Mostrando entradas con la etiqueta voz de los refigiados. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta voz de los refigiados. Mostrar todas las entradas

martes, 3 de marzo de 2020

Maltrato de Grecia a los refugiados sirios

“Los policías griegos nos robaron todo y nos devolvieron a Turquía”

Las políticas de Atenas y Ankara dejan atrapados en la frontera a más de 15.000 refugiados

Unos migrantes se agolpan en la orilla del río Evros, este domingo cerca de Pazarkule (Turquía). En vídeo, un grupo de ciudadanos de Lesbos trata de impedir el desembarco de refugiados sirios. AP | Vídeo: Atlas
Tres afganos de siete u ocho años lanzan piedras a las aguas del río Evros, intentando llegar cada cual más lejos. Juegan, ejercen de niños, lo que son. Tampoco pueden hacer mucho más para matar el rato en la aldea de Doyran, en la linde turca del río. Desde allí, la otra orilla —Grecia, la Unión Europea— está tan cerca que parece muy fácil llegar. Pero resulta casi imposible.
Aunque un tercio o más de los 15.000 refugiados que se agolpan a lo largo de la frontera turco-griega se concentran en el paso de Pazarkule-Kastanies y en torno a la valla de diez kilómetros que delimita parte de la frontera, desde la noche del sábado muchos otros han sido dirigidos hacia la parte fluvial de la frontera, el Evros, que marca la separación entre ambos países a lo largo de 200 kilómetros.
En la noche del sábado, cientos de refugiados trataron de ganar la orilla griega en pequeños botes. “Pasamos, a las nueve o diez de la noche [del sábado]. [Los traficantes] Nos pidieron 100 liras [unos 15 euros] por persona y cruzamos en barcas hinchables”, explica Masud Haydari, un joven afgano. “Pero al llegar al otro lado, los policías griegos nos pararon. Nos robaron todo, el dinero, los teléfonos, los pantalones de repuesto... Todo. Y nos devolvieron a Turquía”. Les hicieron volver caminando a través del río —las aguas bajan con poco caudal este año— pese a que de noche las temperaturas descienden por debajo de los cero grados. Por la mañana, Masud y otras ocho familias más se sientan en un prado a unos metros del río, a secar sus ropas entre las hogueras. “Aquí hace mucho frío, hay muchos niños y se ponen enfermos. Pensábamos que la frontera estaba abierta, y por eso dejamos todo, nuestro trabajo, nuestra casa y vinimos aquí. Pero la frontera está cerrada”.
Integrantes de grupos diferentes de migrantes relatan comportamientos parecidos de los agentes griegos de vigilancia fronteriza. Otro grupo, de unos treinta afganos, explica haber sido recibido con “disparos al aire” por la policía griega y luego devuelto a Turquía, una práctica conocida como pushback o devolución en caliente, y que, pese a la reciente sentencia del Tribunal de Estrasburgo,  está prohibida por la legislación internacional. Muhannad, un iraquí de Mosul, relata que otros compañeros de viaje también han sufrido un destino semejante: “Vimos pasar a unas mil personas. Pero a nuestros amigos que cruzaron a Grecia les quitaron las mochilas y los teléfonos, y los retornaron a Turquía”. Un aldeano de Doyran muestra vídeos grabados horas antes en los que se ve a africanos empapados, a los que supuestamente las autoridades griegas devolvieron por el río tras despojarles incluso de las camisetas y sudaderas.
“No intente cruzar la frontera. Nadie puede hacerlo. A aquellos que intentan entrar ilegalmente se les impide entrar en el país”, advierte un SMS de las autoridades griegas que ha comenzado a llegar a los teléfonos de los refugiados desplazados a la frontera. La presión del Gobierno griego, que ha enviado a la zona policías de refuerzo y ha pedido auxilio a la agencia europea Frontex, ha hecho que no pocos refugiados se planteen regresar a las ciudades en las que residían antes de esta crisis migratoria. “Habíamos tomado la decisión de volver a Estambul. Íbamos en taxis unas diez o 15 familias y nos han parado los policías turcos en la carretera. Nos han dicho que volvamos a la frontera”, se queja Zekerya, un joven iraquí; “ni los griegos nos dejan pasar ni los turcos nos dejan volver, así que no sabemos qué vamos a hacer. Nos hemos quedado en medio”.
No cabe duda de que a Turquía le interesa enviar cuantos más emigrantes a la frontera para incrementar la presión sobre la UE. El ministro de Interior, Süleyman Soylu, continuamente da cifras exactísimas con mensajes del estilo: “Hasta las 09.55 el número de migrantes que han abandonado nuestro país a través de [la provincia de] Edirne es de 76.358”. Mensajes que se replican luego en los grupos de Telegram, Facebook y WhatsApp que utilizan los refugiados para informarse. Parece ser una técnica utilizada con el fin de mostrar que el camino está despejado.
Las autoridades griegas califican estas cifras de “completamente falsas”. Según el recuento de la policía griega, 139 migrantes han sido detenidos tras entrar a territorio heleno, de los que 17 afganos ya han sido condenados por un tribunal a tres años y medio de cárcel. Quizás algunos cientos más han logrado cruzar sin ser detectados por las autoridades griegas, pues, como reconoció el gobernador de Tracia, Jristos Metios, a la cadena Skaï, “el río Evros es realmente muy largo y hay pasajes fáciles. Pese a los esfuerzos de las fuerzas de seguridad, algunos migrantes consiguen pasar”. Pero, desde luego, los números que da Turquía son irreales.
En la orilla turca es además evidente la actuación de traficantes a plena luz del día. Tradicionalmente en los pueblos de esta zona hay traficantes locales que se dedican a enviar a refugiados y migrantes compinchados, a veces, con personas del lado griego. Pero suelen actuar al amparo de la noche. En cambio, la mañana de este domingo, tres que aseguraban haber venido de Estambul trataban de organizar el cruce dando gritos y ofreciendo plazas en barcas a los migrantes.
“Jamás pensé que me convertiría en refugiado. Mi familia tenía un restaurante en Mosul y la vida nos iba bien. Pero luego llegó el Estado Islámico, la guerra, no quedó piedra sobre piedra y tuvimos que huir. En Turquía, la vida es muy dura, trabajo 12 o 13 horas al día y estoy solo. Mi padre y mi madre siguen en Irak, el resto de mi familia está en Francia. No los he visto en cinco años”, lamenta Muhannad, desesperado por no poder continuar hacia adelante ni volver hacia atrás: “Llevamos dos días durmiendo al raso, con este frío. Ni Turquía ni Grecia tienen piedad de nosotros”.

lunes, 3 de febrero de 2020

La mirada de una refigiada siria




Con 14 años escapó de la guerra en Siria, junto a su familia, rumbo a un campo refugiados en Jordania. A cuestas llevaba solo lo imprescindible para ella: sus libros escolares. Para Muzoon Almellehan, la educación significa esperanza y futuro. Durante los tres años que vivió en campos de refugiados luchó por concienciar a las familias acerca de la importancia de la educación. Ella no cuenta solo su historia, o la de los niños sirios, sino la de millones de niños del mundo que no tienen voz. Su inspiradora historia, su valentía y su firme defensa de la educación han hecho que muchos se refieran a ella como la ‘Malala siria’. En 2017 se convirtió en la primera Embajadora de buena voluntad de UNICEF con estatus de refugiada. “Cuando negamos a los niños y a las niñas su derecho a la educación, les impedimos que tengan esperanza, que alcancen sus metas y que algún día puedan volver a sus países para reconstruirlos”, afirma.

miércoles, 4 de abril de 2018

Zainan Salbi



En la guerra con frecuencia se ven sólo historias de la primera línea, de soldados y del combate. En TEDGlobal 2010, Zainab Salbi cuenta historias fuertes de la "retaguardia"; historias de mujeres que siguen con la vida cotidiana durante los conflictos, y hace un llamado a que las mujeres tengan un lugar en la mesa de negociaciones cuando la lucha termina.
This talk was presented at an official TED conference, and was featured by our editors on the home page.
About the speaker

martes, 20 de junio de 2017

Refugiados de primera y de segunda categoría


La Rioja

“Hay refugiados de primera categoría y refugiados de segunda”

La riojana Teresa Lapresa trabaja en un centro de Bolzano (Italia), donde viven los refugiados hasta que consiguen su documentación oficial para residir legalmente en Europa
Teresa Lapresa es una periodista logroñesa que lleva siete meses ayudando a los refugiados desde Bolzano, una localidad situada en el Tirol del Sur (Italia). Su trabajo no consiste en echarse al mar para participar en labores de rescate, como podemos ver en los telediarios y asemejamos a las tareas del personal extranjero, sino en el siguiente paso que estas personas deben dar en busca de un futuro mejor. “Es un poco complicado de explicar”, comienza en su relato, porque se trata de conseguir salvar un muro más complicado que las barreras físicas: el burocrático.
Esta joven riojana se encuentra en un centro de segunda acogida, algo que en España sería similar a los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE), donde los refugiados llegan tras pasar por otro centro en el que entregan sus documentos para hacer su petición de asilo, son registrados (sello de huellas mediante) y pasan unas pruebas médicas en las que se certifica que no tienen ninguna enfermedad de gravedad. “Que son aptos para vivir en la comunidad”, aclara Lapresa.
Para cuando llegan ante los ojos de esta logroñesa, los refugiados ya han pasado todas las penurias posibles que regalan las guerras y han sido estafados por las mafias durante su viaje. A partir de ese momento, su pelea es la de conseguir una documentación que les permita vivir en Europa legalmente y adaptarse a su nueva vida: “Deben esperar por lo menos un año para poder explicar su situación ante una comisión o tribunal”.
En el centro en el que se encuentra esta riojana hay 130 refugiados (no sólo sirios, también afganos, entre otras nacionalidades), aunque calcula que en la región de Bolzano (medio millón de habitantes) hay cerca de un millar y más de 100.000 en toda Italia. Pese a que dependen administrativamente de lo que en España sería la comunidad autónoma, Cáritas se encarga de la gestión del edificio: “El primer problema que hay es la diferencia de centros porque 20.000 están en estructuras del Gobierno. Hay refugiados de primera y refugiados de segunda. Los que viven en los centros gubernamentales reciben un trato mejor y se puede hacer mucho más trabajo con ellos. Lo bueno sería que hiciera todo el Gobierno, pero no tiene capacidad”.
El otro problema es no ser un refugiado. “Los afganos, por ejemplo, tienen protección, pero no los de Bangladesh. No se les da a casi ninguno porque se les considera migrantes económicos. Si te mueres de hambre, no entras en este sistema”, comenta, para resaltar que cuando comienza el proceso para solicitar el asilo ya existe un documento temporal que les permite trabajar desde el segundo mes (antes era hasta el sexto).
EL TRABAJO DIARIO
En el centro, más allá de la asesoría en los asuntos burocráticos, los refugiados también reciben clases de idiomas (italiano y alemán) y entran a gestionar la propia casa haciendo las tareas que se necesiten. “La parte más dura del trabajo llega cuando tienen que contar su historia porque es muy dura a nivel psicológico. Muchos de ellos están machacados por todo lo que han vivido y tienen que contarte cómo les han perseguido o matado a su familia”, relata la joven periodista.
Abierto las 24 horas del día y con siete trabajadores, Lapresa reconoce que se trata de una labor “muy bonita” y “enriquecedora”: “Se aprende mucho de ellos, aunque es muy duro y frustrante. Es gente que tiene muchísimo potencial, pero es muy difícil integrarlos de nuevo en la sociedad”. “La mayoría no tienen familia y viven todo con nosotros: lo bueno y lo malo. Si abrazan a alguien te abrazan a ti y si se enfadan con alguien es contigo. Somos la cara visible de un sistema injusto y se crean vínculos muy fuertes con ellos”, añade.
¿Lo mejor? Lo tiene claro. “Los momentos más bonitos son cuando llegan con la respuesta de su petición de asilo positiva. Vivir con ellos ese momento, después de años de dar vueltas de un país para otro y después de las barbaridades que han vivido… se viven muy intensamente. Si te quedas con lo negativo, es muy difícil vivir allí todos los días”.

lunes, 30 de enero de 2017

13 historias para entender de qué huyen los refugiados/as

13 historias para entender la huida de los refugiados en cuatro continentes

La ONU cifra en 65,3 millones el número de personas refugiadas, desplazadas internas y solicitantes de asilo en la que es ya la peor crisis humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial
Este lunes 20 de junio se celebra el Día Mundial de los Refugiados: os acercamos trece historias para visibilizar su camino de huida en distintos lugares del mundo
Desde Acnur recuerdan que los Gobiernos deben "compartir responsabilidades para garantizarles su derecho a la protección y a una vida segura"
 
 
Mapa de los países de origen y destino de los refugiados que protagonizan estas 13 historias | FOTO: Belén Picazo
Mapa de los países de origen y destino de los refugiados que protagonizan estas 13 historias | FOTO: Belén Picazo
Sus vidas podrían medirse en kilómetros. A cada uno de ellos le acompaña en los talones el peso de un viaje, una huida. Por motivos diferentes, en países de salida y destino diferentes, con finales diferentes. Todos son refugiados.
Amina escapó a Líbano para no separarse demasiado de su Siria natal. Louis inició un larguísimo viaje a España al ver que en Camerún, su país, quemaron vivo a su novio delante de sus propios ojos, y que él podía ser el siguiente. Juan María lleva siete años pendiente de que el Gobierno español le dé una respuesta a si le concede o no el asilo, mientras que a Ana María y Natalia, madre e hija, ya se lo han denegado. No contemplan que la violencia de las maras sea una amenaza suficiente como para salir del país, pese a que la joven de 14 años asegure haber visto a compañeros de su escuela "degollados y tirados al río". 
¿Cómo se huye cuando hay riesgo de muerte? ¿Por qué rutas? ¿Quién pide asilo y a quién se le concede? ¿Hay ayudas para quienes llegan a su destino? Con motivo del Día Mundial de los Refugiados, el 20 de junio, os acercamos una recopilación de trece historias con perfiles muy distintos pero un aspecto en común: todos han iniciado un camino huyendo de las amenazas, la violencia o las guerras de sus países. Buscan refugio en el otro lado de la frontera. 

Amina

Amina escapó de la guerra en Siria a Libano | Foto: Entreculturas
Amina escapó de la guerra en Siria a Libano | Foto: Entreculturas
Dice que a Europa solo llegan los que tienen más poder económico, los que pueden permitirse pagar entre 1.000 y 2.000 euros para jugarse la vida en un bote hinchable. Amina huyó a Líbano, país limítrofe con su Siria natal, la que hasta entonces había sido su casa. "Nunca quise irme más lejos. Yo sé que quiero volver. No sé cuándo, pero voy a volver", dice.
Amina es maestra. La primera víctima de la guerra que ella conoció fue uno de sus alumnos, muerto en un bombardeo. Entonces el nombre del pequeño pasó a ser el de su escuela para "rendirle un homenaje", pero llegó un día en que "había demasiados niños muertos a quienes honrar".
Hoy sigue enseñando a los niños sirios refugiados en el campo al que ella también ha huido. "Llegará el día en que tendremos que volver a Siria. El país estará destruido, pero al menos educando a sus pequeños durante este tiempo lograremos que su futuro no esté en ruinas"
Texto: Patricia Ruiz

Louis

Louis huyó desde Camerún a España por la persecución y las amenazas que sufría por ser gay | FOTO: Imagen cedida
Louis huyó desde Camerún a España por la persecución y las amenazas que sufría por ser gay | FOTO: Imagen cedida
Louis vio cómo quemaban a su novio vivo delante de sus propios ojos, por quererle a él, una persona de su mismo sexo. Aquello fue lo que detonó su huida. No podía ni quería esconderse más, así que inició su camino. Al principio sin rumbo fijo. "No sabía dónde iba. Solo iba para delante, para delante", nos decía en un español afrancesado. Pasó por Nigeria, Argelia y Marruecos. Cruzó el Estrecho en patera. "Cuando llegué a España, pensé: 'si aquí puedo vivir, si puedo ser yo sin que me maten, para qué voy a cruzar más fronteras'".
Pidió asilo en España porque, supuestamente, la ley protege sus sentimientos, pero el Gobierno se lo denegó por "falta de pruebas" y porque "podía haber solicitado asilo en alguno de los países de tránsito": Argelia o Nigeria. Entonces, activaron una orden de expulsión que recurrió. Hace dos años, cuando Louis nos contó esta historia, llevaba más de un año esperando a que se resolviera su recurso, sin saber si le obligarían a volver al país en el que nunca podrá ser quien realmente es, bajo amenaza de muerte.
Leer la historia completa. Texto original: Gabriela Sánchez. 

Ana María y Natalia

Ana María y Natalia huyeron de El Salvador a España por las amenazas de las maras | FOTO: Entreculturas
Ana María y Natalia huyeron de El Salvador a España por las amenazas de las maras | FOTO: Entreculturas
Ana María y Natalia (nombres ficticios), madre e hija viven ya tranquilas, pero inquietas. Huyeron a España tras las amenazas de las maras salvadoreñas, pero les preocupan los suyos, los que se tuvieron que quedar allí. Tampoco saben si tendrán que volver más pronto que tarde: el Gobierno les ha denegado el asilo y podrían ser deportadas en cualquier momento.
La violencia de los grupos pandilleros no está recogida dentro de la Convención de Ginebra como una de las causas por las que alguien podría ser refugiado. "En la orden que nos denegaba el asilo había una amenaza de deportación en quince días. Nos sentimos impotentes. Si una amenaza de muerte no es suficiente motivo para huir de tu país legalmente, ¿qué lo es?", dice la madre. A lo que la hija contesta: "Tengo compañeros del colegio a los que han degollado y tirado al río. No se puede vivir allí".
Texto: Patricia Ruiz. 

Ibrahim

Ibrahim huyó a Camerún desde Nigeria perseguido por Boko Haram. En el camino perdió la vida de su padre, y casi la suya | FOTO: Acnur, Hélène Caux
Ibrahim huyó a Camerún desde Nigeria perseguido por Boko Haram. En el camino perdió la vida de su padre, y casi la suya | FOTO: Acnur, Hélène Caux
Al pequeño Ibrahim lo enterraron vivo. Aunque intentaba huir con su familia, no había escapatoria para todos. Su padre se cansó demasiado cuando salieron corriendo y al atraparle, Boko Haram le degolló. El niño de diez años lo vio todo y empezó a llorar sobre el cuerpo sin vida de su padre, cuando uno de los terroristas aprovechó para sacar su machete y le golpeó en la cabeza.
La cicatriz de su cráneo habla por si sola. "Después de que me hicieran un corte en la cabeza me desmayé. No podía moverme, me arrastré hasta llegar debajo de un árbol, pero volvieron de nuevo. Me levantaron y pensaron que estaba muerto. Cavaron un hoyo y me tiraron dentro, cubriéndome de arena", recuerda el niño en un testimonio recogido por Acnur.
Dos días después, su abuela y su hermana Larama volvieron a la frontera para buscarle a él y a su padre. Encontraron a Ibrahim casi sin querer, y casi sin vida. Larama sacó todas sus fuerzas para desenterrarle y "llevarle a casa". A la que a partir de ahora sería su casa, en Camerún, pasada la frontera del horror instaurado por el grupo terrorista.
Leer la historia completa. Texto: Patricia Ruiz. 

Rebecca

Rebecca, desplazada interna en Sudán del Sur, huyó desde su pueblo en Unity hasta Tonj East por el hambre y la guerra | FOTO: Gabriel Pecot
Rebecca, desplazada interna en Sudán del Sur, huyó desde su pueblo en Unity hasta Tonj East por el hambre y la guerra | FOTO: Gabriel Pecot
Parece que Rebecca se siente mal por sonreír. Hace unos meses tomó una decisión que ahora le atormenta. Huyó de su pueblo, situado en el estado de Unity, una de las zonas más afectadas por la guerra y el hambre en Sudán del Sur. La carretera, asegura, era más peligrosa que su hogar. No quería arriesgar la vida de cuatro de sus hijos y los dejó allí. Partió hacia Juba, donde vivían sus otros tres niños. Quería comprobar que el trayecto era seguro.
La situación de la carretera nunca mejoró y el conflicto en el estado donde continúan tres de sus hijos empeoró. "Me siento desgraciada porque mis hijos siguen allí. Los combates continuos son peligrosos. Sigo buscando a alguien que se haga cargo de ellos en Unity", reconoce mientras mueve los ojos de un lado a otro en un intento de evitar las lágrimas.
Rebecca frunce el ceño. "Echo de menos vivir en paz, la felicidad. Me gustaría que volviera todo eso", afirma con una frase escueta, fría, brusca. No quiere seguir hablando, se le nota, pero decide añadir algo más. Y con ese algo más, sonríe. "Lo que me hace feliz es hablar con mis hijos cuando vuelven del colegio y hablamos sobre los deberes que tienen. Eso me hace feliz".
Leer la historia completa. Texto original: Gabriela Sánchez. 

Russom

Russom huyó de Eritrea a Israel porque sufría persecución por haberse negado a alistarse en el ejército. Antes de llegar estuvo un año secuestrado en un campo de tortura en el Sinaí. | FOTO: Isabel Cadenas Cañón
Russom huyó de Eritrea a Israel porque sufría persecución por haberse negado a alistarse en el ejército. Antes de llegar estuvo un año secuestrado en un campo de tortura en el Sinaí. | FOTO: Isabel Cadenas Cañón
En 2009, Russom empezó el viaje de su vida. A pie. Cruzó la frontera que separa su país, Eritrea, de Etiopía. Allí pagó 200 dólares para cruzar a Sudán, desde donde se fue a Egipto. Huía de una dictadura que le obligaba a ser soldado para formar parte del que representa hoy el mayor ejército por población en el mundo, después del de Corea del Norte. El país considera desertores a quienes escapan: si vuelven, se enfrentan a penas de prisión de por vida o, incluso, a la muerte.
Cuando pasó por el Sinai lo secuestraron y lo internaron en uno de los campos de torturas de la región. Pedían 20.000 dólares para liberarlo. Un amigo le dio a Russom el número de Meron Estefanos: desde Estocolmo, Meron, eritrea nacionalizada sueca, conduce un programa de radio al que llaman en directo aquellos que están siendo torturados. Porque él no es el único que sufre la misma suerte en este trayecto.
Meron les ayuda a recaudar los fondos para su liberación: 4.000 dólares del rescate de Russom vinieron de su programa de radio. Los 16.000 dólares restantes provenían de su familia, que vendió todo que tenía y se endeudó de por vida para poder liberarlo. Russom llegó a Israel en 2011, dos años después de salir de Eritrea. Pasó un año sin poder trabajar por las secuelas de la tortura.
Leer la historia completa. Texto original: Isabel Cadenas.

Juan María

Juan María huyó de Guinea a España por persecución política
Juan María huyó de Guinea a España por persecución política

Juan María salió de Guinea por persecución política. Sus enemigos le consideraron un "traidor de la patria" por ser parte de un partido que se oponía a la dictadura. Así que huyó. Reconoce que lo que más le dolió fue dejar a su madre, que aún con 85 años seguía recibiendo las amenazas de muerte que ya no podían lanzarle a él.
Queda lejos el plazo de seis meses en el que debería haberse resuelto su petición y que nadie ha respetado. Aun con una paciencia infinita, su desesperación es ya evidente. "Cuando llegué, me fui a Zaragoza porque escuché que allí había muchos guineanos. En realidad han sido ellos los que me han ayudado, mis paisanos", explica.
En España nadie le informó de sus derechos: "Ni siquiera mi abogado, que fue quien me asistió en la oficina de asilo", dice. Se cumplen siete años y medio desde que solicitó refugio en nuestro país y aún no ha obtenido respuesta. A día de hoy sigue esperando.
Texto: Patricia Ruiz. 

Adriana

Adriana huyó a Ecuador por las amenazas que sufría de grupos de la guerrilla colombiana | FOTO: Jaime Giménez
Adriana huyó a Ecuador por las amenazas que sufría de grupos de la guerrilla colombiana | FOTO: Jaime Giménez
"Vine a Ecuador porque los grupos armados nos sacaron. Nos dieron tres días para salir del pueblo, si no nos íbamos nos harían desaparecer", contaba Adriana. Ahora vive en uno de los países que más asilados alberga de América Latina. "No voy a perder la vida por estar allí, pero echo en falta el afecto de mis hijos".
Para poder sobrevivir en su nuevo país, Adriana recolecta conchas en los manglares de la zona. "El día que más saco 'conchando' consigo cinco dólares. Me da para comer, pero para nada más, ni siquiera para vestirme", reconoce, mientras muestra una herida en el pie por una picadura de mantarraya.
El poco dinero que gana se va rápido. Cada varios meses debe viajar tres horas y media en autobús hasta la capital provincial de Esmeraldas para poner en regla sus papeles. El pago de los viajes consume buena parte de los ingresos de Adriana. Pero sigue peleando.
Leer la historia completa. Texto original: Jaime Giménez y Gabriela Sánchez. 

Darush, Asmatullah, Jallali...

Los traductores del Ejército español en Afganistán huyeron a España tras las amenazas de los talibanes por haber servido al "enemigo" | FOTO: Alejandro Navarro Bustamante
Los traductores del Ejército español en Afganistán huyeron a España tras las amenazas de los talibanes por haber servido al "enemigo" | FOTO: Alejandro Navarro Bustamante
Hace unos años fueron indispensables para las tropas españolas destinadas en Afganistán, pero al volver, observaban cómo el Ministerio de Defensa les ignoraba. "Éramos sus ojos, su lengua... Sin nosotros, no hacían nada". Ellos son los intérpretes afganos que arriesgaron su vida para servir al Ejército de España. Después de conseguir el asilo, agotaron sus ayudas y se quedaron prácticamente en la calle.
Su permanencia en Afganistán, tras años dedicados a servir a un ejército que luchaba contra los talibanes, se traducía en un grave riesgo para sus vidas. Todos recibieron amenazas por ayudar "al enemigo", hasta el punto de "no poder salir de casa durante meses", nos contaba uno de ellos. 32 de los cerca de 40 intérpretes obtuvieron en 2014 la protección internacional prometida.
No esperaban, sin embargo, toparse con las debilidades del sistema de asilo español. Después de pasar durante seis meses por un Centro de Acogida para Refugiados (CAR), obtuvieron una subvención temporal de 372 euros a través de Cruz Roja para costear vivienda y gastos que se agotó a los pocos meses. Cuando contaban su historia a eldiario.es, en octubre de 2015, muchos estaban a punto de quedarse en la calle.
Leer la historia completa.  Texto original: Gabriela Sánchez. 

Paloma

Paloma huyó a España desde México, donde había sido captada por una red de trata de mujeres con fines de explotación sexual
Paloma huyó a España desde México, donde había sido captada por una red de trata de mujeres con fines de explotación sexual
"Quedan muchas más…". A Paloma (nombre ficticio) se le quebraba la voz cada vez que hablaba. Tiene estudios universitarios y experiencia laboral, pero la trampa de su vida llegó en forma de una entrevista de trabajo que resultó no ser lo prometido. Paloma acabó siendo captada por una red mexicana de narcotráfico que la explotó sexualmente, la obligó a tomar drogas y la forzó a hacer ritos satánicos.  
Se marchó como pudo, con lo puesto y arrastrando todo el miedo que las amenazas de muerte y persecución despertaban en ella. Al no encontrar ninguna protección en su país buscó refugio en España, donde tras un largo proceso de dos años –según la legislación vigente las solicitudes deberían ser resueltas en un plazo máximo de seis meses–, consiguió que le concedieran el asilo. Era la segunda vez que nuestro país concedía esta medida de protección a una víctima de trata, y ella, la primera que decidía contar su historia.
Leer la historia completa. Texto original: Gabriela Sánchez. 

Aadeel

Aadeel huyó del conflicto paquistaní en Baluchistan. Quería llegar a Alemania, pero quedó atrapado en Grecia tras el cierre de la ruta de los Balcanes.
Aadeel huyó del conflicto paquistaní en Baluchistan. Quería llegar a Alemania, pero quedó atrapado en Grecia tras el cierre de la ruta de los Balcanes.
Aadeel es paquistaní. Pasó "seis horas en el mar, de noche, a la deriva, rezando a Dios para sobrevivir". 15 días después veía cerrarse su camino a Alemania donde ya viven su hermana y hermano. "Si pudierais imaginar de lo que venimos. No puedo realizarme allí, no puedo salvar mi vida, no tengo derechos humanos".
Quedó atrapado en Grecia tras llegar a la isla de Lesbos pocos días después del cierre definitivo de la ruta de los balcanes. "He dejado a mi madre atrás, he sacrificado los ahorros de mi vida, he sacrificado mis estudios universitarios, máster de contabilidad y finanzas, todo, para venir a Europa y proteger mi vida", se lamentaba. "Si hubiera sabido que nos cerrarían las puertas, nunca habría venido".
No lograba entender por qué a los migrantes de una nacionalidad se les considera refugiados y a los de otras, como la suya, 'inmigrantes económicos'. Rodeado por compatriotas que asentían como si hablara en nombre de todos, Adeel nos lanzaba la pregunta: "¿Por qué los sirios sí y nosotros no?".
Texto original: María Iglesias, Jaime Rodríguez, Carlos Escaño

Richard

Richard huyó a España bajo persecución y amenazas por defender los derechos humanos en su país, Burundi | FOTO: Amnistía Internacional
Richard huyó a España bajo persecución y amenazas por defender los derechos humanos en su país, Burundi | FOTO: Amnistía Internacional
"En mi país no hay lugar para los disidentes. Cualquier persona que no apoye el tercer mandato del presidente está condenado a muerte", decía Richard en una visita en España. Desde abril de 2015 las revueltas en las calles de Burundi no han parado, mientras la violencia, la represión y el número de muertos diarios no ha hecho más que ascender.
Para los defensores de los derechos humanos, como Richard, ese contexto es más que peligroso. "Decidí irme a Holanda cinco meses para que se olvidaran de mí, porque la situación se estaba volviendo muy peligrosa". Pero en agosto, cuando se disponía a embarcar en el avión de vuelta, se enteró de que habían disparado a uno de sus mejores amigos, también activista.
Así, decidió quedarse en Bruselas, donde permanece protegido a la espera de poder volver con su mujer y su hijo. "No me planteo pedir asilo porque eso supondría renunciar a volver a mi país próximamente, y yo pretendo volver a luchar por los derechos de mi población tan pronto como pueda. Mi mujer y mi hijo aún están allí".
Leer la historia completa. Texto original: Patricia Ruiz. 

Zamzam

ZamZam llegó al campo de refugiados de Dadaab (Kenia) huyendo del conflicto somalí
ZamZam llegó al campo de refugiados de Dadaab (Kenia) huyendo del conflicto somalí
Zamzam dejó su vida en Mogadiscio el 11 de abril de 2011 para exiliarse en Dadaab, el campo de refugiados más grande del mundo y que ahora peligra debido a las intenciones del gobierno keniano de echarle el cierre. Cruzó la frontera sur de Somalia para alcanzar refugio en Kenia, pero nunca imaginó las duras condiciones del campo ni las limitaciones que afrontan allí los refugiados para intentar valerse por sí mismos.
"Hay días que no tenemos agua y cada vez recibimos menos comida. Las casas en las que vivimos son más recientes y peores que las de otros campos, pero preferimos vivir de esta manera antes que volver a Somalia. Estar allí es muy peligroso y sabemos que si volvemos podemos morir", contaba desde la sombra de un árbol en su pequeña parcela en el campo de Ifo II.
Llegar a Dadaab es casi tan complicado como salir de allí. Para llegar, por la burocracia y las advertencias sobre la inseguridad de las carreteras. Para salir, porque los refugiados no tienen permiso de trabajar más allá de las fronteras de Dadaab y son muy pocos los que han mostrado un deseo manifiesto de regresar a sus hogares.
Leer la historia completa. Texto original: Sabina de Vicente. 
––
Este artículo contiene información de  Gabriela Sánchez, Isabel Cadenas Cañón, Jaime Giménez, María Iglesias, Jaime Rodríguez, Carlos Escaño, Sabina de Vicente y Patricia Ruiz.

 Fuente: