Este año está siendo mucho mejor.
Ahora tengo una “amiga”, Ingrid que siempre está conmigo. Vive cerca de mi casa
por lo que podemos vernos en cualquier momento. Estoy saliendo de casa, cuando
quiero pasear llamo aIngrid y pensamos qué hacer. Con los deberes estoy yendo a clase particular
y esto me ayuda mucho. Pienso que estoy mejorando con el español, quiero acabar
este año hablando mejor. Ahora estoy con más ganas, aunque claro hay momentos
en que echo de menos a mis amigas y a mi tía.
Mi amiga, Nathalia va a venir en enero para pasar mi cumpleaños
aquí, conmigo. Estoy muy feliz porque hace tiempo que no la veo. Es gracioso
porquesomos amigas desde pequeñas. Nunca
imaginábamos que la vida a iba a dar esta vuelta y que iba a vivir en España.
Recuerdo que a mis doce años dejé Jandira para irme a vivir con mi madre en Sao
Paulo entonces pensábamos que nuestra amistad iba a acabar. Pero al final somos
más amigas que antes a pesar de que ahora la distancia que es muchísimo mayor
ahora.
Ella está pasando momentos muy
difíciles. Pienso que lo mejor para ella era venir a vivir aquí. Ella es más
que una amiga y mi madre la trata como una hija por lo que mi madre piensa lo
mismo que yo. Creo que a ella le va a gustar mucho esto y va acabar viniendo
para terminar la facultad aquí. ¡Seria genial!
Mi tía está un poco mejor ahora.
Tiene un piso y está muy feliz arreglándolo. Ella quiere ponerlo a mi nombre.
Mi madre estaba contándome que mi tía siempre me quiso muchísimo, desde pequeña
que iba a visitarme siempre que podía, cuando mi madre trabajaba.Al principio me dejaba con ella. Un día ella
me colocó en un andador y dejó la puerta abierta. Ella fue a coger el teléfono
y yo me fui con el andador. Caí por las escaleras, no me manqué porque el
andador lo impidió, pero ellacasi se
muere del susto. Fuimos corriendo para un hospital. Los médicos la atendieron
más a ella que a mí porque ella estaba muy preocupada, por eso la quiero tanto.
"El
populismo difuso es una forma de semifascismo, porque la gente no
respeta las palabras. Y no les importa la verdad", asegura el flamante
ganador del premio
Adam Zagajewski, en Cracovia (Polonia) en febrero de 2015.ARTUR WIDAKCorbis via Getty Images
Cracovia es la ciudad total, ciudad de poetas, hermosa, pesada como
el plomo y ligera como el renacimiento, escribe el poeta polaco Adam Zagajewski,
flamante premio Princesa de Asturias de las Letras. En vísperas de la
inauguración del Festival Milosz y la entrega del premio Szymborska, que
reúne a poetas como Robert Pinsky, Petr Hruska o Ewa Lipska en esta
edición, cenando en su restaurante preferido, Mieta (Menta) en la parte
antigua de la ciudad, habla la noche antes del galardón de su obra y la
poesía polaca que está viviendo un momento de auge, una poesía que “aún
se da la chispa de la antigua visión mágica del mundo.”
Pregunta. Su familia lo animó a leer desde la infancia. Respuesta. Mi padre era profesor de ingeniería, pero
un gran lector, al igual que mi madre. Las mejores lecturas son las que
se hacen por gusto. P. Y su afición por la música también es precoz. R. Primero fue el jazz. Escuchaba las emisiones de
La Voz de América, las mismas que Joseph Brodsky, como me confesó más
tarde. Nos daban información verdadera, contraria a la mentiras de la
propaganda. Y tocaban jazz. Eso me llevó al primer concierto para piano
de Brahms: quedó grabado en mi memoria desde entonces. P. Ha dicho que el "Señor ten piedad de mí" de la Pasión según San Mateo de Bach es la esencia de Europa. R. Es lo que quiero que toquen en mi funeral aunque
parezca cándido. Me parece que hay un mundo espiritual y la música
pertenece a él. Las mejores páginas de Schopenhauer son sobre música: el
ser, no visible, sino presencia. P. Ha confesado que le irritaba pensar que comenzó su trayectoria escribiendo poemas de carácter político. R. Aunque ahora me parece que fue saludable no
comenzar con fantasías esotéricas. El poeta debe hablar con la verdad,
pero no sobre un hecho objetivo. Para un poeta en un régimen totalitario
esto no es baladí. Creo que los grandes poetas como Milosz o Machado
eran meros agentes que no tienen porqué comprenderse a sí mismos, pues
hay muchas contradicciones en el acto de leer y de escribir, incluso
ambivalencias. "A los hijos de Saturno les gustan las ambivalencias",
dice Földenyi en su Melancolía, que ahora estoy leyendo. P. ¿La poesía como insubordinación? R. La poesía es una revuelta, en efecto, y entre los
filósofos siempre ha habido una relación de amor y odio, desde Platón.
Pero los presocráticos como Heráclito eran poetas, como Parménides. ¡Y
por suerte sólo quedan fragmentos! De Kant, en cambio, nos quedan unas
ocho mil páginas. P.Wolfgang Iser afirma que el escritor es como un compositor y el lector, como un intérprete. R. Claro. Cuando se trata de fragmentos el lector
los interpreta, los completa; en mi trayectoria académica imparto el
mismo libro cada año, pero las lecturas siempre son distintas. P. Escribió en La belleza ajena que "hay totalidad, pero no es completa". R. Nací en 1945, terminada la Shoah, pero soy un
hijo de la guerra, la cual me impactó profundamente. Tras mi etapa
política, de rebelión contra el gobierno comunista, descubrí la
Historia. En Lava, uno de mis poemas preferidos, intento humanizar los elementos históricos, quitarle el filo, domesticarlos por un instante. P. También sostiene que "Escribir poemas es un duelo en el que no hay vencedor”. R. Se trata sobre todo de un duelo contra el tiempo,
que siempre perdemos. Me pasaba los días, cuando estudiaba Filosofía en
la universidad, leyendo a los escépticos, a los pesimistas, porque no
quería ser cándido y no me gusta la poesía sentimental. Por eso hay que
leer a los más feroces opositores para escribir una poesía que resista
el ataque de los cínicos. Es como armarse para la batalla. La poesía es
una forma artística que transmite un significado vigoroso. Ni siquiera
es como la música. La paradoja es que se ha de decir algo sin decirlo al
mismo tiempo. Creo que los grandes poetas escriben sin saber lo que
dicen. Detesto los poemas vacíos como meros juegos lingüísticos, pero el
mensaje concreto es aburrido, no es poesía. Escribir poesía es un
espacio angosto entre el decir algo y no decirlo. P. Como en El muñeco de nieve de Wallace Stevens. R. Cuando escribo un poema me aligero, me alegro, me
libro de la gravedad, aunque nunca me han atraído las religiones
exóticas. No soy teólogo ni mucho menos, sino un cristiano que detesta
la iglesia polaca porque se ha vuelto provinciana y chauvinista. Hay
quienes me consideran un poeta católico, pero es muy diferente escribir
poemas que predicar. En la poesía se inventa ex nihilo. P. Szymborska publicó su primer poema y más tarde fueron grandes amigos. R. Ella inventó una nueva sensibilidad en la poesía.
Era de una honradez a toda prueba. Creo que cuando descubrió con sus
primeros poemas estalinistas que no estaba escribiendo la verdad había
cometido un crimen contra la verdad al aliarse con los opresores. En
cada poema posterior prima un escepticismo sin raíces filosóficas, sino
fruto de su previa servidumbre ideológica. Tardé muchos años en
comprender su defensa de la pureza en la poesía. P. Aunque su propia sensibilidad es más próxima a la
de Milosz o Herbert. Es notable que hayan coincidido un conjunto tan
extraordinario de poetas en esos años en Polonia. R. Es un milagro. Acaso la situación tras la guerra
en Polonia propició que la poesía fuera la única patria pura. Según un
chiste de la época, los perros checoslovacos cruzaban la frontera polaca
para poder ladrar. P. ¿Qué representación del espíritu tiene la poesía en estos tiempo turbulentos? R. La poesía fue un arma muy poderosa durante el
totalitarismo porque la poesía busca la verdad que consigue desmontar
los subterfugios de la ideología. La poesía mató al comunismo. Ahora es
mucho más difícil con el presente populismo difuso, que es una forma de
semifascismo, porque la gente no respeta las palabras. Y no les importa
la verdad.
Adam Zagajewski: "El nacionalismo puede descontrolarse y acabar siendo terrible"
El poeta Adam Zagajewski DIEGO SINOVA "Me opongo a esta separación",
ha afirmado el poeta Premio Princesa de Asturias de las Letras, Adam
Zagajewski al ser preguntado en rueda de prensa este lunes por su
opinión acerca del problema catalán. "Supongo que del siglo XX
deberíamos aprender que el nacionalismo es como un incendio forestal.
Destruye porque puede empezar de manera benigna y luego descontrolarse y
acabar siendo terrible", ha explicado el premiado.
Para el
polaco, "tenemos que entender esas emociones patrióticas y
nacionalistas, pueden ser muy bonitas en ese espíritu apasionado y
romántico", y ha añadido "pero también tienen características negativas,
porque pueden acabar con Europa". Como solución, el poeta espera "que se pueda arreglar a través del diálogo en vez de con algún tipo de actuación antagonista".
El Premio Princesa de Asturias ha afirmado también "apoyar firmemente a
la Unión Europea". Ha recordado sus años en Polonia, durante el
gobierno comunista, y afirmó envidiar "esa Europa Occidental". "Nuestro
sueño era formar parte de esa Europa", ha recordado. Formar parte de la Unión Europea "es un sueño que se ha hecho realidad". "En un futuro tenemos que encontrar la manera de combinar la unión política y la diversidad cultural", ha comentado el poeta.
Canción del emigrado
En ciudades ajenas venimos al mundo
y las llamamos patria, mas breve es el tiempo concedido para admirar sus muros y sus torres. Caminamos de este a oeste, ante nosotros rueda el gran aro del sol ardiente, a través del cual, como en el circo, salta ágilmente un león domado. En ciudades extrañas contemplamos las obras de viejos maestros y, sin asombro, en añejos cuadros vemos nuestros propios rostros. Habíamos existido antes, e incluso conocíamos el sufrimiento, nos faltaban tan sólo las palabras. En la iglesia ortodoxa de París los últimos rusos blancos, encanecidos, rezan a Dios, varios lustros más joven que ellos y, como ellos, impotente. En ciudades ajenas permaneceremos, como los árboles, como las piedras.
Versión de Elzbieta Bortkiewicz
Autorretrato
Entre ordenador, lápiz y máquina de escribir
se me pasa la mitad del día. Algún día se convertirá en medio siglo.
Vivo en ciudades ajenas y a veces converso
con gente ajena sobre cosas que me son ajenas.
Escucho mucha música: Bach, Mahler, Chopin, Shostakovich.
En la música encuentro la fuerza, la debilidad y el dolor, los tres elementos.
El cuarto no tiene nombre.
Leo a poetas vivos y muertos, aprendo de ellos
tenacidad, fe y orgullo. Intento comprender
a los grandes filósofos -la mayoría de las veces consigo
captar tan sólo jirones de sus valiosos pensamientos.
Me gusta dar largos paseos por las calles de París
y mirar a mis prójimos, animados por la envidia,
la ira o el deseo; observar la moneda de plata
que pasa de mano en mano y lentamente pierde
su forma redonda (se borra el perfil del emperador).
A mi lado crecen árboles que no expresan nada,
salvo su verde perfección indiferente.
Aves negras caminan por los campos
siempre esperando algo, pacientes como viudas españolas.
Ya no soy joven, mas sigue habiendo gente mayor que yo.
Me gusta el sueño profundo, cuando no estoy,
y correr en bici por caminos rurales, cuando álamos y casas
se difuminan como nubes con el buen tiempo.
A veces me dicen algo los cuadros en los museos
y la ironía se esfuma de repente.
Me encanta contemplar el rostro de mi mujer.
Cada semana, el domingo, llamo a mi padre.
Cada dos semanas me reúno con mis amigos,
de esta forma seguimos siendo fieles.
Mi país se liberó de un mal. Quisiera
que le siguiera aún otra liberación.
¿Puedo aportar algo para ello? No lo sé.
No soy hijo de la mar,
como escribió sobre sí mismo Antonio Machado,
sino del aire, la menta y el violonchelo,
y no todos los caminos del alto mundo
se cruzan con los senderos de la vida que, de momento,
a mí me pertenece.
Versión de Elzbieta Bortkiewicz
Maleta
Cracovia nublada por la mañana, las colinas humeaban.
En Múnich llovía, los Alpes, invisibles
y pesados, descansaban en los valles como piedras.
Hasta Atenas no vimos el sol que
provocó que el aire, todo el aire,
toda una inmensa flota de aire
se transformara en oro tembloroso.
Como dicen los escritores religiosos: de repente
me convertí en otra persona.
Soy tan sólo un turista en el mundo visible,
una de entre esas miles de sombras que
deambulan por las salas inmensas de los aeropuertos-
y detrás de mí como un perro fiel con sus pequeñas ruedas
tengo a mi maleta verde.
Soy tan sólo un turista distraído,
pero amo la luz.
Mohsin Hamid, en Madrid.Uly Martín
Tras años de imágenes de refugiados y titulares alarmistas, Mohsin
Hamid (Lahore, 1971) decidió escribir un relato futurista para mostrar
que el mundo del "apocalipsis migratorio" que algunos temen no tiene por
qué ser apocalíptico y que quienes pasan toda su vida en el mismo país
no son distintos de los que la rehacen tras cada frontera. El resultado
es Bienvenidos a Occidente (Reservoir Books), una de las seis finalistas del premio Man Booker,
que se falla este martes, y cuarta novela de este escritor paquistaní
que ha logrado una razonable popularidad, sobre todo en EE UU y en su
país, gracias a Humo de mariposa (2000), El fundamentalista reticente (2007) y Cómo hacerse asquerosamente rico en el Asia emergente (2013), tres historias sobre identidad y diferencias sociales construidas de forma experimental.
Bienvenidos a Occidente narra la huida de una pareja de un
país en guerra sin identificar a través de una serie de puertas mágicas
que la trasladan a la isla griega de Mikonos, a Londres y a la costa
californiana. "Las puertas son una fantasía, pero también remiten a la
realidad tecnológica contemporánea, que hace desaparecer las distancias.
No quise contar la travesía porque se ha convertido en una forma de
mostrar a la gente como diferente. La puerta nos fuerza a centrarnos en
la llegada, que debe ser el lugar de la política", explica Hamid en
Madrid.
Al igual que en Cómo hacerse asquerosamente rico en el Asia emergente,
Hamid optó por no especificar el lugar que abandonan Said y Nadia, ya
desde la primera frase del libro: "En una ciudad repleta de refugiados,
pero todavía relativamente en paz...". Por el contexto, viene a la mente
cualquier urbe siria, pero Mohsin aclara que el retrato corresponde a
Lahore, su ciudad natal, imaginada bajo los mismos horrores que padecieron Alepo,Sarajevo, Kabul, Bagdad, "o incluso Madrid y Gernika"
durante la Guerra Civil. "No lo explicité porque quiero que los
lectores imaginen que es su ciudad o una que hayan visto en las
noticias. Y porque no quiero someter a mi ciudad a toda esa violencia,
aunque sea en la ficción", añade.
Hamid no sintió que el momento actual le obligase como escritor a dar
voz a los refugiados. De hecho, durante la entrevista apenas distingue
entre refugiados -como los protagonistas de su novela- y migrantes. Sí
quería, en cambio, abordar un tema que le toca de cerca. Cuando apenas
tenía tres años su familia se mudó a Baja California. Seis después
volvió a Pakistán. Con 18 se fue a estudiar a EE UU y trabajó en Nueva
York hasta que, ya en la treintena, se mudó a Londres. En 2009 regresó a
Lahore: "Soy bastante migrante, por lo que me tomo de forma personal
las actitudes negativas hacia los migrantes".
"La historia de la migración es eterna, pero la histeria sobre la
migración va y viene. Y este es un momento de histeria. En parte porque
no vemos un futuro deseable, así que nos vemos seducidos por la política
de la nostalgia. 'Hacer América grande de nuevo', el eslogan de Trump,
es nostálgico. También el del Brexit, 'Recuperar el control', o el de ISIS, 'Reconstruir el califato'.
Y, en este momento de nostalgia, el miedo al cambio es tan intenso que
es importante resistir, y parte de ello es imaginar una pesadilla y ver
que quizás no es una pesadilla", argumenta.
A menudo, cuando un personaje musulmán de ficción profundiza en su fe
es para narrar su proceso de radicalización hacia el yihadismo. Aquí
solo muestra la búsqueda de Said de paz interior en un momento convulso.
“La religión es la respuesta a la crisis existencial de saber que vamos
a morir”, explica Hamid.
La novela, de 171 páginas, incluye breves historias digresivas,
situadas en otras partes del mundo, que el autor deja sin desarrollar.
Son, dice, "pinceladas puntillistas" para reflejar una idea que
considera importante: "Como migrante, he aprendido que todo el mundo lo
es. Por eso quería escribir un libro en el que el migrante no fuese
tratado como diferente. Imagínate una mujer madrileña de 80 años que
vive toda la vida en el mismo apartamento. Cuando nació, España estaba
en guerra civil. Como adolescente y más tarde, su país estaba bajo una dictadura. Luego vivió cómo España entraba en la UE,
crecía muy rápido y la ciudad cambiaba por completo. Con 60 años vio
llegar a personas desde Marruecos o Guatemala, a los jóvenes llevar
tatuajes y piercings, y a un chico o a una chica besarse en la
calle con alguien de su mismo sexo... Seguro que hoy, cuando sale de
casa, se siente como una extranjera. Todos somos migrantes en el
tiempo".
COMRPA ONLINE 'BIENVENIDOS A OCCIDENTE'
Autor: Mohsin Hamid. Editorial: Reservoir Books (2017). Formato: eBook y tapa dura (176 páginas).
Las
cerca de 70 cartas inéditas que escribió a su amado Gregorio del Campo
revelan aspectos desconocidos de los años de formación de la filósofa
malagueña
María Zambrano en los años veinte, en Unturbe (Segovia).
“Estoy verdaderamente desesperada: no recuerdo jamás haberlo estado
tanto, se agitan desde ayer en mí tantas cosas que soy más que persona
un torbellino”, le escribe María Zambrano
a Gregorio del Campo el 30 de enero de 1924. En 37 días solo ha
recibido dos cartas de su amado y está furiosa. “Te has equivocado de
firme”, le dice poco después: “¡Yo soy lo que me da la gana ser!...”.
Felices y desgraciados. Cómplices a veces; otras, distantes. Hay
momentos llenos de zalamerías y los hay cargados de reproches. “Setenta
cartas y misivas, escritas en los años veinte del novecientos, que han
esperado más de 80 años para hacerse públicas, justo cuando hace 20 de
la muerte de su autora en 1991”, cuenta en su introducción María
Fernanda Santiago Bolaños, responsable de la edición de estas Cartas inéditas (A Gregorio del Campo),
que publicará la próxima semana Linteo. Las habían conservado hasta
ahora dos sobrinas del destinatario de las mismas, María Teresa y Gloria
Villa del Campo. Muchas veces pensaron en entregárselas a María
Zambrano, cuando esta ya había regresado de su largo exilio en 1984,
pero no supieron o no consiguieron hacerlo. Ahora salen a la luz para
dar noticia de unos años, los de la primera juventud de la pensadora, de
los que poco se sabía.
En una de las cartas, la del 17 de febrero de 1925, María Zambrano
protesta porque la mujer sea como “el hombre quiere que sea”. “¡Y qué
pena, lo que habéis querido los hombres q. (sic) sean las mujeres, lo
que os ha gustado en ellas!”, le dice a Gregorio del Campo, y le explica
que lo único que les interesa es que la mujer sea “estatua de carne,
más apreciada por carne que por estatua”. Contra todo esto se rebela la
que con el tiempo llegaría a ser una de las filósofas más importantes
del siglo XX, autora de libros de referencia como El hombre y lo divino o Claros del bosque.
“¡Yo soy lo que me da la gana ser!...”: esa es la verdadera cuestión de
la que se ocupa durante esos años. “Yo creo estar en una etapa de
gestación”, le escribe, “algo nace en mí, o algo se transforma; y cómo
hablar, cómo nombrar a lo q. aún no se conoce?”.
Carta autógrafa de 1924, en la que Zambrano habla de su hijo muerto.
En la introducción del libro, María Fernanda Santiago Bolaños
reconstruye aquella temporada. La relación entre María Zambrano y
Gregorio del Campo debió de tener lugar entre 1921 y 1928. Se conocieron
en Segovia, donde vivía ella, y si se escribieron tanto fue porque
muchas veces estuvieron separados. El muchacho, cuyas cartas no se
conservan, era entonces un joven alférez de artillería que había
empezado sus estudios para convertirse en ingeniero industrial en la
Academia de Zaragoza. Alguna vez se lo llevan a pelear en África, y la
correspondencia recoge la preocupación por lo que pueda pasarle si hay
encontronazo con los moros.
El primer gran amor de María Zambrano fue, sin embargo, su primo
Miguel Pizarro. Empezaron a tratarse cuando ella tenía 13 años, en 1917,
y el padre de aquella adolescente enamoradiza tuvo que intervenir para
que las cosas no fueran demasiado lejos. Miguel se fue en 1921 a Japón y
dejó desolada a su joven dama. En alguna de las cartas, María Zambrano
le recuerda a Gregorio del Campo que, cuando se conocieron, ella andaba
demasiado rota por una separación y que no quería saber nada de empezar
una nueva historia. Si terminaron juntos fue porque él se empeñó. Tuvo
éxito: el 5 de octubre (¿de 1923?), María Zambrano le dice que su cariño
la ha hecho “más sencilla, más niña, menos complicada en todos mis
afectos”.
La relación entre ambos debió de tener lugar entre 1921 y 1928
Aunque Miguel Pizarro regresó de Japón en 1925, no volvió a ver a su
prima hasta tres años después. Fue entonces cuando ella debió romper con
Gregorio. María Zambrano atravesaba un buen momento. Había terminado su
licenciatura en 1926 y ya intervenía en distintos actos culturales y
participaba en tertulias, y tenía una columna —titulada Mujeres— en El Liberal.
En el terreno personal, en 1928 tuvo que guardar reposo por una
tuberculosis y su padre, Blas Zambrano, autorizó la relación con su
primo. Y, sin embargo, se separaron de nuevo hasta 1933, año en el que
Miguel Pizarro anunció formalmente su compromiso con la filósofa. No
llegaron nunca a casarse. Ella lo hizo con un compañero de las Misiones
Pedagógicas, Alfonso Rodríguez Aldave, el 14 de septiembre de 1936. Él,
un año después, con Gratiana Oniçiu.
Las cartas que dirigió a Gregorio del Campo no tienen desperdicio:
recogen los desafíos e incertidumbres de una mujer que se está
construyendo a sí misma, y están llenas de un amor directo y sincero.
“Más te quiero tigre que gato mimoso”, le dice el 31 de enero de 1924,
donde también apunta: “Quiéreme como lo que eres. Como un pedazo de
granito duro. Como una roca desolada sin agua, ni vegetación: no te pido
ternura, no te exijo nada”. Unos meses antes María Zambrano había
tratado el episodio más trágico de su relación. El 12 de mayo se refirió
al “volcán de sentimientos ardientes y exaltados que surgieron en mí al
conocer todo el valor de mi desgracia”; el 19 de julio hizo una alusión
“al pequeño”; en la carta que figura después de una fechada el 5 de
octubre dice: “¿Recuerdas el año pasado? ¡Quién nos diría q. tan pronto
íbamos a tener un nene!”; luego hay una carta al hijo muerto y,
seguramente en enero, un pequeño y cariñoso reproche que resume todo su
dolor: “El nene, pobrecico, ya se ha muerto, no sé por qué los días de
sol me acuerdo más de él, ahora me muero yo, y ya te quedas tranquilo”.
“Tenemos que ser ambiciosos”, le dice Zambrano a Gregorio del Campo
en otro momento. Y el 22 de abril de 1925 le escribe que “no estaría
bien que una mujercita de tantas ambiciones tenga un marido dejado y
holgazán”. Poco antes le ha dicho, refiriéndose a sí misma, que “nada
hay q. pueda detener a una flecha cuando se dispara”, y le pide: “Si
quieres permanecer cerca de mí, vivir conmigo, has de cultivar tu
espíritu...”.
Gregorio del Campo no tuvo mucho tiempo para hacerlo. Unos años
después de su ruptura con María Zambrano y poco antes de que ella se
casara, fue asesinado el 6 de septiembre de 1936 después de que los que
se rebelaron contra la República le aplicaran la Ley de Fuga. Lo
detuvieron el 19 de julio por haber sido uno de los contados oficiales
que no secundaron el golpe de Estado en el cuartel Palafox de Zaragoza.
María Zambrano. Cartas inéditas (a Gregorio del Campo). María
Zambrano. Edición de María Fernanda Santiago Bolaños. Editorial Linteo.
290 páginas
El Día de la Hispanidad es conocido en casi toda Latinoamérica como el Día de la Raza, y aunque se trata de un día festivo en el calendario, va perdiendo relevancia en los países latinos, en donde incluso el Descubrimiento de América tiene una connotación negativa y cargada de polémica.
1El significado de este día.
El Día de la Hispanidad conmemora la efeméride histórica del Descubrimiento de América por parte de España y el nacimiento del Imperio Español.
La celebración tiene lugar cada 12 de octubre y, en ella, cada país de habla hispana lo festeja de un modo diferente.
2Diferentes términos para una misma fiesta.
En España el término oficial en la actualidad es el de 'Fiesta Nacional de España'. No obstante, existen otros términos empleados para designar esta festividad: Día Nacional de España, Día de la Patria, Fiesta de la Hispanidad, Día de la Raza (en la mayoría de los países hispanoamericanos) o Día de la resistencioa indígena (en Venezuela).
3Un desfile militar en España.
Este año 2010 el desfile tendrá lugar entre la Plaza de Cuzco y la intersección con la calle Joaquín Costa, que recorre una de las arterias principales de la capital, y a él acudirán el Rey, junto a la Familia Real y los representantes más importantes de todos los poderes del Estado español.
Al mismo tiempo, el 12 de octubre se celebra el Día del Pilar y la ciudad aragonesa de Zaragoza se viste de gala para conmemorar las fiestas de su patrona.
4Ofrenda floral en México.
En México se decreta la fecha oficialmente desde 1928 por iniciativa de José Vasconcelos, quien aludió a lo que él llamaba raza iberoamericana, con un significado de mestizaje y sincretismo cultural.
Se trata de un día festivo en todo el país, pero no es una fecha demasiado relevante en el calendario. En la ciudad de México hay un monumento a la raza en donde la gente puede presentar sus ofrendas florales.
5Carnavales en Costa Rica.
Costa Rica, oficialmente desde 1968 creó el Día del Descubrimiento y la Raza, pero desde 1994 esta festividad se transformó oficialmente en el Día de las Culturas con el fin de resaltar en forma conjunta tanto los aportes culturales de los españoles, los indígenas y los afrocaribeños.
En algunos lugares caribeños hacen carnavales el 12 de octubre. Sin embargo, la fiesta que verdaderamente celebran en Costa Rica es el Día de la Independencia, el 15 de septiembre. En ella hay desfiles de estudiantes y si llega alguna autoridad al país, son los propios escolares quienes le reciben con banderas en un acto protocolario.
6Representaciones escolares en Colombia.
El Día de la Raza en Colombia se celebra fundamentalmente desde los colegios, con actos en donde los estudiantes representan la historia y el significado de este día en la historia. A nivel gubernamental, esta festividad tiene menos relevancia, y simplemente se llevan a cabo pequeñas ceremonias con ofrendas florales.
Sin embargo, el día 20 de julio Colombia celebra el día de su Independencia, el cual tiene mayor importancia en el país.
7Contrafestejos en Argentina.
El Día de la Raza fue establecido en Argentina en 1917 por decreto del presidente Hipólito Yrigoyen, como reafirmación de la identidad hispanoamericana frente a Estados Unidos y la Doctrina Monroe.
Los hechos fueron festejados en un primer momento, pero las comunidades aborígenes los han repudiado y han denunciado la muerte de unos 90 millones de indígenas en territorio americano. De este modo, el 12 de octubre ha sido designado por muchos como Día de la Resistencia de los Pueblos Originarios.
8Día de la Resistencia Indígena en Venezuela.
Fue en 2002 cuando el actual presidente Hugo Chávez y, quien era ministro de Educación Superior, Samuel Moncada, denominaron esta fecha con el nombre de Día de la Resistencia Indígena, pues aseveran que no fue un descubrimiento, sino un genocidio donde los aborígenes resistieron la dominación de las fuerzas españolas hasta el último respiro.
9Columbus Day en Estados Unidos.
El Día de Colón (Columbus Day, en inglés)) se celebra en los Estados Unidos para homenajear a Cristóbal Colón, a quién se le atribuye el descubrimiento de América en su primer viaje en 1492. Se celebra el segundo lunes de octubre y en cada Estado se festeja de un modo diferente.
Este día destaca en el Estado de Nueva York, con un gran desfile recorriendo las calles de la gran manzana; las oficinas gubernamentales están cerradas, al igual que las escuelas públicas. En Denver, Colorado, también hay un desfile cada año, que ha sido objeto de protesta por parte de los grupos de nativos americanos y sus seguidores durante casi dos décadas. Por su parte, la ciudad de Berkeley, en California, ha sustituido el Día de Colón por el Día del Pueblo Indígena desde 1992.