AULA DE INMERSIÓN LINGÜÍSTICA CUENCA DEL NALÓN Y CAUDAL (SEDE EN: I.E.S. CUENCA NALÓN. LA FELGUERA. LANGREO)
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miércoles, 13 de junio de 2018
lunes, 9 de enero de 2017
Más allá del feminismo islámico
Artículo interesante:
http://www.publico.es/sociedad/liberacion-mujeres-excusa-occidente-justificar.html
Un fragmento:
Sirin Adlbi lleva velo y habla de feminismo, una imagen que genera un amplio debate dentro del movimiento feminista ya que algunas corrientes consideran un oxímoron llevar hiyab y ser feminista, también dentro del mundo árabe. Bajo esta disyuntiva, Sirin reivindica el uso libre del velo, entendiendo las implicaciones patriarcales que ello puede conllevar, pero que, en su opinión, no son más opresoras que la talla 36 o el uso de los tacones o el maquillaje en Occidente.
Establece también que lo que hay detrás de la prohibición del hiyab o su imposición en diferentes partes del mundo es, al fin y al cabo, el control patriarcal de los cuerpos de las mujeres. “Sin embargo, echo en falta aquí la voz de las mujeres que con nuestro hiyab queremos rescatar el Islam de unas y otras manipulaciones sexistas y reivindicar nuestro derecho y libertad a dotar a nuestras elecciones espirituales, estéticas, filosóficas y epistemológicas del sentido liberatorio y emancipatorio que queremos darle. El hiyab y sus significados en el Islam, ligados a una ética global de liberación se encuentran invisibilizados y secuestrados entre los discursos coloniales que lo convierten en símbolo universal de la subyugación femenina y símbolo de la anti-modernidad”.
http://www.publico.es/sociedad/liberacion-mujeres-excusa-occidente-justificar.html
Un fragmento:
Sirin Adlbi lleva velo y habla de feminismo, una imagen que genera un amplio debate dentro del movimiento feminista ya que algunas corrientes consideran un oxímoron llevar hiyab y ser feminista, también dentro del mundo árabe. Bajo esta disyuntiva, Sirin reivindica el uso libre del velo, entendiendo las implicaciones patriarcales que ello puede conllevar, pero que, en su opinión, no son más opresoras que la talla 36 o el uso de los tacones o el maquillaje en Occidente.
Establece también que lo que hay detrás de la prohibición del hiyab o su imposición en diferentes partes del mundo es, al fin y al cabo, el control patriarcal de los cuerpos de las mujeres. “Sin embargo, echo en falta aquí la voz de las mujeres que con nuestro hiyab queremos rescatar el Islam de unas y otras manipulaciones sexistas y reivindicar nuestro derecho y libertad a dotar a nuestras elecciones espirituales, estéticas, filosóficas y epistemológicas del sentido liberatorio y emancipatorio que queremos darle. El hiyab y sus significados en el Islam, ligados a una ética global de liberación se encuentran invisibilizados y secuestrados entre los discursos coloniales que lo convierten en símbolo universal de la subyugación femenina y símbolo de la anti-modernidad”.
martes, 4 de mayo de 2010
MIradas sobre el hiyab
http://www.islamenlinea.com/lamujer/hiyab.html
El Hiyab: develando el misterio del velo
En una sociedad que sin ninguna vergüenza expone el cuerpo y la intimidad de una mujer públicamente, donde la desnudez de algún modo simboliza la expresión de la liberación femenina, y donde los hombres llevan a cabo sus más depravados deseos sin ningún límite, cuesta poco entender por qué muchas mujeres musulmanas deciden llevar el hiyab, o velo.
Sin embargo, las generalizaciones sobre el Islam y los musulmanes que llenan los medios de comunicación – y la mente de muchas personas – hoy en día, estigmatiza injustamente a la mujer musulmana que se cubre considerándolas oprimidas o fanáticas y fundamentalistas. Estas consideraciones están gravemente erradas y son totalmente imprecisas. No sólo se mal interpreta el fuerte sentimiento de estas mujeres hacia el hiyab, sino que también se desconoce el coraje y la identidad que les brinda.
Dentro de los prejuicios más comunes, se cree que la mujer musulmana que lleva hiyab está forzada a hacerlo. Nada puede estar más lejos de la verdad. Ciertamente la decisión final de llevar hiyab no se alcanza tan fácilmente y normalmente lleva días de meditación, de temor a consecuencias y reacciones adversas y finalmente un gran coraje al momento de decidir. Llevar hiyab es una decisión personal e independiente que surge de apreciar la sabiduría que subyace en la orden de Allah y del deseo sincero de complacerlo.
"Yo creo que Allah está complacido conmigo por llevar el hiyab, si no, no lo llevaría. Creo que a un nivel más profundo hay algo hermoso y dignificante. Sorprendentemente, el hiyab ha traído dimensiones de belleza y de alegría a mi vida", dijo Mohja Kahf, asistente de cátedra en la Universidad de Arkansas, USA.
"Para mí, el hiyab es un regalo de Allah. Me da la oportunidad de acercarme a Allah y también me permite identificarme y ser reconocida como musulmana", dijo Fariha Khan, 18, Meryland, USA.
A pesar de esto, con el reconocimiento se aviene una gran responsabilidad tanto o más visible aún: ellas son representantes del Islam y de los musulmanes. A cualquier lado que van, tanto musulmanes como no musulmanes las reconocen como seguidoras del Islam.
Pero la responsabilidad más grande es entender que el hiyab es mucho más que un simple velo o pañuelo, ya que lo que realmente importa es la modestia y el decoro interior. El sistema de moral interior le da significado al velo externo. La moral de la mujer musulmana se ve en sus actos, en el modo de vestirse, de hablar, etc. Sólo cuando la modestia interna se manifieste a través del hiyab, las hermanas podrán representar a los musulmanes de acuerdo con el hermoso ejemplo del Profeta Muhammad (con él sea la paz) y de sus virtuosos compañeros.
"Por sí solo, en algún punto, el hiyab es solamente un pedazo de tela. No creo que deba tomarse como signo exclusivo de la moral de una mujer o de su fe. Es todo el contexto que la rodea, su comportamiento, su moral, lo que le da más significado al hiyab", dijo Kahf en un foro de Internet.
Saba M. Baig, de 21 años, recientemente se graduó de la Universidad de Rutgers en New Jersey, USA. Saba tenía 17 años cuando comenzó a usar el hiyab seriamente y aún siente que está aprendiendo el significado del hiyab interior. "Mi mayor descubrimiento fue que el hiyab no se trataba de simplemente ponerme un pañuelo en la cabeza, sino más bien un velo en mi corazón", dijo Baig. "El hiyab es mucho más que cubrirse el pelo, eso es la parte más simple. Tiene mucho que ver con la modestia y la forma en que uno se presenta".
"En esta vida, no podría pensar en algo mejor que ser musulmana, y el hiyab es un signo que me lo recuerda permanentemente. El hiyab es muy importante y significa todo para mí cuando lo llevo puesto", dijo Khan.
"Desafortunadamente también tiene su lado negativo: te discriminan y te tratan como si estuvieras oprimida… La gente no entiende que llevo mi hiyab por Allah y porque quiero llevarlo", dijo Imaan, quien recientemente abrazó el Islam en Australia.
A pesar de todo, la sociedad en general es lo que define la imagen del hiyab. "Para muchas de nosotras en Estados Unidos, una sociedad en donde se impone la desnudez de la mujer, ponerse el hiyab ha sido una experiencia liberadora. Para nosotras, el hiyab significa no conformarnos con un modo de pensamiento injusto", concluyó Kahf.
Para muchas mujeres, el hiyab es un recuerdo permanente de que no deben diseñar sus vidas y sus cuerpos para los hombres, como muchas están acostumbradas. "Antes de comenzar a cubrirme, yo pensaba de mí misma lo que los otros pensaban de mí. Veo que eso es frecuente en muchas mujeres cuya felicidad depende de lo que los otros piensan, especialmente, de lo que piensan los hombres. Desde esa época, mi opinión de mí misma ha cambiado mucho y he adquirido más respeto. Saber que Allah me encuentra bella es lo que me hace sentir bien", dijo Baig con sus ojos llenos de emoción.
Más aún, vestirse modestamente y llevar hiyab son medidas de precaución para evitar que se corrompa la sociedad. Contrariamente a lo que se cree, esto no se limita sólo a la mujer. Antes de la aleya que dice que el hombre debe bajar su mirada, dice: "Y diles a los hombres creyentes que bajen sus miradas y que guarden sus partes privadas. Eso es más puro para ellos. Es cierto que Allah sabe perfectamente lo que hacen". (24: 30) Asimismo, el Profeta de Allah (la paz sea sobre él) dijo: "Para quienes puedan garantizar la castidad de lo que hay entre sus dos mandíbulas (la lengua) y lo que hay entre sus dos piernas (las partes privadas), les garantizo el Paraíso". (Transmitido por Sahl ibn Sa'd en Sahih Bujari)
No se usa el hiyab por los hombres, para oprimir sus deseos ilícitos, sino que la mujer musulmana lleva el hiyab por Allah y por ellas mismas. El Islam es una religión de moderación, de balance entre dos extremos opuestos, e consecuencia, no espera que sea sólo la mujer quien mantenga la moral de la sociedad, sino que el Islam le pide tanto al hombre como a la mujer que ambos luchen para crear una atmósfera social saludable donde los chicos puedan crecer con valores y conceptos positivos, hermosos, constructivos y prácticos. A los hombres también se les exige que sean piadosos y que se conduzcan con responsabilidad en cada aspecto de sus vidas.
De hecho, en esta sociedad, no se puede negar la necesidad de que el hombre mantenga su mirada recatada. Le preguntaron al Profeta (la paz sea con él) sobre la mirada de un hombre si mira inadvertidamente a una mujer desconocida, el Profeta (la paz sea con él) contestó: "Voltea tus ojos en otra dirección" (Transmitido por yabir ibn Abdullah en Sahih Muslim) En otro de sus dichos, el Profeta (la paz sea con él) le llamó la atención a Ali por mirar a una mujer por segunda vez, le dijo: "La segunda mirada es del demonio".
El concepto del recato y el hiyab es bastante abarcador en el Islam y comprende tanto al hombre como a la mujer. El objetivo principal es para mantener la estabilidad social y para obtener así la complacencia de Allah. Debido a que las mujeres musulmanas son más conservadoras en su forma de vestir, normalmente la gente las ve como estereotipos difundidos por los medios de comunicación y muchas personas que desconocen el Islam ven a las hermanas que se cubren como mujeres misteriosas y no como quienes siguen los preceptos Divinos. Esta aura de misterio no desaparecerá hasta que se explore el estilo de vida, la creencia y los pensamientos de la mujer musulmana, y francamente no se logrará hasta que no se pierda el temor de acercarse a una musulmana o a cualquier musulmán para aprender con respeto sobre su forma de pensar.
El Hiyab: develando el misterio del velo
En una sociedad que sin ninguna vergüenza expone el cuerpo y la intimidad de una mujer públicamente, donde la desnudez de algún modo simboliza la expresión de la liberación femenina, y donde los hombres llevan a cabo sus más depravados deseos sin ningún límite, cuesta poco entender por qué muchas mujeres musulmanas deciden llevar el hiyab, o velo.
Sin embargo, las generalizaciones sobre el Islam y los musulmanes que llenan los medios de comunicación – y la mente de muchas personas – hoy en día, estigmatiza injustamente a la mujer musulmana que se cubre considerándolas oprimidas o fanáticas y fundamentalistas. Estas consideraciones están gravemente erradas y son totalmente imprecisas. No sólo se mal interpreta el fuerte sentimiento de estas mujeres hacia el hiyab, sino que también se desconoce el coraje y la identidad que les brinda.
Dentro de los prejuicios más comunes, se cree que la mujer musulmana que lleva hiyab está forzada a hacerlo. Nada puede estar más lejos de la verdad. Ciertamente la decisión final de llevar hiyab no se alcanza tan fácilmente y normalmente lleva días de meditación, de temor a consecuencias y reacciones adversas y finalmente un gran coraje al momento de decidir. Llevar hiyab es una decisión personal e independiente que surge de apreciar la sabiduría que subyace en la orden de Allah y del deseo sincero de complacerlo.
"Yo creo que Allah está complacido conmigo por llevar el hiyab, si no, no lo llevaría. Creo que a un nivel más profundo hay algo hermoso y dignificante. Sorprendentemente, el hiyab ha traído dimensiones de belleza y de alegría a mi vida", dijo Mohja Kahf, asistente de cátedra en la Universidad de Arkansas, USA.
"Para mí, el hiyab es un regalo de Allah. Me da la oportunidad de acercarme a Allah y también me permite identificarme y ser reconocida como musulmana", dijo Fariha Khan, 18, Meryland, USA.
A pesar de esto, con el reconocimiento se aviene una gran responsabilidad tanto o más visible aún: ellas son representantes del Islam y de los musulmanes. A cualquier lado que van, tanto musulmanes como no musulmanes las reconocen como seguidoras del Islam.
Pero la responsabilidad más grande es entender que el hiyab es mucho más que un simple velo o pañuelo, ya que lo que realmente importa es la modestia y el decoro interior. El sistema de moral interior le da significado al velo externo. La moral de la mujer musulmana se ve en sus actos, en el modo de vestirse, de hablar, etc. Sólo cuando la modestia interna se manifieste a través del hiyab, las hermanas podrán representar a los musulmanes de acuerdo con el hermoso ejemplo del Profeta Muhammad (con él sea la paz) y de sus virtuosos compañeros.
"Por sí solo, en algún punto, el hiyab es solamente un pedazo de tela. No creo que deba tomarse como signo exclusivo de la moral de una mujer o de su fe. Es todo el contexto que la rodea, su comportamiento, su moral, lo que le da más significado al hiyab", dijo Kahf en un foro de Internet.
Saba M. Baig, de 21 años, recientemente se graduó de la Universidad de Rutgers en New Jersey, USA. Saba tenía 17 años cuando comenzó a usar el hiyab seriamente y aún siente que está aprendiendo el significado del hiyab interior. "Mi mayor descubrimiento fue que el hiyab no se trataba de simplemente ponerme un pañuelo en la cabeza, sino más bien un velo en mi corazón", dijo Baig. "El hiyab es mucho más que cubrirse el pelo, eso es la parte más simple. Tiene mucho que ver con la modestia y la forma en que uno se presenta".
"En esta vida, no podría pensar en algo mejor que ser musulmana, y el hiyab es un signo que me lo recuerda permanentemente. El hiyab es muy importante y significa todo para mí cuando lo llevo puesto", dijo Khan.
"Desafortunadamente también tiene su lado negativo: te discriminan y te tratan como si estuvieras oprimida… La gente no entiende que llevo mi hiyab por Allah y porque quiero llevarlo", dijo Imaan, quien recientemente abrazó el Islam en Australia.
A pesar de todo, la sociedad en general es lo que define la imagen del hiyab. "Para muchas de nosotras en Estados Unidos, una sociedad en donde se impone la desnudez de la mujer, ponerse el hiyab ha sido una experiencia liberadora. Para nosotras, el hiyab significa no conformarnos con un modo de pensamiento injusto", concluyó Kahf.
Para muchas mujeres, el hiyab es un recuerdo permanente de que no deben diseñar sus vidas y sus cuerpos para los hombres, como muchas están acostumbradas. "Antes de comenzar a cubrirme, yo pensaba de mí misma lo que los otros pensaban de mí. Veo que eso es frecuente en muchas mujeres cuya felicidad depende de lo que los otros piensan, especialmente, de lo que piensan los hombres. Desde esa época, mi opinión de mí misma ha cambiado mucho y he adquirido más respeto. Saber que Allah me encuentra bella es lo que me hace sentir bien", dijo Baig con sus ojos llenos de emoción.
Más aún, vestirse modestamente y llevar hiyab son medidas de precaución para evitar que se corrompa la sociedad. Contrariamente a lo que se cree, esto no se limita sólo a la mujer. Antes de la aleya que dice que el hombre debe bajar su mirada, dice: "Y diles a los hombres creyentes que bajen sus miradas y que guarden sus partes privadas. Eso es más puro para ellos. Es cierto que Allah sabe perfectamente lo que hacen". (24: 30) Asimismo, el Profeta de Allah (la paz sea sobre él) dijo: "Para quienes puedan garantizar la castidad de lo que hay entre sus dos mandíbulas (la lengua) y lo que hay entre sus dos piernas (las partes privadas), les garantizo el Paraíso". (Transmitido por Sahl ibn Sa'd en Sahih Bujari)
No se usa el hiyab por los hombres, para oprimir sus deseos ilícitos, sino que la mujer musulmana lleva el hiyab por Allah y por ellas mismas. El Islam es una religión de moderación, de balance entre dos extremos opuestos, e consecuencia, no espera que sea sólo la mujer quien mantenga la moral de la sociedad, sino que el Islam le pide tanto al hombre como a la mujer que ambos luchen para crear una atmósfera social saludable donde los chicos puedan crecer con valores y conceptos positivos, hermosos, constructivos y prácticos. A los hombres también se les exige que sean piadosos y que se conduzcan con responsabilidad en cada aspecto de sus vidas.
De hecho, en esta sociedad, no se puede negar la necesidad de que el hombre mantenga su mirada recatada. Le preguntaron al Profeta (la paz sea con él) sobre la mirada de un hombre si mira inadvertidamente a una mujer desconocida, el Profeta (la paz sea con él) contestó: "Voltea tus ojos en otra dirección" (Transmitido por yabir ibn Abdullah en Sahih Muslim) En otro de sus dichos, el Profeta (la paz sea con él) le llamó la atención a Ali por mirar a una mujer por segunda vez, le dijo: "La segunda mirada es del demonio".
El concepto del recato y el hiyab es bastante abarcador en el Islam y comprende tanto al hombre como a la mujer. El objetivo principal es para mantener la estabilidad social y para obtener así la complacencia de Allah. Debido a que las mujeres musulmanas son más conservadoras en su forma de vestir, normalmente la gente las ve como estereotipos difundidos por los medios de comunicación y muchas personas que desconocen el Islam ven a las hermanas que se cubren como mujeres misteriosas y no como quienes siguen los preceptos Divinos. Esta aura de misterio no desaparecerá hasta que se explore el estilo de vida, la creencia y los pensamientos de la mujer musulmana, y francamente no se logrará hasta que no se pierda el temor de acercarse a una musulmana o a cualquier musulmán para aprender con respeto sobre su forma de pensar.
¿Es el hiyab un símbolo de discriminación de la mujer?
Al contrario que en la tradición cristiana (ver la famosa Carta de San Pablo a los Corintios), no existe en los orígenes del hiyab un componente sexista ni discriminatorio
Opinión - 22/04/2010 8:37 - Autor: Abdennur Prado - Fuente: El País
Najwa Malha, alumna del instituto Camilo José Cela de Pozuelo (Madrid)
El caso de Najwa Malha ha reabierto el debate sobre el hiyab. Oímos incluso voces que reclaman la prohibición total del velo, con el argumento de que “es discriminatorio hacia las mujeres”. Resulta curioso como la extrema derecha se apropia de los valores democráticos para lograr sus objetivos, siempre con el ideario de la defensa de la identidad nacional como bandera. Y en esta lucha han encontrado un aliado inesperado: lo que las feministas del tercer mundo califican como feminismo eurocéntrico o colonial favorece sin duda el discurso identitario, la mirada paternalista y represora hacia las minorías.
Entre las declaraciones que hemos escuchado estos días, tal vez la más chirriante ha sido la de Rosa Díaz, líder del partido españolista UPyD. Según Díaz, habría que prohibir el velo islámico en los espacios públicos. Una vez más la confusión entre la obligada neutralidad de las instituciones y la libertad de las personas a profesar sus convicciones. En este caso a la libertad de imagen. Alguien debería impartirle a Rosa Díez un curso de urgencia sobre laicismo y derechos fundamentales.
Desde la Junta Islámica Catalana hemos criticado la imposición del hiyab allí donde suceda. Hemos defendido la libertad individual de las mujeres (aunque, ¿qué libertad tienen las adolescentes sometidas a la tiranía de la moda?). En el caso de la escolarización, defendemos el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que establece precisamente del derecho a manifestar la religión “individual y colectivamente, tanto en público como en privado”.
También defendemos el artículo 10 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, los artículos 13 y 14 de la Convención sobre los Derechos del Niño. Llamamos a respetar el artículo quinto de la Declaración Universal de la UNESCO sobre la diversidad cultural: “toda persona tiene derecho a una educación y una formación de calidad que respete plenamente su identidad cultural”. Y nos preguntamos: ¿puede el reglamento de un centro escolar estar en contra de todas estas normas internacionales de rango superior?
Pero más allá de la cuestión de derecho, que es sumamente clara, lo que nos proponemos con este artículo es contestar a la pregunta sobre si el hiyab es o no es discriminatorio. De entrada, desafío a todos aquellos que insisten en que el hiyab es un símbolo machista, a citar una sola fuente de referencia para los musulmanes (esto es: el Corán y los dichos del Profeta) en la cual se establezca el hiyab como signo de sumisión de la mujer al hombre. Ya les adelanto que no lo encontrarán. Al contrario que en la tradición cristiana (ver la famosa Carta de San Pablo a los Corintios), no existe en los orígenes del hiyab un componente sexista ni discriminatorio.
En su libro ‘El harén político’, la feminista marroquí Fatima Mernissi ha analizado las circunstancias de la revelación del versículo coránico que muchas musulmanas interpretan como una obligación de cubrirse la cabeza con un velo. En la comunidad de Medina las mujeres que salían de sus casas por las noches eran objeto de acoso sexual, y en ese momento se reveló el versículo en cuestión (Corán 59:33), como un signo de protección. En palabras de Mernissi: “el hiyab es una respuesta a la agresión sexual”.
Posteriormente, en los códigos de familia elaborados a partir del siglo IX, en el contexto de sociedades machistas y patriarcales, se estableció la obligatoriedad del hiyab, como una prenda que indica la modestia y sumisión de la mujer. Muchas han sido las mujeres que desde entonces se han rebelado contra esta imposición, reivindicando su libertad, desde su condición de mujeres musulmanas, mucho antes de que en occidente oyésemos hablar de feminismo.
Sin embargo, de esta deriva histórica no se puede inferir que el uso del hiyab sea necesariamente discriminatorio. En la actualidad, si nos remitimos a las prácticas culturales, nos vemos abocados a la pluralidad de las mismas. Existen mujeres que usan hiyab por creer que se trata de un requisito de su religión, o por afirmar la tradición, o como signo de su espiritualidad, o por imposición de sus familias, o como signo de su pertenencia a una comunidad, o simplemente por coquetería. O por otra cosa, o por todo ello al mismo tiempo.
Con la llegada de la colonización, en determinados contextos el hiyab pasó a tener un significado político. Los franceses organizaron quemas públicas de velos en Argelia, convertido en un signo de resistencia anti-imperialista. Ante las prohibiciones realizadas por tiranos pro-occidentales como el Shah de Persia, hubo una reacción pro-hiyab, vinculada a la defensa de las propias tradiciones. Actualmente, las teocracias iraní y saudí imponen códigos de vestimenta que coartan la libertad y el derecho de las mujeres a su propia imagen, lo cual ha venido a reforzar los estereotipos sobre el tema.
Por si fuera poco, existe una tendencia llamada ‘hiyab fashion’, arraigada entre la alta burguesía de Oriente Medio, con sus desfiles de modelos, con toda la parafernalia que envuelve a un producto de consumo. En este caso sí podrías considerarse como discriminatorio, tanto como pueda serlo un pañuelo de Hermes.
El significado del hiyab varía según las circunstancias, lugares y personas. Es por tanto algo subjetivo. Existen mujeres de zonas rurales del Magreb que lo usan por costumbre, con una dignidad envidiable. Pero también existen brillantes intelectuales musulmanas con hiyab, con un discurso antipatriarcal que haría palidecer a nuestras feministas oficiales. Como anécdota curiosa, durante el II Congreso Internacional de Feminismo Islámico, la líder de una organización británica de musulmanas lesbianas me presentó a su novia: una chica indonesia con hiyab. ¿También el hiyab que llevaba esta mujer es un símbolo de la opresión machista?
La conclusión es evidente: el uso del hiyab no es necesariamente una práctica discriminatoria. Y esto es algo evidente para cualquiera que esté dispuesto a superar el racismo en el cual los europeos somos educados. Lástima que numerosos políticos y creadores de opinión prefieran aferrarse a sus pre-juicios, que los conducen a una actitud de arrogante superioridad frente a las ‘culturas inferiores’. Una postura que va contra las libertades individuales, favorece el avance de la extrema derecha y refuerza a aquellos sectores dentro de las comunidades musulmanas que aconsejan a los musulmanes el no mezclarse con una sociedad que los rechaza. Entramos así en un círculo vicioso, tendente a provocar una fractura en el seno de nuestra sociedad. Esta es en el fondo el discurso contra el hiyab: el linchamiento de las minorías como estrategia política. ¡Una fiesta para Le Pen!
Opinión - 22/04/2010 8:37 - Autor: Abdennur Prado - Fuente: El País
Najwa Malha, alumna del instituto Camilo José Cela de Pozuelo (Madrid)
El caso de Najwa Malha ha reabierto el debate sobre el hiyab. Oímos incluso voces que reclaman la prohibición total del velo, con el argumento de que “es discriminatorio hacia las mujeres”. Resulta curioso como la extrema derecha se apropia de los valores democráticos para lograr sus objetivos, siempre con el ideario de la defensa de la identidad nacional como bandera. Y en esta lucha han encontrado un aliado inesperado: lo que las feministas del tercer mundo califican como feminismo eurocéntrico o colonial favorece sin duda el discurso identitario, la mirada paternalista y represora hacia las minorías.
Entre las declaraciones que hemos escuchado estos días, tal vez la más chirriante ha sido la de Rosa Díaz, líder del partido españolista UPyD. Según Díaz, habría que prohibir el velo islámico en los espacios públicos. Una vez más la confusión entre la obligada neutralidad de las instituciones y la libertad de las personas a profesar sus convicciones. En este caso a la libertad de imagen. Alguien debería impartirle a Rosa Díez un curso de urgencia sobre laicismo y derechos fundamentales.
Desde la Junta Islámica Catalana hemos criticado la imposición del hiyab allí donde suceda. Hemos defendido la libertad individual de las mujeres (aunque, ¿qué libertad tienen las adolescentes sometidas a la tiranía de la moda?). En el caso de la escolarización, defendemos el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que establece precisamente del derecho a manifestar la religión “individual y colectivamente, tanto en público como en privado”.
También defendemos el artículo 10 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, los artículos 13 y 14 de la Convención sobre los Derechos del Niño. Llamamos a respetar el artículo quinto de la Declaración Universal de la UNESCO sobre la diversidad cultural: “toda persona tiene derecho a una educación y una formación de calidad que respete plenamente su identidad cultural”. Y nos preguntamos: ¿puede el reglamento de un centro escolar estar en contra de todas estas normas internacionales de rango superior?
Pero más allá de la cuestión de derecho, que es sumamente clara, lo que nos proponemos con este artículo es contestar a la pregunta sobre si el hiyab es o no es discriminatorio. De entrada, desafío a todos aquellos que insisten en que el hiyab es un símbolo machista, a citar una sola fuente de referencia para los musulmanes (esto es: el Corán y los dichos del Profeta) en la cual se establezca el hiyab como signo de sumisión de la mujer al hombre. Ya les adelanto que no lo encontrarán. Al contrario que en la tradición cristiana (ver la famosa Carta de San Pablo a los Corintios), no existe en los orígenes del hiyab un componente sexista ni discriminatorio.
En su libro ‘El harén político’, la feminista marroquí Fatima Mernissi ha analizado las circunstancias de la revelación del versículo coránico que muchas musulmanas interpretan como una obligación de cubrirse la cabeza con un velo. En la comunidad de Medina las mujeres que salían de sus casas por las noches eran objeto de acoso sexual, y en ese momento se reveló el versículo en cuestión (Corán 59:33), como un signo de protección. En palabras de Mernissi: “el hiyab es una respuesta a la agresión sexual”.
Posteriormente, en los códigos de familia elaborados a partir del siglo IX, en el contexto de sociedades machistas y patriarcales, se estableció la obligatoriedad del hiyab, como una prenda que indica la modestia y sumisión de la mujer. Muchas han sido las mujeres que desde entonces se han rebelado contra esta imposición, reivindicando su libertad, desde su condición de mujeres musulmanas, mucho antes de que en occidente oyésemos hablar de feminismo.
Sin embargo, de esta deriva histórica no se puede inferir que el uso del hiyab sea necesariamente discriminatorio. En la actualidad, si nos remitimos a las prácticas culturales, nos vemos abocados a la pluralidad de las mismas. Existen mujeres que usan hiyab por creer que se trata de un requisito de su religión, o por afirmar la tradición, o como signo de su espiritualidad, o por imposición de sus familias, o como signo de su pertenencia a una comunidad, o simplemente por coquetería. O por otra cosa, o por todo ello al mismo tiempo.
Con la llegada de la colonización, en determinados contextos el hiyab pasó a tener un significado político. Los franceses organizaron quemas públicas de velos en Argelia, convertido en un signo de resistencia anti-imperialista. Ante las prohibiciones realizadas por tiranos pro-occidentales como el Shah de Persia, hubo una reacción pro-hiyab, vinculada a la defensa de las propias tradiciones. Actualmente, las teocracias iraní y saudí imponen códigos de vestimenta que coartan la libertad y el derecho de las mujeres a su propia imagen, lo cual ha venido a reforzar los estereotipos sobre el tema.
Por si fuera poco, existe una tendencia llamada ‘hiyab fashion’, arraigada entre la alta burguesía de Oriente Medio, con sus desfiles de modelos, con toda la parafernalia que envuelve a un producto de consumo. En este caso sí podrías considerarse como discriminatorio, tanto como pueda serlo un pañuelo de Hermes.
El significado del hiyab varía según las circunstancias, lugares y personas. Es por tanto algo subjetivo. Existen mujeres de zonas rurales del Magreb que lo usan por costumbre, con una dignidad envidiable. Pero también existen brillantes intelectuales musulmanas con hiyab, con un discurso antipatriarcal que haría palidecer a nuestras feministas oficiales. Como anécdota curiosa, durante el II Congreso Internacional de Feminismo Islámico, la líder de una organización británica de musulmanas lesbianas me presentó a su novia: una chica indonesia con hiyab. ¿También el hiyab que llevaba esta mujer es un símbolo de la opresión machista?
La conclusión es evidente: el uso del hiyab no es necesariamente una práctica discriminatoria. Y esto es algo evidente para cualquiera que esté dispuesto a superar el racismo en el cual los europeos somos educados. Lástima que numerosos políticos y creadores de opinión prefieran aferrarse a sus pre-juicios, que los conducen a una actitud de arrogante superioridad frente a las ‘culturas inferiores’. Una postura que va contra las libertades individuales, favorece el avance de la extrema derecha y refuerza a aquellos sectores dentro de las comunidades musulmanas que aconsejan a los musulmanes el no mezclarse con una sociedad que los rechaza. Entramos así en un círculo vicioso, tendente a provocar una fractura en el seno de nuestra sociedad. Esta es en el fondo el discurso contra el hiyab: el linchamiento de las minorías como estrategia política. ¡Una fiesta para Le Pen!
SIGNIFICADO DEL HIYAB
El mundo http://www.elmundo.es/elmundo/2010/04/21/madrid/1271853528.html
Las razones por las que las mujeres musulmanas utilizan el 'hiyab' son múltiples y muy complejas. Muchos expertos defienden que su uso no está prescrito obligatoriamente por el Corán. Este pañuelo se distingue de otras prendas que sí cubren por completo el rostro, totalmente ajenas a los países del Magreb.
En el debate sobre el uso del velo en Europa influyen los estereotipos y los prejuicios sobre los musulmanes. Reducir la cuestión a un simple pedazo de tela que se lleva por obligación no responde a la realidad. Menos aún cuando se suelen confundir términos como 'hiyab', 'burqa' o 'niqab'.
Cada uno de ellos es diferente, responde a usos y costumbres que pertenecen a países muy distintos entre sí y las razones por las que se lucen obedecen también a realidades distintas y no sólo a cuestiones religiosas. Veamos las diferencias entre ellos y cuál es su origen.
¿Qué es el 'hiyab'?
Es un pañuelo que las mujeres musulmanas utilizan para cubrir sus cabellos y, a veces, su cuello. Esta toca deja totalmente al descubierto el óvalo de la cara y no impide la comunicación. Su tamaño, color y colocación depende de las costumbres de cada comunidad, de cada país, así como de la intención de quien lo luce. Lo mismo puede decirse de las prendas que lo complementan: desde unos tejanos ajustados hasta una túnica amplia.
¿Cuál es su origen?
Según explica la arabista Luz Gómez García en su libro 'Diccionario de Islam e Islamismo', el empleo del término 'hiyab' con el significado de 'velo femenino' es un uso metonímico a partir de su significado en el Corán y el Hadiz (los dichos del profeta).
En ambos, la palabra 'hiyab' se refiere a la segregación que preserva la pureza: la de los creyentes frente a los no creyentes, la de las mujeres de Mahoma frente a sus invitados, etc. La palabra 'hiyab' significa literalmente 'cortina'. En la época de los califas rachidíes, señala Gómez García, se impuso el uso de unos cortinajes que separaban el lugar en que se situaba el califa del espacio ocupado por el pueblo.
El origen de la interpretación del uso del 'hiyab' se encuentra en el Corán y en principio señala una 'barrera' no entre un hombre y una mujer, sino entre dos hombres. Nació para proteger la intimidad del profeta de terceras personas, tal y como señala la escritora marroquí Fatima Mernissi en su obra 'El Harén político'.
¿Es obligatorio usarlo?
Los intérpretes del Corán a lo largo de la historia han querido ver en algunas azoras la justificación de la obligatoriedad del uso del velo para la mujer musulmana. Sin embargo, la interpretación del Corán y del Hadiz se fundamenta en varios recursos metodológicos, como el consenso, la analogía, la opinión de autoridad, etc, que pueden hacer variar los dictámenes.
Son muchos los expertos, sobre todo los pertenecientes a la corriente del islam reformista (como el teólogo egipcio Nasr Abu Zayd), que subrayan que el Corán no prescribe el uso del 'hiyab', sino que simplemente ordena la modestia, la decencia y el pudor a la hora de mostrar públicamente el cuerpo.
El principio de decencia en la religión islámica es válido tanto para las mujeres como para los hombres. En lo que incumbe a las mujeres, la azora 24 pide: "Di a las mujeres que bajen la vista con recato, que sean castas y no muestren más adorno que los que están [decentemente] a la vista, que cubran su escote con el chal [...]".
Otro pasaje del Corán que se cita en conexión con el uso del velo es la azora 33: "¡Profeta! Di a tus esposas, a tus hijas y a las mujeres de los creyentes que se cubran con el manto. Es mejor para que se las distinga [por ello] y no sean molestadas [...]".
Por tanto, el Corán señala a las mujeres que se cubran con el manto (‘yilbab’) para que puedan ser reconocidas. Se trata, pues, de un símbolo de estatus, un rasgo distintivo –en la época- de las mujeres libres que se diferenciaban así de las esclavas, a las que no les estaba permitido llevar el 'yilbab'.
¿Qué significa llevar el 'hiyab'?
El uso del velo por parte de las mujeres musulmanas en el transcurso del siglo XX y los primeros años del XXI se ha convertido en una cuestión clave en materia de emancipación y de identidad musulmana.
El debate sobre su utilización no sólo está presente en las sociedades europeas, sino que es materia de discusión en el seno de las comunidades musulmanas, como lo demuestran los ejemplos de Turquía o Egipto.
Para muchas mujeres musulmanas, llevar el velo es un símbolo de identidad. Lo es para las féminas que viven en países occidentales, que lo utilizan como una manera de permanecer fieles a sus orígenes, lejos de su tierra, y distinguirse como miembros de su comunidad.
En ocasiones, lucir el 'hiyab' es una forma de rechazar la globalización cultural que se impone en los países musulmanes, un signo de rebeldía contra el colonialismo. Esto explicaría la popularidad del tocado en Marruecos, Egipto o Turquía.
Para muchas mujeres, el uso del 'hiyab' simplemente les permite emanciparse como seres humanos independientes, interactuar en una sociedad, trabajar, estudiar y mezclarse con sus iguales masculinos sin problemas, preservando su pureza y su integridad.
En otras ocasiones, llevar el 'hiyab' se ha convertido en una moda, una forma de ser joven y 'cool' sin contravenir las tradiciones de los progenitores. No hay más que ver a las 'muhayababes' de las revistas del corazón o a las estilosas princesas del Golfo.
En países como Kuwait, Emiratos Árabes o Qatar, las mujeres utilizan esta prenda de vestir –los hombres llevan la tradicional dishdasha- como símbolo de estatus social y para distinguirse de los demás, por lo general, extranjeros que trabajan como mano de obra barata.
¿Las mujeres que llevan 'hiyab' lo hacen por obligación?
Es falso el estereotipo que tenemos en España y Europa de que las mujeres veladas son sumisas e incapaces de defender sus derechos. En ocasiones, puede que las mujeres se sientan obligadas a llevar esta prenda por la presión familiar o por el entorno social. Pero casi siempre son ellas las que eligen, llegada la edad, ponerse el pañuelo, sobre todo en las sociedades europeas.
En los últimos años ha surgido entre las musulmanas un movimiento de defensa del uso libre del 'hiyab' (frente a la prohibición legal en Francia o Países Bajos). Organizaciones como Protect Hijab en el Reino Unido o grupos en Facebook defienden la libertad de la mujer para llevar esta prenda y rechazan la legitimidad de los gobiernos europeos para prohibirla.
¿Es diferente el 'hiyab' del 'burqa', del 'chador' y del 'niqab'?
Sí. El 'hiyab' no cubre el rostro, el 'burqa' y el 'niqab' sí. Estas dos últimas prendas no tienen nada que ver con el Corán o el Islam. Se trata de vestimentas ligadas a tradiciones tribales y a costumbres culturales, totalmente ajenas a los países del Magreb y el Mashreq, por ejemplo.
El 'burqa' es una túnica que cubre totalmente a la mujer, de la cabeza a los pies, y que sólo deja ver a través de una rejilla a la altura de los ojos. Se utiliza principalmente en Afganistán. Su uso en los países árabes y Europa es totalmente minoritario. En Francia, donde el gobierno promueve una ley para prohibir el velo integral, se calcula que no hay más de dos millares de mujeres que lo lleven.
El 'niqab' es un conjunto de color negro que se compone de un amplio tocado para el cabello y el cuello, un velo que recorre la cara de oreja a oreja y tapa la nariz y la boca dejando al descubierto la fina franja de los ojos, y una 'abaya' o túnica amplia hasta los pies. Muchas mujeres lo complementan con guantes para ocultar sus manos. Su uso proviene de las sociedades del Golfo, en especial de Arabia Saudí, pero se está extendiendo en países como Egipto.
El 'chador' es una prenda que utilizan generalmente las mujeres chiíes, mayoritarias en países como Irán o Irak. Suele ser de color negro y se compone de una larga 'abaya' que esconde la forma del cuerpo femenino y un velo que cubre cabellos y cuello. Deja al descubierto la cara y las manos.
Las razones por las que las mujeres musulmanas utilizan el 'hiyab' son múltiples y muy complejas. Muchos expertos defienden que su uso no está prescrito obligatoriamente por el Corán. Este pañuelo se distingue de otras prendas que sí cubren por completo el rostro, totalmente ajenas a los países del Magreb.
En el debate sobre el uso del velo en Europa influyen los estereotipos y los prejuicios sobre los musulmanes. Reducir la cuestión a un simple pedazo de tela que se lleva por obligación no responde a la realidad. Menos aún cuando se suelen confundir términos como 'hiyab', 'burqa' o 'niqab'.
Cada uno de ellos es diferente, responde a usos y costumbres que pertenecen a países muy distintos entre sí y las razones por las que se lucen obedecen también a realidades distintas y no sólo a cuestiones religiosas. Veamos las diferencias entre ellos y cuál es su origen.
¿Qué es el 'hiyab'?
Es un pañuelo que las mujeres musulmanas utilizan para cubrir sus cabellos y, a veces, su cuello. Esta toca deja totalmente al descubierto el óvalo de la cara y no impide la comunicación. Su tamaño, color y colocación depende de las costumbres de cada comunidad, de cada país, así como de la intención de quien lo luce. Lo mismo puede decirse de las prendas que lo complementan: desde unos tejanos ajustados hasta una túnica amplia.
¿Cuál es su origen?
Según explica la arabista Luz Gómez García en su libro 'Diccionario de Islam e Islamismo', el empleo del término 'hiyab' con el significado de 'velo femenino' es un uso metonímico a partir de su significado en el Corán y el Hadiz (los dichos del profeta).
En ambos, la palabra 'hiyab' se refiere a la segregación que preserva la pureza: la de los creyentes frente a los no creyentes, la de las mujeres de Mahoma frente a sus invitados, etc. La palabra 'hiyab' significa literalmente 'cortina'. En la época de los califas rachidíes, señala Gómez García, se impuso el uso de unos cortinajes que separaban el lugar en que se situaba el califa del espacio ocupado por el pueblo.
El origen de la interpretación del uso del 'hiyab' se encuentra en el Corán y en principio señala una 'barrera' no entre un hombre y una mujer, sino entre dos hombres. Nació para proteger la intimidad del profeta de terceras personas, tal y como señala la escritora marroquí Fatima Mernissi en su obra 'El Harén político'.
¿Es obligatorio usarlo?
Los intérpretes del Corán a lo largo de la historia han querido ver en algunas azoras la justificación de la obligatoriedad del uso del velo para la mujer musulmana. Sin embargo, la interpretación del Corán y del Hadiz se fundamenta en varios recursos metodológicos, como el consenso, la analogía, la opinión de autoridad, etc, que pueden hacer variar los dictámenes.
Son muchos los expertos, sobre todo los pertenecientes a la corriente del islam reformista (como el teólogo egipcio Nasr Abu Zayd), que subrayan que el Corán no prescribe el uso del 'hiyab', sino que simplemente ordena la modestia, la decencia y el pudor a la hora de mostrar públicamente el cuerpo.
El principio de decencia en la religión islámica es válido tanto para las mujeres como para los hombres. En lo que incumbe a las mujeres, la azora 24 pide: "Di a las mujeres que bajen la vista con recato, que sean castas y no muestren más adorno que los que están [decentemente] a la vista, que cubran su escote con el chal [...]".
Otro pasaje del Corán que se cita en conexión con el uso del velo es la azora 33: "¡Profeta! Di a tus esposas, a tus hijas y a las mujeres de los creyentes que se cubran con el manto. Es mejor para que se las distinga [por ello] y no sean molestadas [...]".
Por tanto, el Corán señala a las mujeres que se cubran con el manto (‘yilbab’) para que puedan ser reconocidas. Se trata, pues, de un símbolo de estatus, un rasgo distintivo –en la época- de las mujeres libres que se diferenciaban así de las esclavas, a las que no les estaba permitido llevar el 'yilbab'.
¿Qué significa llevar el 'hiyab'?
El uso del velo por parte de las mujeres musulmanas en el transcurso del siglo XX y los primeros años del XXI se ha convertido en una cuestión clave en materia de emancipación y de identidad musulmana.
El debate sobre su utilización no sólo está presente en las sociedades europeas, sino que es materia de discusión en el seno de las comunidades musulmanas, como lo demuestran los ejemplos de Turquía o Egipto.
Para muchas mujeres musulmanas, llevar el velo es un símbolo de identidad. Lo es para las féminas que viven en países occidentales, que lo utilizan como una manera de permanecer fieles a sus orígenes, lejos de su tierra, y distinguirse como miembros de su comunidad.
En ocasiones, lucir el 'hiyab' es una forma de rechazar la globalización cultural que se impone en los países musulmanes, un signo de rebeldía contra el colonialismo. Esto explicaría la popularidad del tocado en Marruecos, Egipto o Turquía.
Para muchas mujeres, el uso del 'hiyab' simplemente les permite emanciparse como seres humanos independientes, interactuar en una sociedad, trabajar, estudiar y mezclarse con sus iguales masculinos sin problemas, preservando su pureza y su integridad.
En otras ocasiones, llevar el 'hiyab' se ha convertido en una moda, una forma de ser joven y 'cool' sin contravenir las tradiciones de los progenitores. No hay más que ver a las 'muhayababes' de las revistas del corazón o a las estilosas princesas del Golfo.
En países como Kuwait, Emiratos Árabes o Qatar, las mujeres utilizan esta prenda de vestir –los hombres llevan la tradicional dishdasha- como símbolo de estatus social y para distinguirse de los demás, por lo general, extranjeros que trabajan como mano de obra barata.
¿Las mujeres que llevan 'hiyab' lo hacen por obligación?
Es falso el estereotipo que tenemos en España y Europa de que las mujeres veladas son sumisas e incapaces de defender sus derechos. En ocasiones, puede que las mujeres se sientan obligadas a llevar esta prenda por la presión familiar o por el entorno social. Pero casi siempre son ellas las que eligen, llegada la edad, ponerse el pañuelo, sobre todo en las sociedades europeas.
En los últimos años ha surgido entre las musulmanas un movimiento de defensa del uso libre del 'hiyab' (frente a la prohibición legal en Francia o Países Bajos). Organizaciones como Protect Hijab en el Reino Unido o grupos en Facebook defienden la libertad de la mujer para llevar esta prenda y rechazan la legitimidad de los gobiernos europeos para prohibirla.
¿Es diferente el 'hiyab' del 'burqa', del 'chador' y del 'niqab'?
Sí. El 'hiyab' no cubre el rostro, el 'burqa' y el 'niqab' sí. Estas dos últimas prendas no tienen nada que ver con el Corán o el Islam. Se trata de vestimentas ligadas a tradiciones tribales y a costumbres culturales, totalmente ajenas a los países del Magreb y el Mashreq, por ejemplo.
El 'burqa' es una túnica que cubre totalmente a la mujer, de la cabeza a los pies, y que sólo deja ver a través de una rejilla a la altura de los ojos. Se utiliza principalmente en Afganistán. Su uso en los países árabes y Europa es totalmente minoritario. En Francia, donde el gobierno promueve una ley para prohibir el velo integral, se calcula que no hay más de dos millares de mujeres que lo lleven.
El 'niqab' es un conjunto de color negro que se compone de un amplio tocado para el cabello y el cuello, un velo que recorre la cara de oreja a oreja y tapa la nariz y la boca dejando al descubierto la fina franja de los ojos, y una 'abaya' o túnica amplia hasta los pies. Muchas mujeres lo complementan con guantes para ocultar sus manos. Su uso proviene de las sociedades del Golfo, en especial de Arabia Saudí, pero se está extendiendo en países como Egipto.
El 'chador' es una prenda que utilizan generalmente las mujeres chiíes, mayoritarias en países como Irán o Irak. Suele ser de color negro y se compone de una larga 'abaya' que esconde la forma del cuerpo femenino y un velo que cubre cabellos y cuello. Deja al descubierto la cara y las manos.
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