A la
matriarca gitana solo le ha hecho falta chascar la lengua y los tres
chiquillos, cubiertos de polvo, se han sentado frente a ella con la
cabeza gacha. La menuda Ioana, de 67 años, dirige a su enorme familia
prácticamente sentada sobre la colcha de su cama, en la casita del
condado rumano de Vaslui –uno de los más pobres del país– en la que ha
vivido más de medio siglo. Junto a la estufa de adobe que usan para
calentarse y cocinar, gestiona la comida, la compra, la escuela de los
más chicos, el traslado al hospital de una nuera y el regateo para conseguir una novia a uno de sus nietos.
La mujer, de vivos y pequeños ojos negros y pañoleta rosada sobre sus
–aún– oscuros cabellos, ha tenido 15 hijos. Grina, Julian, Victor,
Bordel, Aurel, Danuta, Laura, Mitrica, Nicoleta, Maslina, Gigel… Todos
han nacido en la vivienda de dos habitaciones de ladrillo y adobe, que
ni siquiera hoy tiene agua corriente ni baño. Algunos dormían en las
cuatro camas disponibles, cuenta Ioana. “El resto, sobre las alfombras.
En el suelo”, apunta. Ha sido cabeza de la familia desde mucho antes de
enviudar, hace ya 25 años. Su esposo, Ionel, detenido durante la
dictadura de Ceausescu tras un difuso altercado –“entonces, a la mínima
acababas en la cárcel. Y los gitanos más”, remata la matriarca–, pasó
sus últimos 13 años de vida en prisión.
Hoy, la mayoría del clan Marin –muchos de sus hijos y decenas de
nietos– se encuentra a miles de kilómetros de Vaslui. Grina, en un
asentamiento en Barcelona; Maslina, en un piso en Alemania; Julian, en
una caravana en Francia. Viven, como muchos de los romaníes,
desperdigados por Europa en una diáspora constante. Forman parte de la
gran familia gitana. Aunque su cuna se sitúa en Rumania, Bulgaria y
otros países de los Balcanes, el árbol genealógico de esta etnia
extiende sus ramas por todo el continente. Sobre todo desde la adhesión
de varios de estos países a la Unión Europea. Son la minoría más
numerosa del territorio Schengen, donde habitan unos 10 millones, según
datos de las instituciones comunitarias. En Rumania, donde se estima que
reside la mayor parte, los registros oficiales hablan de unos 500.000,
pero los expertos –también el Gobierno– apuntan a que la realidad puede
cuadruplicar esa cifra (2 millones, el 10% de la población). En España, donde habita una de las mayores comunidades
fuera de los Balcanes, hay unos 750.000. En Francia, el destino elegido
por la mayoría de los vecinos de Vaslui, son unos 350.000 después de
las expulsiones de los últimos años.
En Rumania viven 500.000 romaníes, según los registros oficiales. Los expertos elevan la cifra hasta los 2 millones
En el pueblo de los Marin amaneció hace cuatro horas y la bruma lo
inunda todo. Es de color gris sucio y tan densa que se podría masticar.
El invierno en esta zona –a seis horas en tren al noreste de Bucarest,
cerca de la frontera con Moldavia– es hostil. Hoy, los nietos que Ioana
tiene a su cargo no han ido a la escuela y pasan el día correteando por
la parcela sembrada de trastos y curioseando a la extranjera. A la gadjí
(no gitana). Shakira, de once años, y Daniela, de ocho, juegan a posar
como dos modelos cerca de la porqueriza donde olisquean tres cerdos.
Robin y Josmin –nueve y siete años–, más traviesos, persiguen a dos
cachorrillos de perro. Mientras, Narzisa prepara los ingredientes para
cocinar una ciorba (sopa). Tiene 15 años y es quien se ocupa de
todo en la casa. Cuando su padre –hijo de Ioana– murió, su madre volvió
a casarse y dejó a la chica y a dos hermanos con la abuela. La ven
poco.
Narzisa lleva los cabellos recogidos en un moño, que cubre con un
pañuelo negro y azul. Es alta, con curvas y viste una falda hasta los
pies. Se ruboriza y esconde la mirada cuando la familia comenta que ya
está en edad de casarse. Su hermana Ramona lo hizo hace un par de años,
con 13. La familia de Ioana recibió por ella unos 2.500 euros; la
cantidad usual. Ya tiene dos hijos. Pero Ioana, que es quien ordena y
manda, no quiere que Narzisa se vaya. “No se casará hasta los 20”,
zanja. Seguirá viviendo con la abuela, que la mantiene a ella y a otro
buen puñado de nietos con su pensión, que no llega a 100 euros al mes.
Teóricamente, debe recibir del Estado una ayuda por cada niño si
permanece escolarizado, pero Ioana asegura que no ve un céntimo de ese
dinero. ¿Se lo quedan las autoridades? ¿Sus padres? La abuela no es la
tutora legal de los menores.
Ioana en realidad solo se llama así sobre el papel. Es su “nombre
rumano”. El oficial. Con el que está registrada en la Administración y
–como muchos otros romaníes– con el que se presenta a los gadjé.
Su nombre gitano es Cireasa. “Cereza, como los frutos que caen del
árbol”, ríe tapándose la cara con las manos. En su casa mezclan el
rumano y el romaní –como la mitad de los gitanos nacidos en el país–. Y
ella no sabe escribir más que las letras de su nombre: “Aprendí a base
de copiarlo una y otra vez para firmar y esas cosas”, dice encogiéndose
de hombros. En su época, los chiquillos gitanos no iban al colegio.
Ninguno de sus nueve hermanos aprendió a leer. En Rumania, un 25% de los
romaníes son analfabetos, según un estudio de la Fundación Soros. Y
apenas el 12% de entre 18 y 30 años han completado la secundaria.
Eva Parey
La abuela, como Ramona, también se casó a los 13. Lo hizo con un
muchacho gitano, de 17, cuya familia “venía de Rusia”. El chico
–después, su esposo, Ionel– no hablaba una palabra de rumano. Tampoco
tenía “todos los papeles”, que ella le consiguió, cuenta, en el
Ayuntamiento. Él y un hermano suyo construyeron la casita de dos
habitaciones en la que aún viven.
La aldea ha cambiado mucho desde entonces. A ambos lados de sus dos
únicas calles asfaltadas, como en muchos otros pueblos de mayoría
gitana, han ido brotando casonas y coloridos palacetes –un par de ellos
adornados hasta lo más barroco– que algunas familias romaníes han
construido con el dinero que han juntado en la diáspora. Gran parte de
ellos tienen hoy las ventanas y las puertas cerradas a cal y canto.
Están vacíos. Con las bajas temperaturas sus ocupantes suelen
trasladarse a latitudes de clima más amable que el de Vaslui. Además,
reconoce Ioana, en la zona hay poco –o nada– que hacer cuando llega el
invierno si no se tiene un empleo formal. Y en Vaslui, como en el resto
del país, el desempleo entre los gitanos se acerca al 80%.
Si la salud se lo permitiera, asegura, Ioana dejaría el pueblo. Ya
emigró hace siete años. Empacó algunas cosas y se marchó con uno de sus
hijos y su nuera. Viajaron dos días en coche hasta llegar a Barcelona,
donde ya se encontraban dos de sus hijas. Era la primera vez que salía
de Rumania. Vivieron en un asentamiento chabolista en el barrio de Sant
Andreu. Subsistían de la recogida de chatarra o enseres, que
clasificaban y vendían a un trapero. Ropa, electrodomésticos, muebles…
Por un par de zapatos podían recibir unos 50 céntimos. Las mujeres y los
niños alternaban la recogida con la mendicidad a la salida de misa, en
las calles comerciales, a las puertas de los mercados.
Ioana, la abuela, se casó a los 13 años. Igual que su nieta Ramona. La familia recibió a cambio lo usual: 2.500 euros
En Barcelona, cuenta Ioana, murió su hijo Casian. De fondo, sin
sonido, el televisor arroja constantemente coloridas imágenes de una
telenovela india a la que está enganchada toda la familia. David, uno de
los nietos mayores y el ojito derecho de la matriarca, completa la
historia. El hombre fue hallado ahogado en su furgoneta, aparcada en la
calle. La policía –en la que no confían en absoluto al igual que recelan
de la práctica totalidad de los gadjé– cerró el caso como un suicidio, pero los Marin creen que Casian fue asesinado. Un ajuste de cuentas, tal vez un desencuentro con otro gitano con el que compartía la propiedad del vehículo donde fue encontrado.
Después de lo que le sucedió a Casian, la salud de la matriarca
empeoró. Le costaba caminar y ya no podía acompañar al grupo en la
recolección de chatarra y enseres. Solo podía mendigar. Y la echaban
cada dos por tres de las puertas de los supermercados o de las
escalinatas de las iglesias. Año y medio después se cansó. Algunos de
sus nietos más pequeños seguían en Vaslui y, cuando varios de sus hijos
empezaron a pensar en cambiar Barcelona por Francia, decidió regresar a
Rumania. No ha vuelto a marcharse y solo sale de casa para ir al médico o
a la iglesia evangélica que cada vez más gitanos del pueblo frecuentan.
A veces sus hijos llegan de visita cargados de bolsas y fardos de
ropa para regalar. O con algún mueble. La última vez, trajeron un coche.
Un ajado Volkswagen rojo que David enseña con orgullo. Es una tartana
que huele a gasoil, pero el chico de vez en cuando le da un par de
vueltas. O lo aparca y desaparca. No más. Él es un tipo legal y no tiene
el carné de conducir. Ni la edad para sacárselo: 17 años.
Eva Parey
Ioana poco –o nada– sabe de la historia de su familia. “Mis padres,
Paun y Arghira, murieron cuando yo era muy pequeña y jamás conocí a mis
abuelos. Alguna vez me contaron que venían de Besarabia [hoy territorio
moldavo y ucranio]”, explica. Aparca el tema enseguida. Parece que lo
poco que sabe no es agradable. Como detalla la escritora Isabel Fonseca
en su libro Enterradme de pie (Anagrama), una radiografía de
los gitanos en los Balcanes, la mayoría de ellos ignora –quizá de manera
consciente– los hilos de historia que tienen a sus espaldas. Su origen
indio y milenario. El camino recorrido a tantos puntos de Europa. Su
esclavización hasta el siglo XIX en Rumania, la vida nómada, el
destierro y el exterminio con los regímenes pronazis; o las más
recientes políticas de “asimilación” comunistas destinadas a eliminar
por completo el nomadismo y a “homogeneizar” a la población, como
sucedió en la Rumania comunista de Gheorghe Gheorghiu-Dej y Nicolae
Ceausescu, explica el historiador Viorel Achim. A la mayoría se les
obligó a dejar sus oficios de caldereros, joyeros, artesanos, ursarios (domadores de osos)…
Ionel Marin, el esposo de Ioana, fue uno de esos gitanos que durante
los años de Ceausescu (1965-1989) y su programa de ingeniería social
destinado a asimilar a los distintos grupos étnicos pasó a trabajar la
tierra por cuenta del Estado. Una profesión, la de agricultor, a la que
el régimen derivó al 47% de los romaníes, a los que reubicó a su antojo
por todo el país –una política de asentamiento sin integración que
desencadenó conflictos que aún hoy perduran–.
Sus hijos recuerdan que en aquellos años Ionel se hacía cargo de un
campo de maíz. Hoy ese terreno no es propiedad de la familia Marin.
Muerto el dictador, la mayoría de los gitanos que habían trabajado la
tierra no pudieron reclamarla como suya. Sin embargo, cuando las
temperaturas bajan y la niebla amenaza, los nietos de Ioana salen a
recoger las mazorcas secas que quedan en ese campo. Arden casi tan bien,
o mejor, que la leña seca, dicen.
Un 25% de los gitanos en Rumania son analfabetos. Y apenas el 12% de entre 18 y 30 años han completado la secundaria
Como hoy. Shakira, Daniela, Armando y Josmin trotan por uno de los
campos recolectando los frutos amarillos y anaranjados –bobo los llaman–
y los van lanzando al carro de caballos que conduce uno de los nietos
mayores. No es festivo. Hay escuela, pero a ningún adulto parece
importarle que pierdan unas cuantas horas –o el día– de clase. Una vez
más. A Shakira sí. Le encanta ir al colegio. Es una niña preciosa, alta,
espigada, de cabellos castaños y ojos color miel. Tiene una mirada
dura, de alguien mucho mayor. A sus 11 años, ha vivido en España, en
Francia, en Alemania y en Rumania. En los dos primeros países ayudaba en
la recogida de chatarra y mendigaba con otras mujeres y chiquillos de
su familia. Como el 10% de los niños romaníes en Rumania, Bulgaria,
Italia o Francia, apenas pisaba la escuela. A la que va ahora es solo
para niños gitanos. Una segregación que afecta a un alto porcentaje de
romaníes en toda la UE.
Shakira es hija de Gigel y Madalina. La familia volvió hace unos
meses de Alemania. Desde entonces, el padre, de 34 años, apenas ha
puesto un pie fuera de su habitación de desconchadas paredes. “Tiene
cáncer. Antes era un hombre grande, fuerte. Ahora es delgadito”,
describe su esposa. Ella es gadjí. Conoció a Gigel hace más de
dos décadas, trabajando la chatarra. Tienen nueve hijos –la pequeña,
María, de solo un año–, pero tres están bajo tutela del Estado; casi
nunca hablan de ellos.
Eva Parey
Gigel y Madalina estaban en Lille (Francia) en 2010, cuando Nicolas Sarkozy decretó las expulsiones de miles de gitanos. La comisaria europea de Justicia, Viviane Reding,
llegó a comparar aquello con lo peor de la II Guerra Mundial. “Daba la
impresión de que se les echaba solo por pertenecer a una determinada
etnia”, dijo. Se formó un enorme revuelo. Bruselas se quedó a un paso de
abrir un expediente a París por violar el derecho de libre circulación
de la UE. Los gitanos rumanos o búlgaros, como cualquier otro ciudadano,
podían moverse y residir sin barreras por Europa, pero con salvedades. Francia se acogió a ellas. Y finalmente llevó a cabo las repatriaciones sin ser sancionada.
La pareja cuenta que las autoridades francesas entregaban 300 euros
por persona a los que abandonaban el país, pero su familia decidió
marcharse antes, cuando vieron que empezaban a entregar las
notificaciones. No querían que les ficharan. Si lo hacían ya no podrían volver. Así, en una sola noche, recogieron los bártulos y emprendieron el camino a Rumania.
Las cosas se relajaron en Francia y la familia terminó por volver a
Lille. En 2013, cuando el Gobierno socialista de François Hollande
decretó una nueva política de expulsiones, Gigel y familia se mudaron a
Dortmund. “Allí vivíamos en un piso, con baño, agua corriente… Ha sido
la mejor época, la verdad”, cuenta el padre. En Alemania vivieron casi
año y medio gracias a las ayudas sociales. Cuando los problemas médicos
de Gigel se agravaron, plegaron velas de nuevo y regresaron a Rumania.
Gigel y Madalina, hijos de la matriarca, se encontraban en Francia cuando Sarkozy decretó la expulsión de miles de romaníes
Gigel nunca llegó a conseguir un empleo. Su cuñado Marin, sí. Por eso
sigue en Dortmund. Trabaja media jornada limpiando un edificio de
oficinas. Él, su esposa, Maslina, y sus tres niños viven con sus 400
euros de sueldo y los 700 de ayuda social que reciben del Estado alemán.
Allí Maslina ha aprendido a leer y escribir. “Volveríamos a irnos, pero
yo ya no puedo”, lamenta Gigel. No parece sentir mucho apego por una
tierra en la que apenas tiene oportunidades; Rumania es, solo por detrás
de Bulgaria, el país más pobre de la UE. Junto a él, dos de sus críos,
Josmin y Robin, comen pipas y tiran las cáscaras al suelo. Nadie los
regaña.
Las aspiraciones del nieto David, el ojito derecho de Ioana y a
efectos prácticos uno más de sus hijos, son bien distintas. Ha estado en
Francia y en Alemania y no le ha gustado. “Yo no quiero irme. Me gusta
vivir aquí, pero querría tener un trabajo, construirme una casa”, dice
con una sonrisa. El chaval, agudos ojos marrones y cabello oscuro, va
impecablemente vestido y peinado. Le encanta arreglarse. Sentado en la
habitación de Gigel, no suelta la mano de su esposa, Andrea. Se casaron
hace poco. La chica, que acaba de cumplir 17 años, ya está embarazada de
siete meses. No sabe qué espera. Como la mayoría de las romaníes no ha
ido a ninguna consulta prenatal.
Andrea, como Madalina, es gadjí. Conoció a David, al que
mira con adoración, en la Red. En Facebook. Él no tiene ordenador pero
sí Internet en el móvil. Estuvieron hablando un año. Hasta que David se
montó en un autobús y se fue a Oradea, en la otra punta del país, a más
de 10 horas de camino. Cuando acordaron casarse, la propia Ioana y uno
de sus hijos acompañaron a David a recogerla y a conocer a la familia.
“Al principio a sus padres no les hizo felices… Ahora sí”, dice el
chico.
Eva Parey
“David hablaba con 10 chicas cuando nos conocimos”, lanza
Andrea mordaz. Poco después de llegar al pueblo de Vaslui le pidió que
cerrara su perfil. Ahora ambos comparten el de ella con el nombre de
“Andrea y David”. La joven ha cambiado su hogar, con agua caliente,
baño, varias habitaciones y cuadros campestres pintados en serie, por la
casita de dos estancias de Ioana. Ya se ha mimetizado con la familia
Marin. Atrás quedó la Andrea de silueta redondeada, minifalda, vaqueros
ajustados o el uniforme blanco y negro de la escuela que se aprecia en
su Facebook. Hoy viste una falda larga de color burdeos al estilo gitano
y el cabello castaño tirando a cobrizo recogido en una coleta baja.
Acaba de lavárselo en un barreño instalado en el patio, con agua
templada.
Ha pasado frío y le duele el estómago. David, preocupado, la lleva
enseguida a casa de Ioana. La abuela le echa un vistazo, desenfunda el
móvil y prepara en un suspiro su traslado al consultorio. Enseguida
parte en ambulancia, sola, a la maternidad de Iasi –la ciudad más
importante de la región, a unas dos horas en coche–. Los médicos dicen
que probablemente necesitará una cesárea. A la familia le disgusta la
noticia. No solo por Andrea y la criatura. También porque aunque la
sanidad rumana es gratuita, impera un sistema de mordidas por
el que una cesárea cuesta unos 100 euros. Y ahora mismo los Marin no
tienen el dinero. Andrea, efectivamente, se queda ingresada.
David está un poco enfadado consigo mismo. Tal vez también con Ioana
–para los hijos, la madre suele tener la culpa de casi todo–, por lo
rápido que han ido las cosas tras la boda. Le entristece, dice, no haber
podido acompañar a Andrea, que no para de llamarle al móvil, asustada.
Para ella es duro permanecer sola en el hospital. Su esposo la visita
algunas veces, pero llegar a Iasi no es tan fácil. Mientras, ojea la
Biblia de Ioana para buscar un nombre a su primer hijo. Un mes después
anuncian por teléfono el nacimiento de Matei Philip. Un nuevo miembro
para el clan Marin. elpaissemanal@elpais.es
“Amo el fuego como a mi propio corazón. Vientos pequeños y fieros mecieron a la niña gitana y la llevaron lejos por el mundo. La lluvia limpió sus lágrimas el sol – dorado padre de los gitanos – las secó y hermosamente chamuscó su corazón… Oh Tierra, llena de árboles y mía, 1yo soy ella, tu hija. Los bosques y las praderas cantan, el río y yo combinamos nuestras notas en un himno gitano, Iré a las montañas con una preciosa y danzarina falda hecha de pétalos de flores y gritaré con toda mi fuerza. Tierra mía, tú fuiste lágrima, fuiste horadada por el dolor. gitana-anoraba-nomadismo como un pequeño niño gitano escondido en el musgo. Perdona Tierra mía mi pobre canción, mi lamento gitano, aprieta tu cuerpo contra el mío, Tierra mía, cuando todo acabe, me entregaré a ti” Papusza Perteneciente a un mundo ya extinguido, un mundo sin patria que vivía en el camino, en el largo camino de la nostalgia, Bronislawa Wajs, más conocida por Papusza (muñeca en la lengua Rrom), fue una mujer adelantada a su tiempo, una mujer que quiso ser libre y que, por ello, fue condenada a la soledad y el olvido por quienes ella más amaba: su pueblo, el pueblo gitano. https://www.youtube.com/watch?v=3zhufaRfGGk
El tándem formado por Joanna Kos-Krauze y Krzystof Krauze nos trae una película comprometida y bella.Tras ganar el Globo de Cristal en el festival de Karlovy Vary en 2005 con la película Mi Nikifor, la pareja de cineastas polacos obtuvo por esta película el premio a la mejor dirección y al mejor actor, (Zbigniew Waleryś), en la Seminci 2013 de Valladolid.
La película se cen tra en el mito de Bronislawa Wajs, una conocida poetisa apodada Papusza, “término romaní cuyo significado es muñeca”. De orígen rumano, fue considerada la primera poeta de etnia gitana que consiguió ser reconocida públicamente por su obra en Polonia, ganando varios premios a principios del siglo XX. Por otra parte, también conocemos el drama que tuvo que vivir, al ser repudiada por la comunidad gitana a la que pertenecía, debido a que fue considerada una traidora al revelar secretos de la forma de vida gitana.
Papusza es un biopic filmado en blanco y negro en el que vemos los momentos más relevantes de la vida de Bronislawa mientras contemplamos la transformación más importante del pueblo romaní, que pasará de ser una cultura nómada a verse obligado a asentarse en casas cedidas y educar a sus hijos en la escuela.
Acusada de espiar a su gente y contar sus secretos culturales, Bronislawa Wajs vivió martirizada hasta el mismo día de su muerte. Como declara la poetisa que da nombre a la película, el pueblo gitano carece de memoria. Si el nomadismo era parte del ADN de su cultura, es lógico que la oralidad fuera el modo de transmisión de sus tradiciones. Cuando una gitana de sensibilidad deslumbrante empieza a escribir poemas, sus familiares y amigos lo perciben como una traición. La palabra escrita es su enemiga porque fija lo que quiere ser móvil. Y la movilidad es su estrategia de defensa. Por todo ello fue marginada y maldecida. Nunca la llegaron a perdonar por destacar de esta forma y por llamar la atención sobre una comunidad a la que le gusta vivir en secreto.
La imagen que tenemos prediseñada del pueblo gitano es casi siempre una imagen colectiva, que nos hace prejuzgar a todo este colectivo de igual forma, dejándonos arrastrar por los estereotipos y clichés de grupo unido; resultando por ello una tarea difícil centrarnos en la figura individual. Papusza aborda esa tarea complicada: la de observar la cultura romaní para extraer al mismo tiempo una idea global del colectivo y otra singular, la de una de sus figuras más notables.
Destaca una fotografía pictórica y delicada, siempre monocroma, buscando en los múltiples matices del gris la malograda suerte de la protagonista. Asistimos a un espectáculo visual, tan pictórico como cinematográfico. El rigor formal del filme, apoyado en esta excelente fotografía en blanco y negro, pretende recoger la mirada transida, asustada y a la vez lírica de una poetisa que acabó siendo víctima de su curiosidad.
Los poemas de Papusza susurran en algunas escenas, su mente no puede parar de crear ni de sacar al exterior sus reflexiones. Por eso cuando su actitud se convierte en destierro, la necesidad del silencio enfrentada a su ansia de expresarse se torna locura.
El mayor defecto de Papusza reside en que el personaje principal y sobre el cual en principio debería pivotar toda la cinta no deja de ser un personaje anecdótico del que al terminar la película seguimos sabiendo muy poco. El guión se centra más en la comunidad gitana que en la poetisa; echándose en falta que los guionistas nos cuenten con más detalle como y cuando comienza su pasión por la poesía. La narración está estructurada en flashbacks ,que no se suceden de forma cronológica, y que resulta errática en algunos momentos.
Con sus defectos; que hacen que no se convierta ni en obra maestra, ni en película de culto; -como algún sector de la crítica ha pretendido; comparándola con la versión en blanco y negro del “Novecento” de Berlusconi- , se podría decir que sí estamos ante una pelicula de recomendado visionado.
Representación Unión Europea: 33 Eurodiputados desde el Tratado de Lisboa.
Comisario Unión Europea: Dacian Cioloş de Agricultura y Desarrollo Rural.
PIB: US$ 157.647 millones.
PIB per cápita: US$ 7.311.
RUMANÍA Y EUROPA:
Rumanía
es uno de los Estados miembro de la Unión Europea desde el 1 de enero
de 2007, con los mismos derechos y obligaciones que cualquier otro país
adherido. Es el séptimo país de la Unión Europea según la población y
el noveno según la superficie.
La frontera del norte y del este
de Rumanía es ya la frontera exterior de la Unión Europea, por lo que
está preparada activamente para contribuir al refuerzo del espacio de
seguridad con la gestión eficaz de sus fronteras exteriores.
Rumanía pertenece a la OTAN, ONU, OSCE, Unión Latina, COE.
La
gastronomía de Rumanía es rica y variada, sus recetas se basan en
productos naturales como las verduras, carnes y pescados, con los que se
elaboran sabrosos platos. Además no podemos olvidar sus quesos entre
los que destacan el queso empanado.
Las ciorbas, sopas varias y que suelen ser el plato diario.
Pueden ser solo de verduras, o con carnes de pollo o de ternera, o de
cerdo. Con patatas, tocino ahumado. Pueden llevar alubias, caldo de
salvado fermentado o el líquido de la col fermentada (parecido a la
chucrute), también sopas de hierbas, o de cerezas. (Receta) La mamagliga: Una
masa de maíz cocida, asada o frita. Se sirve como acompañamiento y, a
veces, como plato principal, junto con una crema de queso. (Receta) Sarmale: Plato típico de carne picada y envuelta en hojas de col. (Receta) Tuslamá: Ternera guisada. (Receta) Miel la protap: cordero asado. (Receta) Frigarui: Carne en pincho. (Receta) Los mitite: Unas salchichas asadas y condimentadas con hierbas aromáticas.
Clatitet: Crepés
servidos con chocolate caliente, mermelada v flambeados con vodka,
Papanisi cu smintina, rollo de nata o crema y la famosa tarta de
Dobrudja, se trata de una pasta cocida como una pizza a la que se le
añade yogurt de leche de oveja. (Receta)
FESTIVALES Y TRADICIONES:
La
cultura y las tradiciones rumanas son tan antiguas como el pueblo
mismo. A lo largo del año, los rumanos celebran su herencia antigua,
combinando las estaciones del año, los acontecimientos religiosos y el
ciclo vital, tal como el nacimiento, el casamiento y la muerte, con las
fiestas que se han quedado iguales por siglos.
San Andrés: Patrono de Rumanía. 30 de noviembre.
Festival internacional de teatro contemporáneo: 5-25 de abril, Brasov.
San Jorge: Protector de la naturaleza. 23 de abril.
"Mărţişor" (1 de marzo): Que marca el comienzo de la primavera.
Dragobete (24 de febrero): El día autóctono de los enamorados.
Baba Dochia: La
Dochia rumana personifica la impaciencia de la humanidad con la llegada
de la primavera. Los días de Baba Dochia son el 1 de marzo (para la
nieve) el 2 de marzo (para el verano), y el 3 de marzo (para la
cosecha).
Festival internacional de jazz: Mayo, Sibiu.
Sanzienele: La transición entre primavera y verano.
Festival internacional de música pop "Cerbul de aur": Septiembre, Brasov.
ARTE Y MUSEOS:
El arte, alcanzó su punto culminante durante el siglo XIX destacando el retratista Theodor Aman y el paisajista Nicolae Grigorescu, fundador de la pintura rumana moderna, así como Ion Andreescu, otro impresionista, conocido por sus paisajes, retratos de campesinos y naturalezas muertas y Stefan Luchian, llamado el poeta plástico de las flores. Cabe mencionar, también a la contemporánea joven pintora cubista y muralista, Alexandra Nechita, Una destacada contribución a los conceptos del arte moderno del siglo XX fue la obra del escultor francés de origen rumano Constantin Brancusi, pionero del Modernismo. Otros escultores, también destacados, de la misma época, son Cornel Medrea, Dimitrie Paciurea, Frederic Storck, Miliţa Pătraşcu, en Art Deco, encargado de decorar las fuentes Miorita en Bucarest, con un mosaico que se inspiró en una leyenda popular y Óscar Han,
cuyas obras fueron exhibidas principalmente en Bucarest, pero también
en las exposiciones internacionales en otras ciudades europeas.
En cuanto a los museos y galerías más destacados encontramos:
Museo Nacional de Arte.
Museo de Zambaccian.
Museo Nacional de Historia.
Museo de Arte Contemporáneo.
Museo Satului o Museo del Pueblo.
Museo del campesino rumano.
Museo Tribunal Antiguo, Siglo XIV.
Museo Nacional Brukenthal de Sibiu, uno de los más importantes del país.
Museo Astra de Sibiu: Al aire libre, contiene colecciones de casas antiguas, molinos de agua, arte de la civilización de Transilvania.
Timisoara Museo del Pueblo de Banat: Alfarería,
tejido y bordados, tallar en la madera o la piedra, pinturas en madera,
vidrio o piedra, pergaminos o artículos de cuero, procesamiento
artístico de metales de hierro, cobre, plata y oro, escultura de hueso o
cuerno, tejidos de fibras vegetales, etc.
Bran Museo Castillo Bran (Drácula)
CELEBRIDADES:
Vlad Tepes (1431-1476): Príncipe y leyenda. Considerado por muchos rumanos como un héroe por su valentía y lucha contra los turcos.
Johnny Weissmuller (1904-1984):
Actor de cine conocido por su papel de Tarzán. Ganó cinco medallas de
oro en las Olimpiadas de 1924 en París y 1928 en Ámsterdam.
Edward G. Robinson (1893-1973): Actor de cine. El papel que le llevaría a la fama fue el del gánster Rico Bandello en "Hampa dorada" (1930).
Doctora Ana Aslan (1897-1988):
Renombrada científica, famosa por su contribución esencial a la
geriatría y gerontología, considerada como la gran dama en la lucha
contra el envejecimiento.
Herta Müller (1953): Escritora, Nobel de Literatura 2009.
Nicolae Paulescu (1869-1931): Fisiólogo, descubridor de la insulina.
Sofía Ionescu: Probablemente la primera neocirujana del mundo.
DEPORTE:
Rumanía
ha dado grandes deportistas olímpicos, tanto en Gimnasia como en
atletismo, tenis y remo. La rama del fútbol también es conocida en este
país. El Steaua Bucarest es el más conocido a nivel internacional, ya
que es el primer -y único- club de su país en ganar la Copa de Europa,
en 1986. Otros clubes conocidos son el Dinamo Bucarest, el Rapid
Bucarest, el CFR Cluj, entre otros, todos ellos campeones de liga.
Aunque quizás no son la fuerza que antes era, la selección rumana de
rugby participó en todas las ediciones de la Copa Mundial. Rumanía
también tiene una tradición de éxitos en balonmano y en piragüismo.
Nadia Comăneci (1961):
Ganadora de nueve medallas olímpicas de las que cinco son de oro. Fue
la primera en lograr una puntuación perfecta, 10 en asimétricas, en una
competencia olímpica. Es considerada una de las más grandes gimnastas
del siglo XX.
Simona Amânar (1979): Gimnasta,
ganadora de siete medallas olímpicas y campeona individual de gimnasia
artística en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000. Es una de las mejores
gimnastas de las últimas décadas.
Gheorghe Muresan (1971): Jugador de baloncesto en la NBA.
Iolanda Bala (1936):
Atleta de la minoría húngara especialista en salto de altura, fue
campeona olímpica en Roma 1960 y Tokio 1964. Considerada como una de las
mejores saltadoras de la historia.
Gheorghe Hagi (1965):
Probablemente el futbolista rumano más conocido, ha sido jugador del
Steaua de Bucarest, del Real Madrid, del FC Barcelona y del Galatasaray
turco.
Gheorghe Popescu (1967): Futbolista
activo durante los años 1980 y 1990. Considerado como uno de los mejores
futbolistas rumanos de todos los tiempos, en la actualidad es director
de una escuela de fútbol en Bucarest.
Ivan Patzaichin (9149): Piragüista, ganador de siete medallas olímpicas.
Ilie Năstase (1946):
Jugador de tenis rumano que tuvo su esplendor en los años 70 y es hoy
un personaje importante de la vida empresarial europea.
MÚSICA:
Rumanía es un país en el que, como en casi toda la Europa del Este, la música clásica y la ópera son muy populares.
Ciprian Porumbescu (1853-1883):
Uno de los compositores más famosos de su época. Una de sus
composiciones se utilizaba como himno nacional hasta 1989, curiosamente
también es autor del himno nacional de Albania.
George Enescu (1881-1955):
Gran compositor, violinista, pedagogo, pianista y director de orquesta
rumano, considerado uno de los más importantes músicos de su país.
Maria Tănase (1913-
1963): Cantante y actriz. Es recordada en Rumania como una de las
mejores intérpretes de música populares. se la considera la Édith Piaf
rumana.
Elena Cernei (1924 - 2000): Mezzosoprano de destacada actuación internacional y maestra de canto declarada Artistă Emerită de Rumania.
Virginia Zeani (1925): Soprano particularmente asociada con el repertorio italiano lirico-spinto, famosa intérprete de La Traviata.
Vladimir Cosma (1940): Compositor, violinista, pianista y director de orquesta.
Gheorghe Zamfir (1941):
El artista rumano que más discos ha vendido (unos 120.000.000 discos).
Es considerado uno de los mejores intérpretes de zampoña o flauta de
pan.
Ángela Gheorghiu (1965): Una de las cantantes de Ópera más reconocida actualmente en el panorama internacional.
Luminiţa Anghel
(1968): Cantante de pop rumana de gran fama en su país que, a lo largo
de su carrera, ha obtenido numerosos galardones tanto a nivel nacional,
como a nivel internacional.
LITERATURA Y FILOSOFIA:
La
literatura popular de Rumanía refleja las condiciones geográficas e
históricas que influenciaron el carácter del pueblo rumano. Son obras
que expresan melancolía o anhelo sin esperanza. Hasta el siglo XVIII la
mayoría de los autores cultos rumanos fueron teólogos. Los denominados
"clásicos" de la literatura rumana, (del siglo XIX), son poco conocidos
fuera de Rumanía que empezó a ser mejor conocida, especialmente a través
de traducciones al alemán, francés e inglés. Algunos autores modernos
llegaron a ser populares en Alemania, Francia o Italia.
Ion Creanga (1837-1889): Autor de numerosos cuentos.
Bolesław Prus (1847-1912):
Periodista y escritor polaco, uno de los principales representantes del
positivismo polaco de segunda mitad delsiglo XIX. Sus novelas más
importantes son "La muñeca" (1890), "Las emancipadas" (1894) y "Faraón"
(novela) (1897).
Mihai Eminescu (1850-1889): Poeta nacional de Rumania. Su obra ha sido traducida a 60 idiomas.
Ion Luca Caragiale (1852-1912):
Dramaturgo, uno de los cuatro clásicos de la literatura rumana. (En su
honor fue nombrado el Teatro Nacional de Bucarest).
Tristan Tzara (1896-1963): Es el seudónimo del poeta y ensayista Samuel Rosenstock. Llegó a ser el emblema del “Dadaísmo”
Constantin Noica (1909-1987):
Filósofo y ensayista. Tras la caída del comunismo en Rumania, fue
aceptado como miembro post-mortem de la Academia Rumana.
Eugène Ionesco
(1909-1994): Dramaturgo y escritor. Es reconocido como una de las
principales figuras del denominado “teatro del absurdo”. Su obra más
conocida “La cantante calva”.
Émile Michel Cioran
(1911-1995): Filósofo y escritor. Fuertemente influido por Nietzsche y
el pesimismo de Schopenhauer. En sus escritos remarcó su especial
predilección por el pueblo ruso y el español.
Constantin Virgil Gheorghiu (1916-1992): Escritor conocido mayoritariamente por su novela, “La hora 25”.
Eliezer Wiesel (1928):
Escritor de origen húngaro nacionalizado rumano. Estuvo preso en un
campo de concentración nazi lo que marcó sus escritos. Sus tres novelas
(La noche, El alba y El día; publicadas en español bajo el título de
Trilogía de la noche), narran sus vivencias en los campos de
concentración nazis. Premio Nobel de la Paz en 1986.
Norman Manea
(1936): Escritor rumano de origen judío. Está considerado uno de los
más importantes autores contemporáneos a nivel internacional.
Mircea Cărtărescu (1956):
Poeta, prosista y crítico literario rumano. Está considerado el más
importante poeta rumano de la generación de 1980, según la crítica
literaria.
Ioan Morar (1956): Licenciado en
Filología, profesor de Instituto. Cofundador del movimiento democrático
"Alianza Cívica". Ha publicado cuatro libros de poesía y ha sido
galardonado dos veces con el premio de la Unión de Escritores.
Gelu Vlasin: (1966). Ha publicado seis libros de poesía. Debuta en la literatura en 1999 con el libro de poemas "Tratado de psiquiatría".
Constantin Virgil Banescu (1982):
Publicó su primer libro en el año 2000. Ha recibido distintos premios
literarios en Rumania y Alemania, a la mejor obra de debut. Algunos de
sus poemas se han publicado en revistas literarias alemanas y suizas.
CINE:
En
los últimos años, Rumanía está logrando proyectar sus películas
internacionalmente. Su cine se impone en los festivales de todo el mundo
dónde están teniendo buena acogida. Rumania apenas produce unas 20
películas anuales y a duras penas tiene un mercado interno donde colocar
sus filmes. Es de los países del mundo en que la gente menos va al
cine, sólo hay 65 salas en todo el país.
Nicolae Margineanu (1938): Director. Su cinta más conocida “Bless you prison” (2002)
Marcel Iures (1951):
Uno de los actores rumanos más elogiados que ha logrado varios premios
entre los que cabe destacar el Premio al Mejor Actor durante dos años
consecutivos. Películas: “Entrevista con el vampiro”, “El pacificador”,
“ La guerra de Hart”, “ Crimen organizado”.
Cristi Puiu (1967):
Director y productor. Su primera película “La muerte del señor
Lazarescu” (2005) fue el primer filme rumano de gran recibimiento
internacional.
Cristian Mungiu (1969): Director de cine. Ganó la Palma de Oro en Cannes por su película”4 meses, 3 semanas, 2 días”.
Radu Muntean (1971): Director y guionista, figura central de la “Nueva ola rumana” con películas como “The paper will be blue” y “Boogie”.
Catalin Mitulescu (1972): Director de “Como celebré el fin del mundo”, y “Loverboy” entre otras.
Corneliu Porumboiu (1975):
Dirigió su ópera prima “Bucarest 12:08” estrenada en la quincena de
realizadores de Cannes, donde obtiene el primer premio, la Cámara de
Oro.
Cristian Nemescu (1979): Director y guionista. Murió a los 27 años en un accidente de coche. Su película más conocida “California Dreamin”.
QUE VER:
Bucarest: Es
conocida como el París de los Balcanes. Entre sus edificios destacan el
Ateneo Rumano, el Palacio del CEC, la Universidad, el Palacio de
Justicia, el Ayuntamiento y el Viejo Parlamento, construido en 1907; y
las iglesias más destacadas son Stravropoleos, del siglo XVIII, y la
Catedral Patriarcal, del siglo XVII. (Página Oficial de Turismo de Bucarest)
Fuera de los límites de la capital,
visite los palacios de Mogosoaia, Buftea y Heresti y los viejos
monasterios de Snagov, Cernica, Pasarea, Caldarusani y Tiganesti.
En Constanza
su puerto greco bizantino, cuyos orígenes se remontan al siglo VI, el
delta del Danubio declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO. (Entornos de Bucarest)
En la región de Transilvania,
Cluj-Napoca con el Jardín Botánico, la Catedral Ortodoxa y la Iglesia
de san Miguel. En Brasov, destaca su ciudad medieval amurallada, la
Iglesia de Santa María, la Torre Blanca y la Torre Negra y la Puerta de
Ecaterina. En la misma región se encuentra el Castillo de Bran, lugar
que inspiró a Bram Stoker para crear el personaje Drácula, es un destino
único, en un paisaje escalofriante. (Página Oficial de Turismo de la Región de Transilvania)